Joven llanera, feminista, activista social y política. Así se define María José Zabala, quien es abogada de la Veeduría Mujeres Libres de Violencia, integrante de la Fundación Huellas sin Fronteras, militante del partido Alianza Verde y actualmente coordinadora de Asuntos LGBT de la Secretaría de Gestión Social y Participación Ciudadana de Villavicencio.

Desde su activismo, María José, se ha enfocado en aportar de manera positiva a la sociedad. Se graduó de la Universidad Cooperativa de Colombia y realizó una especialización en Derecho Constitucional en la Universidad Nacional.

Le atribuye su activismo innato y capacidad de liderazgo a su madre y el contexto en el que creció. “Soy hija de una líder natural, crecí en un barrio con problemas sociales y económicos, siempre tuve como ejemplo de liderazgo a mi mamá y ya como a mis 14 años inicié por primera vez a ir a otros barrios vulnerables con una organización social de jóvenes de diferentes colegios de Villavicencio. Desde ese entonces, no he dejado de hacer trabajo comunitario”.

Incluso desde su cargo actual, ha estado fuertemente ligada al trabajo comunitario con una población históricamente vulnerada que ha tenido que enfrentar discriminación y menos oportunidades. “Llegar a la coordinación de asuntos LGBT y preciso en pandemia, me hizo ver que se requieren acciones urgentes y que realmente hay que generar impacto en sus vidas. La reivindicación de sus derechos no puede ser sólo un asunto de ellos. Además, la situación socioeconómica es preocupante”.

María José (sosteniendo el parlante) durante plantón en rechazo a los feminicidios que se vienen presentando en el Meta.

Por eso, junto al equipo de la dependencia a la que está vinculada, ha realizado brigadas de salud, acompañado y generado espacios para fortalecer la organización y participación activa de la población. También ha prestado asesoramiento jurídico y psicológico por casos de discriminación y prejuicio, y ha realizado actividades que promueven los derechos de la población y su visibilización. Asimismo, ha realizado campañas informativas porque considera que el desconocimiento es uno de los factores que nutren la exclusión y discriminación.

También ha realizado un acompañamiento al plan de acción para empezar el otro año el proceso de ajuste a la política pública LGBT. “Hemos venido socializando la ruta de atención y asesorando para la activación en casos de violencia basada en género u orientación sexual, logramos la inclusión del enfoque diferencial en la línea 123 y línea violeta”. Además, se logró un convenio con la Universidad Cooperativa de Colombia para realizar un estudio con la población OSIGD (Orientaciones Sexuales e Identidades de Género Diversa) sobre el riesgo suicida, y otro con el SENA, para capacitar en diferentes temas a la población.

Para María José, es preocupante el manejo que le dan los medios de comunicación regionales a las noticias referentes a violencia de género, feminicidios y transfeminicidios. Por eso, desde la coordinación de Asuntos LGBTI, pronto se dará inicio a un ciclo de capacitaciones a periodistas de la ciudad sobre enfoque diferencial y ‘LGBTfobia’. Cabe recalcar que con el último transfeminicidio ocurrido en Villavicencio de Diana Ortiz, los medios ignoraron la identidad que la víctima había decidido tomar desde temprana edad, como mujer, y usaron su nombre de nacimiento cuando informaron sobre su muerte.

Y es que las muestras de intolerancia hacia la población, siguen presentándose frecuentemente en la ciudad, aun cuando se pensaría que estamos en una etapa de aceptación y entendimiento. “El camino a la igualdad es largo y complejo, cuando pintamos la bandera del orgullo gay en algunas calles, nos dimos cuenta que la fobia hacia la diversidad es más de lo que creíamos. –Esto lo asegura en referencia al mensaje “Este mundo se está pudriendo”, que dejaron sobre la pintura de la Avenida 40 al día siguiente de haberse hecho-.

“Este año he reafirmado que desde la individualidad se aporta mucho más de lo que creemos, que vivir el feminismo y trabajar por las mujeres va más allá de las palabras”

Sin embargo, se mantiene optimista, pues relata que este año han ganado innumerables espacios de participación y visibilidad, que hacen que de alguna manera, Villavicencio entienda que esta ciudad les pertenece a todos y todas, y no a unos pocos. Por eso sueña con una ciudad incluyente. “Quiero que la lucha por la igualdad y la conquista de los derechos de la población, no quiten más vidas o sea motivo para que algunos/as dejen de luchar. Quiero que ellos y ellas tengan las mismas oportunidades que las personas heterosexuales y que las condiciones de vida no sean precarias por su orientación sexual o identidad de género”.

María José en jornada barrial el 25 noviembre, Día Internacional de la Erradicación de Violencias Contra la Mujer. Foto: José Vargas.

Pero no solo quiere incidir por la población OSIGD, pues desde la Veeduría Mujeres Libres de Violencia, lleva alrededor de tres años realizando diferentes actividades en defensa de los derechos de las mujeres, pero también de seguimiento a la ruta de atención integral a mujeres víctimas de violencia basa en género. También ha participado activamente en distintos espacios académicos, sociales y políticos, aportando al empoderamiento de las mujeres, sobre todo, de las que hacen parte de sectores vulnerables.

“De niña jamás escuché sobre feminismo, siempre me consideré muy rebelde y negada a seguir ciertas reglas, no sabía el porqué. Como en el 2015 o 2016 se creó la Mesa Amplia de Género que reunía a diferentes grupos y organizaciones de mujeres, ahí inició mi proceso”, después empezó a estudiar y conocer más sobre el movimiento y se unió a la Veeduría, “Desde entonces, vivo y siento el feminismo”. Dice que lo que más la ha impulsado, han sido las historias de vida de las mujeres, relatos desgarradores que le impiden hacerse “la de la vista gorda” ante la violencia y desigualdad que a diario padecen.

De hecho, considera que el panorama de Villavicencio con respecto a violencias basadas en género es desalentador. “Hemos sido una ciudad culturalmente machista, la desigualdad y la violencia basada en género es el pan de cada día, esto nos ha marcado”. Aunado a esto, ha evidenciado que la pandemia reafirma que las mujeres están en peligro la mayor parte del tiempo en sus hogares con quienes se supone son sus compañeros de vida, arraigándose a un círculo vicioso de violencia y pobreza.

Las luchas vigentes impulsan el activismo de esta joven llanera que mantiene su convicción de trabajar por las poblaciones que han sido vulneradas por el Estado y por una sociedad machista e intolerante. “Este año he reafirmado que desde la individualidad se aporta mucho más de lo que creemos, que vivir el feminismo y trabajar por las mujeres va más allá de las palabras. Las acciones y decisiones internas que tomamos a diario, son el reflejo de lo que vamos construyendo. No podemos seguir diciendo que somos muy feministas, cuando no hemos trabajado en nuestro yo interior, cuando lastimamos a otras o creemos que para escalar hay que pisotear a otras. Cuando empezamos a trabajar primero en nosotras, es cuando podemos empezar a influir en esa construcción social”, finaliza.