
Orgullo Crítico: la respuesta colectiva a las violencias contra las diversidades en Villavicencio
Las familias, las calles y las instituciones suelen ser escenarios de discriminación para las diversidades sexuales y de género en Villavicencio. Frente a esa realidad, nace Orgullo Crítico, una colectiva que encontró en la movilización, el acompañamiento mutuo, la acción cultural y la reflexión política una forma de desafiar las opresiones estructurales.
Villavicencio es una ciudad machista. En la capital del departamento del Meta, las diversidades sexuales y de género siguen siendo estigmatizadas, perseguidas, violentadas: todavía es normal por ejemplo que en centros comerciales se vea a parejas del mismo sexo y las personas encargadas de seguridad les expulsen. La calle y las familias siguen siendo lugares inseguros, donde se juzga y se discrimina.
Ante este panorama, nació Orgullo Crítico. Esta colectiva que ya cumple tres años de historia, tuvo su impulso inicial gracias al encuentro entre Orión, Ale, Xam y la necesidad de tener un grupo seguro y un lugar de encuentro. “Habíamos tenido unas experiencias individuales previas en organizaciones que nos llevaron a sentir que los espacios eran muy institucionales o que nos instrumentalizaban mucho”, recuerda Ale.
Ante este panorama, nació Orgullo Crítico. Esta colectiva que ya cumple tres años de historia, tuvo su impulso inicial gracias al encuentro entre Orión, Ale, Xam y la necesidad de tener un grupo seguro y un lugar de encuentro. “Habíamos tenido unas experiencias individuales previas en organizaciones que nos llevaron a sentir que los espacios eran muy institucionales o que nos instrumentalizaban mucho”, recuerda Ale.

El primer impulso fue participar en la Marcha del Orgullo pero con un sentido crítico. “Aquí en Villavicencio la gente marcha en el orgullo y no sabe por qué. Vemos cómo la institucionalidad se ha apropiado de la movilización, cómo las marcas comerciales también, entonces han cooptado la protesta”, explica Orión.
Ale y Orión coinciden en que la colectiva funciona de manera horizontal, donde «no hay una cara visible» ni jerarquías, permitiéndoles priorizar el autocuidado y el «apañe». Lo que comenzó como un parche para brindarse acompañamiento frente a la discriminación que vivían en sus familias por ser diversidades sexuales y de género y apoyarse mutuamente en sus procesos de tránsito.
La palabra “crítico” hace referencia a movilizaciones que han surgido en distintas ciudades de Europa y América Latina para reivindicar el carácter político de las luchas por la diversidad sexual y de género. Estos espacios cuestionan la apropiación institucional y comercial de las marchas del orgullo y recuerdan que su origen está ligado a la protesta contra la discriminación y la violencia machista. Experiencias como las del Orgullo Crítico en Madrid o la Contramarcha en Bogotá sirvieron de inspiración para la colectiva de Villavicencio, que encontró en esa apuesta una forma de nombrar su inconformidad y de construir un espacio propio.
Ale y Orión coinciden en que la colectiva funciona de manera horizontal, donde «no hay una cara visible» ni jerarquías, permitiéndoles priorizar el autocuidado y el «apañe». Lo que comenzó como un parche para brindarse acompañamiento frente a la discriminación que vivían en sus familias por ser diversidades sexuales y de género y apoyarse mutuamente en sus procesos de tránsito.
La palabra “crítico” hace referencia a movilizaciones que han surgido en distintas ciudades de Europa y América Latina para reivindicar el carácter político de las luchas por la diversidad sexual y de género. Estos espacios cuestionan la apropiación institucional y comercial de las marchas del orgullo y recuerdan que su origen está ligado a la protesta contra la discriminación y la violencia machista. Experiencias como las del Orgullo Crítico en Madrid o la Contramarcha en Bogotá sirvieron de inspiración para la colectiva de Villavicencio, que encontró en esa apuesta una forma de nombrar su inconformidad y de construir un espacio propio.

Activismo crítico
Esta colectiva también adelanta espacios culturales fundamentales porque permiten construir constantemente una identidad disidente en comunidad. Una de sus iniciativas centrales es el Chirriclub, que actúa como la «vértebra» de la colectiva al proyectar producciones audiovisuales del «Sur Global» que reflejan realidades «más cercanas a lo que somos», explica Orión, rompiendo con los estereotipos comerciales de plataformas de streaming.
Entre las producciones que han visto y que les marcaron se encuentran Aribada, un cortometraje colombiano sobre mujeres trans indígenas del pueblo Emberá en el Eje Cafetero. Otra película fue Rafiki, de Kenia en África, sobre una pareja de mujeres lesbianas.
Más allá de la conversación alrededor de productos audiovisuales, la colectiva impulsa espacios de diálogo como «Echemos carreta» y picnics de integración, donde, según explica Orión, se sientan a hablar de sus vidas y a reflexionar sobre cómo las opresiones se entrelazan en un «sistema capitalista, machista, heterosexual y racista». Estas resistencias también se han extiende a la intervención del espacio público y la construcción de memoria: Ale resalta como un hito la creación de un mural interactivo en la Universidad de los Llanos en honor a Sara Millerey, diseñado para que la comunidad pudiera sumar personas trans y demás diversidades sexuales y de género asesinadas en Colombia.
Esta colectiva también adelanta espacios culturales fundamentales porque permiten construir constantemente una identidad disidente en comunidad. Una de sus iniciativas centrales es el Chirriclub, que actúa como la «vértebra» de la colectiva al proyectar producciones audiovisuales del «Sur Global» que reflejan realidades «más cercanas a lo que somos», explica Orión, rompiendo con los estereotipos comerciales de plataformas de streaming.
Entre las producciones que han visto y que les marcaron se encuentran Aribada, un cortometraje colombiano sobre mujeres trans indígenas del pueblo Emberá en el Eje Cafetero. Otra película fue Rafiki, de Kenia en África, sobre una pareja de mujeres lesbianas.
Más allá de la conversación alrededor de productos audiovisuales, la colectiva impulsa espacios de diálogo como «Echemos carreta» y picnics de integración, donde, según explica Orión, se sientan a hablar de sus vidas y a reflexionar sobre cómo las opresiones se entrelazan en un «sistema capitalista, machista, heterosexual y racista». Estas resistencias también se han extiende a la intervención del espacio público y la construcción de memoria: Ale resalta como un hito la creación de un mural interactivo en la Universidad de los Llanos en honor a Sara Millerey, diseñado para que la comunidad pudiera sumar personas trans y demás diversidades sexuales y de género asesinadas en Colombia.

El machismo en Villavicencio y en el Meta
Estas acciones de resistencia son necesarias: las violencias contra las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas continúan siendo una realidad en Colombia. Según un informe de Caribe Afirmativo, una organización que trabaja por la transformación de prejuicios, imaginarios y prácticas sociales e institucionales en torno a la diversidad sexual y de género, durante 2025 fueron asesinadas 270 personas LGBTIQ+ en el país.
Esto equivale a un aumento del 64% frente a 2024 y el registro más alto documentado. En promedio es un asesinato cada 32 horas y esto se suma a las 1184 personas que denunciaron amenazas por motivos relacionados con su orientación sexual o identidad de género, según el informe.
Este documento también relata que el ciclo de violencia comienza con la discriminación y la violencia intrafamiliar y las personas que integran Orgullo Crítico han resistido a esto. Ale explica que la mayoría de los testimonios en la colectiva coinciden en la falta de apoyo en el hogar: «casi que todos los relatos que escuchamos dicen que hay poca aceptación de familia o un reclamo, una queja frente a las identidades y que además son espacios inseguros».
Lea también: Desafíos hacia el reconocimiento de la identidad No Binaria en Villavicencio
Oliver, también integrante de la colectiva, cuenta que su familia católica minimizó su identidad desde la infancia. Para Orión, este rechazo primario marca un punto de ruptura vital debido a que ese espacio debe ser el que brinde el primer apoyo, pero te rechaza.
La ciudad de Villavicencio es descrita como un «llano machista apegado a la tradición». Orión relata que el estigma se traduce en agresiones en espacios públicos, en la cotidianidad y en las redes sociales. Esta presión social es tan fuerte que la colectiva ha optado, en ocasiones, por el anonimato para proteger a sus integrantes: «intentamos hacer publicaciones que no se vea ningún rostro» por miedo a ser perfilados o violentados y violentadas en una ciudad donde hacer parte de las diversidades sexuales y de género sigue siendo «motivo de burla, exclusión y vulneración de derechos».
Estas acciones de resistencia son necesarias: las violencias contra las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas continúan siendo una realidad en Colombia. Según un informe de Caribe Afirmativo, una organización que trabaja por la transformación de prejuicios, imaginarios y prácticas sociales e institucionales en torno a la diversidad sexual y de género, durante 2025 fueron asesinadas 270 personas LGBTIQ+ en el país.
Esto equivale a un aumento del 64% frente a 2024 y el registro más alto documentado. En promedio es un asesinato cada 32 horas y esto se suma a las 1184 personas que denunciaron amenazas por motivos relacionados con su orientación sexual o identidad de género, según el informe.
Este documento también relata que el ciclo de violencia comienza con la discriminación y la violencia intrafamiliar y las personas que integran Orgullo Crítico han resistido a esto. Ale explica que la mayoría de los testimonios en la colectiva coinciden en la falta de apoyo en el hogar: «casi que todos los relatos que escuchamos dicen que hay poca aceptación de familia o un reclamo, una queja frente a las identidades y que además son espacios inseguros».
Lea también: Desafíos hacia el reconocimiento de la identidad No Binaria en Villavicencio
Oliver, también integrante de la colectiva, cuenta que su familia católica minimizó su identidad desde la infancia. Para Orión, este rechazo primario marca un punto de ruptura vital debido a que ese espacio debe ser el que brinde el primer apoyo, pero te rechaza.
La ciudad de Villavicencio es descrita como un «llano machista apegado a la tradición». Orión relata que el estigma se traduce en agresiones en espacios públicos, en la cotidianidad y en las redes sociales. Esta presión social es tan fuerte que la colectiva ha optado, en ocasiones, por el anonimato para proteger a sus integrantes: «intentamos hacer publicaciones que no se vea ningún rostro» por miedo a ser perfilados o violentados y violentadas en una ciudad donde hacer parte de las diversidades sexuales y de género sigue siendo «motivo de burla, exclusión y vulneración de derechos».

El acceso a la salud es otro de los obstáculos. Ale denuncia que en Villavicencio no existen especialistas para sus procesos de tránsito, lo que centraliza la atención en Bogotá. Además, relata episodios de revictimización y falta de sensibilidad por parte del personal médico, quienes utilizan un lenguaje que invalida sus identidades. Ale recuerda con indignación a un internista local: «hubo un doctor que me comenzó a decir ‘Madre’… le tuve que decir como unas dos, tres veces y seguía diciéndolo».
A esto se suma el «gatekeeping» o tutelaje médico, donde a las y los pacientes jóvenes se les imponen excesivas citas psicológicas bajo la premisa de que «no saben lo que están haciendo con su vida», invalidando su identidad trans y no binaria.
Las barreras también se expresan en el acceso desigual al trabajo y a los derechos laborales. De acuerdo con datos recopilados por Caribe Afirmativo a partir del Censo Nacional LGBTI del DANE, el 42,7% de las diversidades sexuales y de género en Colombia se encuentra en situación de desempleo o vinculada a trabajos informales sin garantías laborales, mientras que en la población trans esta cifra asciende al 72%.
La exclusión del mercado laboral formal obliga a muchas personas a recurrir a economías de subsistencia y actividades precarizadas, limitando su acceso a seguridad social, estabilidad económica y protección frente a riesgos laborales. Orión cuenta por ejemplo que ninguna de las personas integrantes de Orgullo Crítico está contratado o contratada formalmente. Estas brechas evidencian que la lucha por los derechos no se agota en el reconocimiento de sus identidades, sino que también pasa por garantizar condiciones materiales de vida digna y oportunidades laborales libres de discriminación.
A esto se suma el «gatekeeping» o tutelaje médico, donde a las y los pacientes jóvenes se les imponen excesivas citas psicológicas bajo la premisa de que «no saben lo que están haciendo con su vida», invalidando su identidad trans y no binaria.
Las barreras también se expresan en el acceso desigual al trabajo y a los derechos laborales. De acuerdo con datos recopilados por Caribe Afirmativo a partir del Censo Nacional LGBTI del DANE, el 42,7% de las diversidades sexuales y de género en Colombia se encuentra en situación de desempleo o vinculada a trabajos informales sin garantías laborales, mientras que en la población trans esta cifra asciende al 72%.
La exclusión del mercado laboral formal obliga a muchas personas a recurrir a economías de subsistencia y actividades precarizadas, limitando su acceso a seguridad social, estabilidad económica y protección frente a riesgos laborales. Orión cuenta por ejemplo que ninguna de las personas integrantes de Orgullo Crítico está contratado o contratada formalmente. Estas brechas evidencian que la lucha por los derechos no se agota en el reconocimiento de sus identidades, sino que también pasa por garantizar condiciones materiales de vida digna y oportunidades laborales libres de discriminación.

La raíz colonial de la opresión
Para las personas que integran Orgullo Crítico, estas violencias no son hechos aislados. Detrás de la discriminación familiar, las barreras en el acceso a la salud, la precariedad laboral y las agresiones en el espacio público existe una estructura histórica profunda. Por eso, además de construir espacios de cuidado y resistencia, la colectiva también se pregunta por el origen de esas opresiones y por las formas en que han sido reproducidas. Comprender las raíces del machismo, la heterosexualidad obligatoria y la exclusión de las identidades diversas implica mirar hacia la historia colonial de América Latina.
Ale explica que la decisión de enunciarse desde la decolonialidad surge al comprender que «todas las formas de opresión tienen una raíz colonial». El machismo, el racismo y la heterosexualidad obligatoria no son naturales, sino imposiciones históricas que persisten en la sociedad actual. Orión Vargas concuerda en que “todas las violencias están interconectadas en una red que nos precariza”.
Una de sus referentes en esta postura decolonial, cuenta Ale, es Ochy Curiel, activista y teórica de República Dominicana que aporta en esa mirada crítica sobre la raíz colonial de las opresiones. Como dice Oliver: “siempre profundizamos demasiado. Se hacen los espacios con una intención, por ejemplo, ver la película, leer algo, comer algo, hablar y se suele debatir preguntándonos ¿por qué lo vemos desde esa manera? Comparando las diferentes visiones de cada y una cada y compartiendo las experiencias distintas. Es constante aprendizaje”.
Para Oliver, unirse a la colectiva le brindó la fuerza necesaria para visibilizarse y, sobre todo, el alivio de sentir que «no ha estado realmente tan solo» al encontrar a otros hombres trans en un entorno que los invisibiliza. Orgullo Crítico busca que las diversidades sexuales y de género no tengan que enfrentar las opresiones estructurales en soledad.
Para las personas que integran Orgullo Crítico, estas violencias no son hechos aislados. Detrás de la discriminación familiar, las barreras en el acceso a la salud, la precariedad laboral y las agresiones en el espacio público existe una estructura histórica profunda. Por eso, además de construir espacios de cuidado y resistencia, la colectiva también se pregunta por el origen de esas opresiones y por las formas en que han sido reproducidas. Comprender las raíces del machismo, la heterosexualidad obligatoria y la exclusión de las identidades diversas implica mirar hacia la historia colonial de América Latina.
Ale explica que la decisión de enunciarse desde la decolonialidad surge al comprender que «todas las formas de opresión tienen una raíz colonial». El machismo, el racismo y la heterosexualidad obligatoria no son naturales, sino imposiciones históricas que persisten en la sociedad actual. Orión Vargas concuerda en que “todas las violencias están interconectadas en una red que nos precariza”.
Una de sus referentes en esta postura decolonial, cuenta Ale, es Ochy Curiel, activista y teórica de República Dominicana que aporta en esa mirada crítica sobre la raíz colonial de las opresiones. Como dice Oliver: “siempre profundizamos demasiado. Se hacen los espacios con una intención, por ejemplo, ver la película, leer algo, comer algo, hablar y se suele debatir preguntándonos ¿por qué lo vemos desde esa manera? Comparando las diferentes visiones de cada y una cada y compartiendo las experiencias distintas. Es constante aprendizaje”.
Para Oliver, unirse a la colectiva le brindó la fuerza necesaria para visibilizarse y, sobre todo, el alivio de sentir que «no ha estado realmente tan solo» al encontrar a otros hombres trans en un entorno que los invisibiliza. Orgullo Crítico busca que las diversidades sexuales y de género no tengan que enfrentar las opresiones estructurales en soledad.



