
Contar el territorio para proteger la infancia del reclutamiento forzado
En regiones rurales donde el conflicto armado persiste, la prevención del reclutamiento infantil se ha convertido en una tarea urgente. En el Meta, iniciativas como los reporteritos y reporteritas populares de La Julia, en el municipio de Uribe, muestran que proteger a la niñez también implica abrir espacios para que niñas, niños y adolescentes cuenten su propia historia.
El reclutamiento infantil no solo es una grave violación a los derechos humanos: es también una estrategia que sigue afectando a comunidades rurales donde la presencia del Estado ha sido limitada.
En los últimos cinco años, el reclutamiento de menores por parte de grupos armados en Colombia ha aumentado de forma alarmante. Un informe reciente de la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la infancia -UNICEF- señala que más de 1.200 niños, niñas y adolescentes fueron vinculados a grupos armados entre 2019 y 2024, lo que representa un incremento cercano al 300 % en ese periodo. En promedio, un menor es reclutado cada 20 horas en el país.
Detrás de esas cifras hay historias que comienzan en veredas donde las oportunidades educativas, culturales y económicas son escasas, y donde los actores armados siguen teniendo control territorial. Allí, la niñez suele quedar atrapada entre el abandono institucional y la presión de estructuras armadas.
En los últimos cinco años, el reclutamiento de menores por parte de grupos armados en Colombia ha aumentado de forma alarmante. Un informe reciente de la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la infancia -UNICEF- señala que más de 1.200 niños, niñas y adolescentes fueron vinculados a grupos armados entre 2019 y 2024, lo que representa un incremento cercano al 300 % en ese periodo. En promedio, un menor es reclutado cada 20 horas en el país.
Detrás de esas cifras hay historias que comienzan en veredas donde las oportunidades educativas, culturales y económicas son escasas, y donde los actores armados siguen teniendo control territorial. Allí, la niñez suele quedar atrapada entre el abandono institucional y la presión de estructuras armadas.

Meta y Guaviare: territorios en disputa
El problema no es ajeno a los departamentos de la Amazorinoquía. En el primer trimestre de 2025, ONU Derechos Humanos verificó 22 casos de niños y niñas en situación de reclutamiento y/o utilización en los departamentos de Meta y Guaviare, incluyendo el fallecimiento de siete personas menores de 18 años como resultado de un enfrentamiento ocurrido en enero de 2025 entre grupos armados no estatales en el municipio de Calamar, Guaviare.
Las comunidades campesinas de estas regiones han señalado que el reclutamiento suele comenzar con estrategias silenciosas: promesas de dinero, presión sobre las familias, o la normalización de la presencia armada en el territorio. En los últimos años, incluso las redes sociales han empezado a ser utilizadas para atraer a jóvenes con narrativas de poder, dinero o aventura.
Lea también: ONU Derechos Humanos advierte uso de redes sociales para reclutar menores
El resultado es una cadena de violencias: niños y niñas obligadas a vigilar caminos, transportar armas, participar en combates o reclutar a otros menores. Frente a este panorama, en algunos territorios las respuestas han surgido desde las propias comunidades.
En el centro poblado de La Julia, municipio de Uribe, Meta, un grupo de niñas, niños y adolescentes participa en el proceso de Reporteritos y Reporteritas populares, una iniciativa impulsada por el El Cuarto Mosquetero con el acompañamiento de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia.
El problema no es ajeno a los departamentos de la Amazorinoquía. En el primer trimestre de 2025, ONU Derechos Humanos verificó 22 casos de niños y niñas en situación de reclutamiento y/o utilización en los departamentos de Meta y Guaviare, incluyendo el fallecimiento de siete personas menores de 18 años como resultado de un enfrentamiento ocurrido en enero de 2025 entre grupos armados no estatales en el municipio de Calamar, Guaviare.
Las comunidades campesinas de estas regiones han señalado que el reclutamiento suele comenzar con estrategias silenciosas: promesas de dinero, presión sobre las familias, o la normalización de la presencia armada en el territorio. En los últimos años, incluso las redes sociales han empezado a ser utilizadas para atraer a jóvenes con narrativas de poder, dinero o aventura.
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El resultado es una cadena de violencias: niños y niñas obligadas a vigilar caminos, transportar armas, participar en combates o reclutar a otros menores. Frente a este panorama, en algunos territorios las respuestas han surgido desde las propias comunidades.
En el centro poblado de La Julia, municipio de Uribe, Meta, un grupo de niñas, niños y adolescentes participa en el proceso de Reporteritos y Reporteritas populares, una iniciativa impulsada por el El Cuarto Mosquetero con el acompañamiento de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia.

El proceso parte de una idea de que las niñas y los niños del territorio aprendan a narrar su realidad. A través de talleres de comunicación, fotografía, radio y periodismo comunitario, se le apuesta a la consolidación de pensamiento crítico y a la formación de habilidades de liderazgo. El periódico comunitario que sacan adelante se llama Al día con INEDJU.
En ese sentido se crean entornos seguros. Yolima García, coordinadora de los procesos formativos de El Cuarto Mosquetero, explica que “no solo se dejan capacidades instaladas en términos de comunicación sino que además de eso se abordan temas relacionados con construcción de paz, convivencia escolar, fortalecimiento del discurso y los debates. Esto lleva a que se pueda analizar el contexto en el que habitan”.
Además el hecho de que estos niños, niñas y adolescentes puedan asistir a encuentros como el Festival Mosquetero donde se generan intercambios de experiencias con otros procesos del Meta y del país, permite que se tengan referentes para contemplar otros futuros posibles diferentes al conflicto armado. Contar sus propias historias también es una forma de prevención al reclutamiento.
Por su parte, Henry Burgard, jefe territorial de la Misión de Verificación de la ONU en Villavicencio, explicó a El Cuarto Mosquetero que una de las prioridades de la misión ha sido apoyar acciones de prevención del reclutamiento infantil en el sur del Meta. Sus declaraciones se dieron el pasado 12 de febrero, en el marco del Día Internacional de las Manos Rojas, una fecha que busca sensibilizar sobre el reclutamiento, uso y utilización de niños, niñas y adolescentes en conflictos armados.
En ese sentido se crean entornos seguros. Yolima García, coordinadora de los procesos formativos de El Cuarto Mosquetero, explica que “no solo se dejan capacidades instaladas en términos de comunicación sino que además de eso se abordan temas relacionados con construcción de paz, convivencia escolar, fortalecimiento del discurso y los debates. Esto lleva a que se pueda analizar el contexto en el que habitan”.
Además el hecho de que estos niños, niñas y adolescentes puedan asistir a encuentros como el Festival Mosquetero donde se generan intercambios de experiencias con otros procesos del Meta y del país, permite que se tengan referentes para contemplar otros futuros posibles diferentes al conflicto armado. Contar sus propias historias también es una forma de prevención al reclutamiento.
Por su parte, Henry Burgard, jefe territorial de la Misión de Verificación de la ONU en Villavicencio, explicó a El Cuarto Mosquetero que una de las prioridades de la misión ha sido apoyar acciones de prevención del reclutamiento infantil en el sur del Meta. Sus declaraciones se dieron el pasado 12 de febrero, en el marco del Día Internacional de las Manos Rojas, una fecha que busca sensibilizar sobre el reclutamiento, uso y utilización de niños, niñas y adolescentes en conflictos armados.

“Nuestro propósito es respaldar la implementación de la paz en los territorios y prevenir nuevas afectaciones para las comunidades”, señaló Burgard. En ese contexto, destacó el trabajo realizado en el centro poblado de La Julia, en el municipio de Uribe, donde la misión ha apoyado iniciativas que buscan vincular a niñas, niños y adolescentes en procesos formativos y espacios comunitarios.
“Con el acompañamiento de nuestra comunicadora y el trabajo conjunto con El Cuarto Mosquetero, hemos promovido procesos para que los jóvenes aprendan a contar las historias de su comunidad y a construir sus propios discursos”, agregó. Según explicó, estas iniciativas buscan fortalecer la participación juvenil y contribuir a reducir los riesgos de vinculación de menores al conflicto armado.
Burgard también indicó que la misión ha sostenido diálogos con distintos actores armados para insistir en la protección de la niñez. “Hemos hecho llamados directos para que no vinculen a jóvenes al conflicto y trabajamos de manera articulada con instituciones del Estado para reforzar ese mensaje”, afirmó.
El jefe territorial reconoció, además, que uno de los desafíos en zonas rurales del Meta es la limitada oferta educativa y de espacios culturales o recreativos para la juventud. “Sabemos que en muchos territorios las oportunidades son escasas, tanto en educación como en espacios de esparcimiento, y parte de nuestra tarea ha sido apoyar iniciativas que ayuden a cerrar esas brechas”, concluyó.
La prevención del reclutamiento infantil requiere escuelas rurales que funcionen, acceso a educación media y superior, oportunidades culturales y deportivas, presencia institucional y garantías de seguridad para las comunidades. En muchos territorios del Meta, las familias siguen señalando que el mayor riesgo para sus hijos e hijas no es solo la presencia de grupos armados, sino la falta de alternativas.
“Con el acompañamiento de nuestra comunicadora y el trabajo conjunto con El Cuarto Mosquetero, hemos promovido procesos para que los jóvenes aprendan a contar las historias de su comunidad y a construir sus propios discursos”, agregó. Según explicó, estas iniciativas buscan fortalecer la participación juvenil y contribuir a reducir los riesgos de vinculación de menores al conflicto armado.
Burgard también indicó que la misión ha sostenido diálogos con distintos actores armados para insistir en la protección de la niñez. “Hemos hecho llamados directos para que no vinculen a jóvenes al conflicto y trabajamos de manera articulada con instituciones del Estado para reforzar ese mensaje”, afirmó.
El jefe territorial reconoció, además, que uno de los desafíos en zonas rurales del Meta es la limitada oferta educativa y de espacios culturales o recreativos para la juventud. “Sabemos que en muchos territorios las oportunidades son escasas, tanto en educación como en espacios de esparcimiento, y parte de nuestra tarea ha sido apoyar iniciativas que ayuden a cerrar esas brechas”, concluyó.
La prevención del reclutamiento infantil requiere escuelas rurales que funcionen, acceso a educación media y superior, oportunidades culturales y deportivas, presencia institucional y garantías de seguridad para las comunidades. En muchos territorios del Meta, las familias siguen señalando que el mayor riesgo para sus hijos e hijas no es solo la presencia de grupos armados, sino la falta de alternativas.



