*Por: Robin García

Las iniciativas de equidad en la mayoría de países de  América Latina y el mundo, son dirigidas  a incrementar la presencia de las mujeres en distintas instancias, en especial en puestos de alta dirección, y a fomentar la igualdad laboral. La impresión que se deduce es que, la gente percibe algunos de éstos postulados en favor de la mujer como capricho, abarcando todo como si la única finalidad fuera asegurar que la proporción que representan las mujeres en la sociedad se respete en los estratos superiores, sea de empresas, sea de espacios gubernamentales, siendo vistos estos procesos económicos como un cumplimiento y no en la fuerza de valor.

Es importante señalar que, una mayor participación femenina en la vida económica, constituye un elemento contrastado que contribuye al desarrollo económico familiar y empresarial. Está demostrado según los pilares de programas para la mujer del  Banco mundial, que  empíricamente  la tasa de educación femenina influye positivamente en la productividad general del trabajo

Uno de los argumentos que explicarían el efecto positivo de la participación femenina en la vida económica se encuentran en el comportamiento de la mujer, en temas como el ahorro y la inversión. Las mujeres centran la destinación del ahorro a favor de las necesidades básicas o en desarrollo de los hijos, manteniendo un equilibrio constante en el hogar y fortaleciendo hábitos en la siguiente generación, que podrá entonces tomar decisiones desde la fortaleza y no desde la necesidad .

Las mujeres  por lo tanto se anteceden más al riesgo y tienden a invertir en forma más productiva, porque se ha evidenciado que son más cuidadosas a la hora de emplear los recursos  en actividades con mayor certeza, que les puedan  servir  para responder a sus necesidades.

Según un informe del banco mundial, en 2012, a medida que los persistentes problemas económicos mundiales hacían  menos seguros los pronósticos optimistas y amenazaban con socavar los avances contra la pobreza y la desigualdad, era  importante comprender las fuerzas estructurales que impulsaron los posteriores resultados positivos. Éstas incluyen un mercado laboral más inclusivo, redes de protección ampliadas, mejores resultados educativos, estabilidad a nivel macro y tasas de crecimiento relativamente elevadas.

El informe exploraba la forma en que las mujeres jugaron un papel crucial en la disminución de la pobreza observada en la última década; con su tasa de participación laboral aumentando en un 15 por ciento entre 2000 y 2010. También plantea que cualquier progreso futuro demandará un mayor poder económico entre las mujeres y políticas más efectivas para fomentarlo.

Existe un trabajo constante, que exige la participación y el empoderamiento de la mujer, mediante el  acceso a información privilegiada en el área financiera, para que pueden soportar y desarrollar procesos misionales que vayan más allá del cálculo contable y la dirección administrativa, logrando el cumplimiento de objetivos constitucionales que perduren y trasciendan en el tiempo.

Así la situación actual nos sugiere mayor acceso de las mujeres a educación, salud, empleo y crédito, en pro de mejorar el nivel de crecimiento económico, que no sólo favorece el interés individual, sino que descarga la responsabilidad  social, sobre todo en colectivo, ya sea de familia, comunidad, ciudad o país.