El tema del cultivo de papa es muy complicado. Los cultivos de mayor factura son terrenos en los que el propietario, sea de origen campesino o no, invierte millones en la preparación del terreno, siembra, agroquímicos y cosecha. Generalmente en estos cultivos trabajan por jornales decenas de campesinos. Los propietarios de los cultivos más rentables suelen ser campesinos que han ido sumando capital para invertir en la siembra de papa o que se endeudan con los bancos, o latifundistas que han comprado a campesinos las tierras. La papa es un cultivo en el que se usan grandes cantidades de agroquímicos, sobre todo para evitar la gota y que las chizas se coman las papas. Pero además se usan herbicidas como el Paraquat y el glifosato, que se ha comprobado que son altamente tóxicos en humanos. En algunos cultivos cosechan la papa verde, porque entre más madura esté a la hora de la recolección, más papa se pierde por el gusano y más tiempo entre siembra y venta.

La gente que tiene 40 años o más puede recordar cómo hace más de 20 años cuando se compraba papa en el líchigo estaba llena de tierra y había que lavarla en casa y quitarle las partes dañaditas. Hoy en día la mayoría de papa que se vende está lavada, es verde y sin gusanos. Esto es porque pasa por un proceso de lavado a presión en el que se usan enormes cantidades de agua cuyos residuos, entre otras cosas, terminan contaminando o afectando la calidad de las aguas y la tierra de las regiones. Cada vez más “Presentable” y menos “limpia”.

En un cultivo que se vaya a pérdida, por ejemplo por un invierno duro o una sequía, el papicultor pierde toda la inversión, Pero en un cultivo exitoso de varias hectáreas el papicultor puede llegar a recibir cientos de millones de pesos por la cantidad de cargas recolectadas. En este proceso, los que menos dinero ganan son los jornaleros que trabajaron en el cultivo sembrando, fumigando y recolectando la papa. Los transportadores y las centrales de abastos también son muy beneficiados de la cosecha de la papa. Sobre todo en los sueprmercados de grandes superficies, que compran barato, empacan en bolsas plásticas contramarcadas y venden la papa a precios elevados. Casi nadie se da cuenta de que esa papa se ve limpia pero casi siempre está verde. La gente de la ciudad no sabe de papa.

Todo esto para suplir la casi infinita demanda del consumo de papa, del que entre otras cosas, se extraen toneladas de almidón para la fabricación de productos industriales como papel y pegamentos. Pero por ejemplo, en Colombia el almidón es importado de USA, porque los TLC favorecen la importación de materias primas e insumos.

La enorme diversidad de tipos de papa que hubo en América Latina, ha ido desapareciendo para fomentar la siembra de los tipos de papa con menos pérdida y que mejor respondan a los herbicidas y al uso industrial. Hay una visión romántica de la papa como símbolo del campesino agricultor. Pero realmente hay todo un entramado industrial y sistemático que convierte la papa en un símbolo de la explotación de la tierra, y desigualdad tanto entre productores como entre los campesinos, que en su mayoría se han convertido en obreros de un agronegocio más.

La papa es un símbolo de identidad y lucha campesina, sobre todo de Boyacá, en el caso de Colombia. Pero tratar de romantizar la relación de las ciudades con el campo evita entender a fondo las dinámicas de explotación tanto de la tierra como de los pueblos campesinos por parte de la economía y la presión del desarrollo, que empuja al campesino a convertirse en un asalariado o en un terrateniente que busca lucrarse con la tierra por encima de la producción sustentable de alimentos tanto para la gente de las ciudades, como para el mismo campesinado y la vitalidad del suelo.

Cada vez hay más comunidades campesinas en todos los países de América Latina que luchan por el rescate de semillas nativas de papa y por agriculturas sustentables, familiares y comunitarias, que produzcan tal vez mucha menos papa, pero más nutritiva, más limpia y más justa con la tierra y el agricultor. ¡Pueblos que trabajan por un futuro con una papa más viva, nutritiva y deliciosa!

*Por Javier de la Cuadra