Un árbol era lo único que se divisaba al llegar al terreno que poco después sería bautizado como urbanización La Sabana en la capital del Meta, el resto estaba conformado por extensas llanuras llenas de monte y maleza y al fondo el oleaje suave del río Ocoa llenaba el silencio sepulcral antes de la llegada del grupo de socios y socias ‘Comité de Vivienda Popular de Villavicencio’ entre el 2000 y 2002. Cinco años antes habían comprado los terrenos, pero dado que tenían que iniciar el sueño de una vivienda propia por autoconstrucción, el proceso fue lento, más cuando la institucionalidad ponía trabas en este proceso.

Sin embargo, después del 2002, unas pocas familias lograron establecerse en los terrenos que a pocos metros dejaba ver las playas rocosas del río Ocoa. La energía y el gas fueron servicios que, con un poco de gestión y recursos, lograron ser instalados en poco tiempo. Pero el agua no era tan fácil de obtener y en ese entonces, desde la Administración Municipal, no existía garantía para satisfacer esta necesidad básica. Entonces, con palas y picas, la comunidad trabajó durante dos semanas para hacer un jaguey, después instalaron una electrobomba y cada habitante con balde en mano iba por su ración de líquido vital.

El acueducto comunitario está ubicado frente al polideportivo de la urbanización La Sabana. Foto: Asociación Unida del Llano.

Con el tiempo, el sector empezó a ser cada vez más ocupado y de baldes cada habitante pasó a obtener el agua mediante mangueras que eran puestas dentro de una enorme caneca que absorbían el líquido para abastecer a cada casa.

Cuando los socios y socias compraron el terreno, debían aportar primero una cuota de sostenimiento, mientras trabajaban por autoconstrucción. Posteriormente, se reunía una cuota de urbanismo para instalar tuberías del acueducto y alcantarillado. De ese dinero, sobró un excedente que fue usado para cavar un pozo de cerca de 80 metros de profundidad. En los recuerdos de la comunidad está el ingeniero Villafañe, a quien contrató como el constructor del agujero profundo que luego se convirtió en el acueducto comunitario de la urbanización La Sabana.

El jaguey funcionó durante un tiempo más pero luego fue sellado. Actualmente las columnas de la iglesia católica de la urbanización reposan donde alguna vez la comunidad llevó baldes y mangueras para captar el agua.

Antes de realizar el pozo, se solicitó un permiso a Corporinoquia, en la ciudad de Yopal, pues Cormacarena en ese entonces no existía. Luego se instalaron las tuberías en PVC por las que el agua llegaría a cada casa para satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes. La supervisión de esta labor estuvo a cargo del ingeniero Fernando Sabogal, pero la comunidad aportó recursos y mano de obra para cumplir este sueño colectivo. Durante varios meses, hombres y mujeres se unieron durante extensas horas de trabajo los fines de semana ‘voliando’ pica y pala para abrir zanjas y realizar la distribución de las redes. Al que no ayudara, se le cobraba multa o tenía la opción de pagar la jornada de trabajo en la que estuviera ausente.

El acueducto comunitario fue inaugurado en el 2005. La felicidad de las y los habitantes fue evidente. Alegría, tranquilidad y orgullo por el trabajo mancomunado colmaba el ambiente porque gracias a la gestión comunitaria del agua, ya no tenían que cargar pesados baldes o ‘bregar’ con largas mangueras.  Tres años después, llegaron más familias al sector y en vista de que el pozo necesitaba una administración, se formó la Asociación Unida del Llano. Empezó con aproximadamente con noventa integrantes que, en su mayoría, se han mantenido hasta el día de hoy.

El funcionamiento del acueducto requiere de energía para poner a funcionar la electrobomba sumergida a 70 metros de profundidad, labor que necesita de recursos monetarios, por ende, la administración de estas redes comunitarias cobraba $12.000 mensuales, sin tener en cuenta el consumo que se realizara en cada hogar. Con el dinero recolectado pagaban la factura de energía, mantenimiento de las redes, los elementos que necesita el agua con el fin de que sea apta para el consumo humano y el fontanero. De hecho, la Asociación Unida del Llano es una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo velar por la gestión comunitaria del líquido vital beneficiando a las y los habitantes de la Urbanización.

Así luce la instalación del acueducto comunitario de la urbanización La Sabana. Foto: Asociación Unida del Llano.

Desde el año pasado, la Asociación Unida del Llano, se vinculó a la organización de Acueductos Comunitarios en Red (Acer Agua Viva), la cual ha prestado su apoyo brindando capacitaciones en gestión comunitaria del agua. También, gracias a esta unión, la comunidad se ha empapado de otras experiencias de acueductos comunitarios en Villavicencio, conociendo otras problemáticas y cosechando nuevos aprendizajes.

Las y los fundadores, sueñan con obtener el comodato del terreno donde se encuentra el pozo, pues hace 12 años, viendo la necesidad de espacios de recreación y esparcimiento para el sector, la comunidad le solicitó a la Alcaldía un polideportivo, pero esta le pidió la cesión de una porción de tierra, dado que no podía construir en predios ajenos. Cuando se realizó la entrega, dentro del área que pasaría a ser propiedad del municipio se encontraba el pozo del acueducto comunitario.

Pero hoy la esperanza brilla para la Asociación, pues el actual alcalde de Villavicencio, Felipe Harman, se comprometió a darle el comodato con el que puede ser propietaria temporalmente del terreno donde se encuentra el pozo y presentarse ante Cormacarena con el certificado de Libertad y Tradición. Entonces, de esta manera podrá obtener el permiso de la captación de agua de manera tranquila para la comunidad y seguir tejiendo ese anhelo colectivo de obtener el líquido para garantizar el bienestar de todos y todas.

Si quieres conocer más historias de los acueductos comunitarios en Villavicencio, échale un vistazo a la revista realizada por ACER con apoyo de Censat Agua Viva Amigos de la Tierra Colombia y Terre Des Hommes, y bajo la edición de El Cuarto Mosquetero. Puedes descargarla aquí: Lucha y resistencia por la gestión comunitaria del agua en el Meta

Acueductos Comunitarios En Red, es una organización que trabaja por demostrar que el agua es un bien común. También se encarga fortalecer los acueductos comunitarios del Meta, por ser un patrimonio histórico de la región.