Como artista feminista, Julieth ha procurado aportar a la creación de espacios seguros para las mujeres haciendo uso de la bici en Villavicencio. 

Julieth Barbón se crió en Villavicencio, donde llegó a los dos años de edad junto a su familia debido a las frecuentes crisis asmáticas de su hermano mayor, a quien un clima como el de Bogotá no le convenía. Allí la temperatura desciende en promedio a los 14°C. 

A sus 23 años, es una joven soltera y sin hijos, pero con dos mascotas gatunas a las que adora. Estudió comunicación gráfica en la Corporación Universitaria Minuto de Dios y ha trabajado en litografías y de manera independiente. Actualmente labora como diseñadora de la Corporación Cultural de Villavicencio.

Recuerda su niñez cargada de juegos en la calle, rodadas en bici, tardes de fútbol y partidos de béisbol en la cuadra junto a su papá y algunos vecinos. Aunque son memorias felices, fue en estos espacios en los que empezó a evidenciar situaciones de desigualdad de género.

Crecer en medio de una familia católica y de tintes conservadores, le llevó a cuestionarse las limitaciones que se le imponían por el hecho de ser mujer. Ver a su hermano como una figura protectora y no poder hacer algunas cosas que él sí, le llevó a creer que era débil y dependiente. 

Además, ha sentido la inequidad en su hogar cuando le imponen más labores domésticas que a su hermano solo por el hecho de ser mujer. Pero esta no es la única presión que ha enfrentado. En la calle, en el transporte público y en el trabajo, ha tenido que soportar ese mal que sufren las mujeres, casi desde que adquieren conciencia: el acoso callejero. Según la Fiscalía, de 4 denuncias que se presentaban en 2008, la cifra ha aumentado a 1.656 en 2017. La misma entidad afirmó que a 10 de enero de 2018, los casos por acoso sumaron 11.098, de los cuales 6.000 se encuentran inactivos.

Fue así que a raíz de su proyecto de grado, que se llamó “Muralismo: Espacio para la promoción de la identidad de género”, aprendió sobre feminismo, identidad de género, educación sexual y no discriminación hacia las personas diversas. “Empecé a preguntarme, a cuestionarme, a aprender y a compartir más espacios con mujeres”. 

Julieth Barbón. Foto: Fredy Monroy

Verse inmersa en estos conocimientos, le llevó a rodearse de mujeres con su misma postura crítica y una pasión en común: la bici. Tras conocer a sus amigas Paola Castro y Juanita Suárez, se fundó la colectiva artista feminista Bici-osas. 

Julieth descubrió su pasión por la bicicleta cuando era estudiante universitaria, pues ir a estudiar en horario nocturno teniendo que cursar también algunas asignaturas en horas de la mañana, le resultaba costoso a la hora de movilizarse en transporte público. Pagaba $1.700 por cada pasaje. Eso sin contar las ocasiones en las que debía reunirse con sus compañeros/as para hacer tareas grupales.

Aun así, con la bici descubrió la independencia ante el hecho de poder movilizarse libremente sin preocuparse por el dinero que implicaría su desplazamiento. Con cada gota de sudor, con cada pedaleo y con cada trayecto, Julieth supo que la bici era su medio de transporte ideal.

Es por eso que desde Bici-osas, usa el arte como movimiento social, político y cultural y a su vez utiliza la bici como herramienta para generar autonomía e incentivar en las mujeres el sentido de pertenencia por la ciudad y tomarse esos espacios que generalmente resultan sombríos para una mujer que los transita sola y a altas horas de la noche. 

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Este hecho la ha llevado a ver con preocupación la situación de violencias contra la mujer en la ciudad dados los recientes feminicidios registrados, los cuales, en su mayoría, continúan en impunidad. Culpa a las instituciones de la precaria atención a estos hechos y del poco avance para esclarecerlos. “Las entidades públicas, la Fiscalía y la Policía no siguen dando trascendencia, y estas son las que protegen, las que tienen que velar porque no siga habiendo desigualdad ni feminicidios. Cuando en serio se capaciten y tengan una perspectiva de género, podremos ver a una Villavicencio mejor.” Pero no se siente optimista al respecto, asegura que las rutas de atención no funcionan y quienes terminan ayudando en este tipo de casos, son sus compañeras, esas amigas feministas que se han motivado a convertirse en veedoras de estos procesos. 

Julieth en una de sus más grandes pasiones: el arte. Foto: Carlos Font.

Julieth se define como activista artista feminista, posturas que ha formado con base en los micromachismos vividos durante su infancia. “Que nos limiten las posibilidades de querer como queramos ser, me hizo pensar en todas esas mujeres que han crecido en una cárcel mental y física. Me motivé a ser feminista, porque quiero despertar y creer en que podemos ser una ciudad, país y sociedad más equitativa”. A veces esa pequeña esperanza que dice tener, parece desfallecer, pero la motivación en su lucha se renueva cuando se ve rodeada de mujeres con ganas de pensarse, deconstruirse y reconstruirse.

Para su vida, sueña con vivir de su arte, con lo justo, sin caer en el vicio de las banalidades. Anhela que cada vez más personas conozcan su talento e instruir a quienes quieran seguir sus pasos. Se visiona en un aula frente a soñadores como ella, siendo docente de arte. También quiere recorrer cada rincón de Colombia y el mundo, en la medida de las posibilidades, en bici. “Tal vez es un sueño un poco hippie, pero la abundancia que espero es más de conocimiento y experiencia que meramente económica.”.

Comunicadora social y periodista, con experiencia en prensa escrita, comunicación institucional y trabajo con comunidades vulnerables desde el enfoque de la participación política, defensa del territorio y comunicación para el cambio social.