Un nuevo bombardeo, un nuevo operativo que muchos y muchas siguen festejando, no obstante ¿Qué sentir cuando siguen cayendo menores de edad en una guerra donde están jugando a ser adultos? ¿Seguimos celebrando que las y los menores de edad sean los que engrosen las filas de los grupos al margen de la ley y terminen perdiendo su vida en el proceso? ¿Festejamos sus muertes porque vieron en la vía armada el lugar para suplir necesidades que quizá en sus hogares no podían proveerles? Y a quiénes no se fueron por voluntad, fueron reclutados y les arrebataron su infancia y adolescencia, ¿De ellos, también aplaudimos sus muertes? O al estilo indolente del Ministro de Defensa salimos a justificar el bombardeo donde “abatieron” a menores de edad por ser utilizados como “máquinas de guerra”.

El 02 de marzo el Ejército Nacional dio a conocer que, en la vereda Buenos Aires, municipio de Calamar, Guaviare, fueron asesinados diez integrantes de los Grupos Armados Organizados Residuales, GAOR al mando de Gentil Duarte; han pasado ocho días y la noticia ya estaba pasando a la historia. Pero, hoy que periodistas como Hollman Morris y Yolanda Martínez, junto con el senador Roy Barreras están empezando a confirmar que allí no cayeron grandes cabecillas de la GAOR, sino jóvenes en territorios donde la presencia estatal sólo llega en forma de represión –recordemos que desde mayo del año pasado se adelantan tanto al sur del Meta como en el Guaviare operativos de erradicación forzada–. Ya han podido identificar ocho de los diez cuerpos, unos eran menores de edad, y otros recién habían alcanzado su adultez –aclarando que las edades de todos no están totalmente confirmadas-, pero por ahora queremos hablar de la ausencia, la ausencia e incertidumbre que están viviendo las familias de los seres humanos que murieron en un operativo donde parece que las labores de inteligencia no priorizaron identificar si había menores de edad pese a que ya ha habido alertas tempranas que desde que las GAOR se están armando, nuevamente se ha disparado el reclutamiento infantil.

A Danna Lizeth Montilla el equipo de El Cuarto Mosquetero la conoció en Nueva Colombia, vereda en la que vivía cuando fuimos en agosto del año pasado al Guayabero, quizá semanas antes de que se fuera a engrosar las filas de la insurgencia, donde tan solo duraría alrededor de siete meses antes del bombardeo del 02 de marzo. Danna hasta ese momento tan sólo tenía 15 años, ya se estaba enfrentando, como les sucede a muchas adolescentes de las zonas rurales, a tener que conformar un hogar, pero por fortuna no había quedado embarazada y por ello tenía más libertad para caminar el territorio. Ella guardaba especial amor por la comunicación comunitaria, nos imaginábamos que en algún momento iba a resultar liderando el proceso de Voces del Guayabero, pues admiraba mucho al medio de comunicación y tenía gran liderazgo. Fue poco lo que compartimos con ella, aunque nos acompañó a realizar algunas entrevistas. No volvimos a saber de ella hasta la semana pasada, cuando se estaba confirmando si había sido “dada de baja” en el operativo adelantado en Calamar.

Me pregunto ¿qué la llevaría a irse para “la mata”? ¿Sería por la fuerza? Puede que sí, o quizá no, allí aún algunas personas respetan a los grupos residuales por haber sido una presencia constante durante los últimos cincuenta años, por ser la autoridad en el territorio. Pero nunca se sabe, el reclutamiento de menores es una realidad en el país, especialmente cuando un niño, niña o joven puede ser tan fácilmente influenciable. ¿Seguiría guardando rabia con las fuerzas militares y se iría en búsqueda de venganza? Desde el mes de mayo ha habido operativos de erradicación forzada y se han presentado bastantes irregularidades y denuncias de violación de derechos humanos hacia el campesinado y ella que participaba activamente de estos espacios pudo haber guardado rencor. ¿O serían las necesidades? Allá se escuchaba decir mucho “la necesidad tiene cara de perro” y recordemos que cuando la pobreza tiene rostro de mujer, se pueden llegar a tomar las peores decisiones.

Sea cual sean las razones que la llevaron a ella como a los otros niños y jóvenes a hacer parte de las filas de las disidencias y que fueron asesinados en el bombardeo, eran responsabilidad del Estado, que ya sea por acción, o en este caso por omisión, no estuvo para ayudarlos a forjar un futuro lejos de la guerra.

En los últimos tres días varias familias están en medicina legal rogando por información sobre sus hijos, algunos ya con la completa certeza que pronto tendrán que darle el último adiós –claro está, cuando les entreguen los cuerpos-, otros fueron en búsqueda de información, hace meses no volvieron a saber de sus hijos, hijas, hermanos y saben que allí pudieron haber muerto, o quizá no, quizá puedan mantener la esperanza de que algún día regresen a casa y se alejen del mundo de las armas, y si no, saber por lo menos que siguen con vida.

Campesinos colombianos, pero también migrantes, llegaron a Villavicencio con poco o nada de dinero y se regresaron el día de hoy sin obtener respuestas. Otros, como los padres de Jonathan Sánchez –se habla que tenía entre 10 a 19 años-, los de Sebastián Andrés Barón – de 19 años- y los de Danna, de 16 años, están recibiendo el cuerpo de sus hijos y buscando los recursos para darles cristiana sepultura. Además denunciaron que no se las dejaron ver porque estaban supuestamente descompuestos, pero para las familias es importante saber que sí son sus hijos/as a quienes van a despedir.

No obstante, habitantes del Guayabero contaron a El Cuarto Mosquetero que, así como Danna, también Marlon Estiven Mahecha Herrera quien recientemente había alcanzado la mayoría de edad -aunque fue reclutado siendo menor de edad-, cayó en el operativo. Por lo que, después de investigar, confirmamos que el día de anoche su cuerpo fue ingresado a Medicina Legal y a ésta hora sus padres vienen de camino para hacer todo el procedimiento correspondiente.

Por ahora las organizaciones sociales manifestaron que pronto se pronunciarán al respecto pues por ahora hay un manto de incertidumbre respecto a cuántos menores de edad fueron asesinados en el bombardeo, cómo y desde hace cuánto fueron reclutados y qué se sabe de las y los niños que por ahora continúan desaparecidos.

 

Comunicadora Social y Periodista. Especialista en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina. Fundadora del colectivo y medio de comunicación alternativo El Cuarto Mosquetero. Desde la comunicación trabaja los temas de género, paz y ambiente.