Es evidente que después de la primera Revolución Industrial la vida de las personas nunca volvió a ser la misma. Ayer tomé un tiempo excesivo en mi descanso. Usualmente intento trabajar 50 horas semanales y éste ha sido mi ritmo por los últimos 4 meses. Cada vez que tengo el tiempo suficiente para leer o distraer mi mente, sólo puedo pensar en trabajar más y volver pronto a mi computador portátil. Lo que me trajo a redactar el siguiente artículo.

Varios colegas muchas veces llegan a sentirse culpables por tomarse un café en el tiempo de descanso. Tanta es la culpa de sentir que no están siendo productivos, que tomarse un descanso deviene a ser un momento de culpa y auto flagelo: esto no está bien. ¿Qué mentalidad y visión de mundo incuba lo anterior? La mentalidad de obtener mejores habilidades, mejorar, optimizar, añadir valor: son máximas bajo las que se fundan las ideas de mercado y que aplican para ambos: personas y negocios. 

La percepción de que las personas son una marca y que su reputación entra en juego con cada accionar e incluso con la inacción. La sospecha de que el tiempo ocioso es tiempo perdido y que no es virtuoso pasar tiempo en familia y olvidarnos un poco del trabajo, puede comprometer muchas de nuestras más caras convicciones como sociedad.  La innecesaria necesidad de probarse mejor que los demás bajo el argumento de huir de la mediocridad, nos ofuscan de vivir una vida por la que han luchado muchos científicos, artistas y humanistas: una vida plena.

La idea del disfrute de la vida deviene a nociones de lujo y desenfreno muchas veces bajo la idea generalizada y romántica de que, el trabajo otorga una medalla de honor y disciplina que se opone de rotundo a una vida de descanso y llenura. Quizás una de las razones por las que solemos sentirnos así es porque atamos nuestra conducta y productividad a nuestro valor como personas, lo que nos haría concluir que, si en teoría somos muy “productivos”, más incrementaría nuestro valor como personas. La idea de estar vivos se reduce a tener que lograr cosas.

Los hobbies, viajes e incluso nuestras interacciones familiares podrían ser monetizados y valdrían como argumentos suficientes para poder crear una marca, y sería un acto de pereza no hacerlo.  El valor de la productividad ha sido proliferado como un eslabón más de la sociedad del espectáculo. Dado éste escenario, puede parecer imposible encontrar un equilibrio entre el trabajo y nuestras vidas. 

La productividad, ser productivo, no lo es todo. Quizás al darnos cuenta de que nunca terminaremos de hacer todo lo que salga a nuestro paso, o nos sea asignado; cuando entendamos que después de que acabemos una tarea no estará esperando la otra.

Siempre supimos que los viajes más aburridos fueron aquellos donde no pudimos disfrutar el camino y el paisaje, quizás a veces con la sensación de que el destino que quisimos conocer, no nos impresionó tanto.

Darwin Josué Meléndez Cox es licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico y licenciado en Filosofía y Educación Religiosa. Magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Santo Tomás donde actualmente labora como investigador y docente.