En la actualidad, la mayoría de personas reconocen el primero de mayo como el “día del trabajo”, como un esperado día festivo, de descanso de la extenuante jornada laboral. Sin embargo, esta idea sobre esta fecha es producto de una tergiversación que desconoce los orígenes reales y conmemorativos que representa.

Para entender qué se conmemora el primero de mayo, o Día Internacional de los Trabajadores, se hace necesario remontarse hasta el siglo antepasado, en plenos albores de la Revolución Industrial en los Estados Unidos, donde en el año 1886 miles de obreros y obreras se alzan en huelgas para exigir la reducción de la jornada laboral, que para el momento eran de entre 16 y 18 horas de trabajo diarias, con salarios muy bajos, y en condiciones precarias, sobre todo para las mujeres, quienes históricamente han padecido condiciones de trabajo aún más injustas en comparación con los hombres.

Las exigencias eran: ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar, y ocho horas para disfrutar, convirtiéndose así la reducción de la jornada laboral en una bandera de lucha, que abogaba para que los obreros y obreras ya no dejaran más sus vidas en las fábricas.

Aun siendo ésta una lucha justa, las huelgas fueron reprimidas por las fuerzas policiales, dejando como producto manifestantes asesinados, heridos, y capturados, y también el suceso conocido en la posteridad como Los Mártires de Chicago, en el cual en medio de un juicio donde no se logró comprobar la culpabilidad de ocho obreros sindicalizados de filiación anarquista que habían sido capturados, se condena a uno de ellos a una pena de 15 años de prisión, dos a cadena perpetua, y cinco a la horca, esto como un castigo ejemplar para todos los huelguistas que intentaban trastocar el orden establecido.

Tres años después de tan lamentable suceso, y en el marco de la II Internacional, se declara el primero de mayo, como el Día Internacional de los Trabajadores, fecha que se conmemora desde entonces, y donde en diferentes países año a año se muestra que hay una lucha en rechazo a la explotación que sigue vigente, pues, aunque nos encontremos a 136 años de los sucesos que dan su origen, la explotación laboral sigue siendo una realidad.

No se puede desconocer que parte de la población no goza ni siquiera del derecho de trabajar una jornada laboral de ocho horas, con lo que no podemos aún hablar en nuestro contexto de condiciones dignas de trabajo, pues además, tiene lugar la tercerización laboral y en la actualidad la forma más común de contratación de los trabajadores es por prestación de servicios, una modalidad que desconoce los derechos de los y las trabajadores y exime de responsabilidades al empleador, y cuando aún peor, se ha considerado la implementación de la contratación por horas, una forma de precarizar aún más las condiciones laborales, por lo que se puede afirmar que, hoy día persisten parte de las condiciones que alentaron en 1886 las huelgas de los obreros y obreras.

Tiene lugar entonces hoy reflexionar sobre estos asuntos, y reconocer el primero de mayo no como un día de fiesta, sino como un día de lucha, una lucha que, aunque inacabada, ha logrado considerables conquistas, que le costaron a muchos y muchas la vida, y merece ser conmemorada con respeto en las calles.

Soy una mujer joven del municipio de San Carlos, actualmente estudiante de pedagogía, con interés en experiencias relacionadas con pedagogía social y trabajo con comunidades, especialmente rurales.