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Pese a las promesas de energías renovables, el diésel sigue contaminando la Amazorinoquía

En Puerto Carreño, Mitú e Inírida, ciudades colombianas ubicadas en Zonas No Interconectadas al Sistema Eléctrico Nacional, la transición energética prometida sigue dependiendo del diésel. Proyectos renovables aún no logran reemplazar los combustibles fósiles y las comunidades viven entre apagones, desconfianza e incertidumbre.
José Triana abre su nevera en la capital Puerto Carreño, departamento de Vichada, Colombia y el deshielo lo preocupa. Como emprendedor gastronómico, su sustento depende de una carga costosa de comida de mar traída desde Villavicencio, en el departamento de Meta, pero hoy, como tantos otros días, la energía se ha ido. 

Sabe que tiene el tiempo contado: en cinco horas la mercancía empezará a ablandarse y, en doce, todo su capital se habrá dañado bajo el sol inclemente del Vichada. Es la ironía trágica de vivir en una capital donde se paga una tarifa de luz costosa por un servicio que puede desaparecer hasta 20 horas al día, dejando a la ciudadanía en la oscuridad. 

Mientras tanto, a pocas calles, las plantas de diésel – un «cementerio de máquinas» viejas que deben ser enfriadas con mangueras de agua para no colapsar – “llena el aire con un ruido insoportable y un humo negro que se respira en cada esquina”, dice Triana. A 40°C de temperatura, sin ventiladores que funcionen y con la garganta irritada por la combustión de mil galones de combustible semanales, que equivalen aproximadamente a 37.04 toneladas de C02 al mes, Triana siente que Puerto Carreño está atrapado en la «prehistoria» energética. 
Protestas por crisis energética en la Amazorinoquía y dependencia del diésel. Las comunidades exige de manera pacífica soluciones estructurales que permitan dejar de depender del combustible fósil. Foto: cortesía de la comunidad.
Puerto Carreño está ubicada en el extremo oriental de Colombia, en la frontera con Venezuela, a orillas de los ríos Orinoco y Meta, en la región de la Orinoquía. De acuerdo con proyecciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) basadas en el censo de 2018, para 2026 el municipio tiene cerca de 24.697 habitantes. 

Al tratarse de una Zona No Interconectada (ZNI) al Sistema Interconectado Nacional (SIC), gran parte de su suministro eléctrico ha dependido históricamente de plantas de generación a diésel, una situación que ha provocado constantes riesgos de desabastecimiento y apagones – por los altos costos del combustible, problemas de mantenimiento y financieros de la empresa operadora.

La operación eléctrica en Puerto Carreño ha estado a cargo de dos actores principales: la empresa privada Refoenergy Bita, encargada de la generación de energía mediante una planta de biomasa con respaldo diésel, y Electrovichada, empresa pública responsable de la distribución y comercialización del servicio en el departamento.

El retorno de una vieja dependencia en Puerto Carreño

La planta de biomasa, inaugurada en 2021 durante el gobierno de Iván Duque, fue presentada como la solución definitiva para que la capital del Vichada dejara de depender de la energía importada desde Venezuela y de las antiguas plantas diésel locales. Sin embargo, el proyecto empezó a registrar fallas técnicas, apagones y dificultades financieras. Una investigación de Mutante reveló que, entre 2022 y 2024, Puerto Carreño acumuló más de 1.700 apagones y que Electrovichada adquirió una deuda superior a los 20.000 millones de pesos con Refoenergy por el costo de la energía.
Puerto Carreño es uno de los pocos lugares de Colombia donde confluyen dos grandes ríos internacionales: el Meta y el Orinoco, una ubicación estratégica que ha convertido al municipio en punto de intercambio con Venezuela. Protesta en marzo por crisis energética. Foto: cortesía de la comunidad.
Según Refoenergy, la falta de pago afectó la compra de biomasa, principalmente eucalipto y acacia, necesaria para alimentar las calderas. Mientras tanto, habitantes del municipio como Triana, y trabajadores del sector energético, sostienen que las fallas fueron constantes desde la entrada en operación de la planta.

Ante el deterioro del proyecto y la desconexión definitiva con Venezuela en 2020, Puerto Carreño volvió a depender completamente de las antiguas plantas diésel. Actualmente, Electrovichada opera al menos ocho motores de generación de respaldo para sostener el suministro eléctrico del municipio, mientras la planta de biomasa permanece fuera de operación, según habitantes y líderes locales.

En marzo de este año, la comunidad de Puerto Carreño protestó de manera pacífica por siete días. Entre ollas comunitarias, arengas, y presencia constante las 24 horas en el punto del plantón, se logró instaurar una mesa de diálogo directo con el Gobierno Nacional. El resultado fue la firma de un acta de acuerdos, donde se pactó el fin inmediato de los racionamientos y el compromiso del Viceministerio de Energía de instalar una planta de generación adicional cuyos costos de alquiler y transporte no serían trasladados a la ciudadanía. 

Más allá de la coyuntura, desde el Ministerio de Minas y Energía prometieron una solución definitiva para Puerto Carreño durante las negociaciones de marzo: la financiación total de un parque solar de 10 megavoltio amperios (MVA). Actualmente, la demanda energética de la capital del Vichada ronda los 3,5 MW diarios, por lo que este proyecto no solo cubriría el consumo actual, sino que también ofrecería un amplio margen de estabilidad y capacidad para el crecimiento futuro del departamento.

El Gobierno Nacional también ha puesto la mirada nuevamente en la frontera. El pasado 04 de mayo de 2026, delegaciones de Colombia y Venezuela se reunieron en la capital del Vichada para trazar una hoja de ruta que permita revivir la interconexión eléctrica que funcionó hasta el 2020. Tras visitas técnicas a las subestaciones de Puerto Carreño y Puerto Páez en Venezuela, las autoridades aseguraron que la línea de 550 kilómetros que conecta con el Guri se encuentra en buen estado y que, tras reemplazar algunos elementos que necesitan reparación, el suministro podría restablecerse en apenas dos meses. 

Este acuerdo no solo busca estabilizar el flujo eléctrico fronterizo, sino también sanear deudas con Corpoelec (empresa estatal venezolana) que ascienden a más de tres millones de dólares. Sin embargo, la noticia ha sido recibida con escepticismo por parte de la comunidad: mientras algunas personas esperan que el regreso de la energía venezolana alivie las altas tarifas del diésel, otros temen que Puerto Carreño vuelva a quedar a merced de la inestabilidad del sistema eléctrico vecino, donde estados como Apure reportan apagones de hasta 20 horas al día.

A pesar de los plazos establecidos, existe tensión en la comunidad. Triana señala que existe falta de información: la omisión de transparencia acordada no ha recibido datos de primera mano sobre los estudios en curso y hay temor de que el proyecto se maneje a espaldas de quienes habitan el territorio, repitiendo errores de proyectos pasados, como la planta de biomasa.
 Firma de los acuerdos tras ocho días de protesta pacífica por crisis energética en Puerto Carreño. Foto: cortesía de la comunidad. 
Las capitales amazónicas donde el diésel sigue sosteniendo la energía

Lo que ocurre en Puerto Carreño no es un caso aislado. En otras capitales de las Zonas No Interconectadas de la Amazonía y la Orinoquía colombiana, como Inírida, en Guainía, y Mitú, en Vaupés, las comunidades también enfrentan una dependencia de sistemas eléctricos basados en diésel, tarifas elevadas y apagones recurrentes.

La empresa Generación y Servicios Amazonas S.A. E.S.P. (GENSA) ha impulsado, en parte, la transición energética de estos territorios – con proyectos solares, hidroeléctricos e híbridos. En Inírida hay una granja solar, y en Mitú hay una Pequeña Central Hidroeléctrica (PCH). Sin embargo, la generación de estos proyectos todavía es pequeña y la matriz energética de estos territorios sigue atrapada en los combustibles fósiles.

En el año 2025, el 78,7% de la energía en las zonas operadas por GENSA provino del diésel. La brecha es evidente en las capitales: en Inírida, la energía solar apenas cubrió el 9,99% de lo que consume el municipio, mientras que en Mitú, la hidroeléctrica local solo alcanzó a suplir un marginal 3,53% de la demanda.  

En su Ruta Estratégica 2030 GENSA afirma que tiene un plan para avanzar en la transición energética y reducir el uso de los combustibles fósiles, incluido el diésel, en un horizonte que se extiende hasta el 2030. Menciona que su estrategia no consiste en un retiro inmediato y total del diésel, sino en una sustitución progresiva por fuentes renovables y la implementación de sistemas híbridos “para garantizar la confiabilidad del servicio”.

La Ruta Estratégica busca responder a los retos de la crisis climática y la descarbonización incluyendo puntos clave, como la diversificación de la canasta energética con la meta de que para ese año se diversifique su oferta con 110 megavatios (MW) provenientes de proyectos solares e hidroeléctricos. Sin embargo, este objetivo abarca tanto sus operaciones en el sistema nacional como en las ZNI, donde la meta hacia 2030 es lograr una reducción de la energía fósil. Con la entrada de la Granja Solar Inírida II, el aporte de energías limpias en esa capital pasará del 10% actual al 53% – todavía lejano del 100%.  

Según el informe de sostenibilidad de la empresa, el objetivo de GENSA es reducir el uso del diesel mediante proyectos de Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER) como la  Granja Solar Inírida II, que todavía está en proceso de proyección y estaría, según la empresa, entrando en operación para el segundo semestre de 2027. 
Inírida es reconocida por la cercanía con los Cerros de Mavecure, formaciones rocosas consideradas sagradas por pueblos indígenas de la región y uno de los principales atractivos naturales del Guainía. Foto: Camilo Rey
En Mitú también hubo protestas, en enero de este año, motivadas por un mes de desabastecimiento crítico de combustible que dejó a la capital del Vaupés sin luz durante las festividades de Navidad y Año Nuevo. La movilización, que se extendió por ocho días, tuvo episodios de represión policial, un hecho que no había ocurrido en este territorio amazónico.

Según cuenta la abogada Ximena Osorio, integrante del Comité del Paro, esta reacción fue el resultado del agotamiento social frente a la mala planificación estatal, señalando que «el municipio ya se cansó» de depender de motores viejos y de un río cuya navegabilidad falla en temporada de menos lluvias. 

El 16 de enero del 2026 se firmó un acta de compromisos donde el Gobierno Nacional pactó el transporte de combustible por vía aérea, el reemplazo de unidades diésel y la búsqueda de soluciones estructurales de energía limpia para el territorio. Allí, la pequeña central hidroeléctrica sólo pudo suplir el 3,53% de la demanda municipal durante el 2025. Según el Informe de Sostenibilidad de GENSA, la empresa está trabajando en la formulación de un proyecto fotovoltaico (solar) con una capacidad de aproximadamente 10 MWp, baterías y aproximadamente tres años para terminar la construcción. 

El diésel sigue dominando en zonas no interconectadas

Para Giovanny Pabón, Director de Energía de Transforma (un centro latinoamericano que impulsa la acción climática con enfoque de justicia) , la permanencia del diésel en la matriz de GENSA y Electrovichada es el resultado de un modelo energético «prehistórico» y “estructuralmente fallido” que ha convertido al combustible fósil en el “único salvavidas de un sistema técnica y financieramente frágil”, y además, , insostenible y vulnerable.
Mitú es una de las capitales departamentales más aisladas del país: no tiene conexión terrestre con el resto de Colombia y gran parte del abastecimiento depende del transporte aéreo y fluvial. Protestas por crisis energética en enero. Foto: cortesía de la comunidad.
El experto señala que la energía generada por diésel en zonas remotas “puede costar entre tres y cinco veces más que en las ciudades principales, lo que obliga a priorizar el ‘entrenamiento de las personas’ locales para que los sistemas de energía renovable no sean un adorno, sino una solución duradera”

Sin embargo, GENSA y Electrovichada contemplan mantener el diésel en estos territorios, porque ven en esta forma de generación de energía, estabilidad. A pesar de esto, las protestas, manifestaciones y los apagones de inicios de año, demostraron lo contrario.  

GENSA reconoce que la dependencia de los combustibles fósiles es un riesgo para la continuidad del negocio a largo plazo, “debido la tendencia mundial hacia la descarbonización y la imposición de impuestos a las emisiones que hacen que la generación térmica con recursos fósiles se perciba como un “negocio inviable a futuro”. 

La dependencia del diésel en estas ciudades es lo que Triana califica como un «desastre ambiental» que afecta directamente la riqueza natural de los territorios. Según relata el líder, la quema de aproximadamente mil galones de combustible a la semana en Puerto Carreño genera una columna constante de humo negro que las personas asocian con las frecuentes afecciones respiratorias y gripas que padece la comunidad. 

Lea también: Inírida a oscuras: la transición energética estancada en una Amazonía dependiente del diésel

Esta precariedad se manifiesta también en una contaminación sonora “insoportable producida por motores viejos que convierten la zona centro de la ciudad en inhabitable”. Desde una perspectiva técnica y estratégica, esta tecnología se ha vuelto inviable debido a sus altas emisiones de gases de efecto invernadero y CO2

El informe “De la cuna a la tumba: El impacto de los combustibles fósiles en la salud y la urgencia por una transición justa«, elaborado por The Global Climate and Health Alliance, advierte que la combustión de diésel libera material particulado (PM2.5) y óxidos de nitrógeno que incrementan significativamente el riesgo de asma, enfermedades cardíacas, cáncer y mortalidad prematura, afectando incluso el desarrollo prenatal. Osorio cuenta que en Mitú “unas mujeres enfermaron de sus pulmones y tuvieron que desplazarse, debido a la cercanía con la planta de generación”. 
Mitú conserva una fuerte presencia cultural indígena: más del 60% de la población del departamento del Vaupés pertenece a estas comunidades. Foto: cortesía de la comunidad.
Sin embargo, Nessim Assad, director de Proyectos y Despliegue de Energías Renovables, del centro de pensamiento POLEM Transiciones Justas, analiza que, aunque el país va «por buen camino» en la transición energética, el avance es «muy lento» debido a que aún operan modelos que califica como «arcaicos», como los híbridos que usan el diésel donde la intermitencia del sol y la gestión de baterías siguen siendo retos críticos.

Distintos documentos del Ministerio de Minas y Energía establecen de manera explícita lineamientos de transición energética para las ZNI: la política para la integración de Sistemas de Almacenamiento de Energía (SAE), la actualización del Plan Nacional de Electrificación Rural (PNER) y la Estrategia Nacional de Comunidades Energéticas. 

En estos instrumentos, el Gobierno plantea que los territorios no conectados al Sistema Interconectado Nacional deben avanzar hacia esquemas basados en fuentes no convencionales de energía renovable (como solar y eólica), almacenamiento, generación distribuida y modelos comunitarios de acceso a la energía. Estos lineamientos aún funcionan como orientaciones de política pública y no como obligaciones homogéneas para todos los operadores.

En medio de la selva, las dudas persisten pese a las promesas de cambio. Mientras temen el próximo apagón, habitantes de Puerto Carreño, Inírida y Mitú esperan que la transición energética deje de postergarse y llegue finalmente a sus territorios.

Este artículo fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina