
Memorias del Agua: Diez años de la Red de Acueductos Comunitarios de Villavicencio
ACER Agua Viva cumple una década resistiendo a través de la gestión comunitaria del agua. Para conmemorar estos años, consolidaron el proyecto «Memorias Hidrosociales», una iniciativa que busca recuperar la historia de los acueductos, caños, ríos, y humedales de Villavicencio frente a las crecientes amenazas de especulación urbana, estigmatización y trato desde la lógica de propiedad privada cuando responden a una economía solidaría.
Según Adriana Baquero, presidenta de la red, con este espacio se quiere “visibilizar el proceso, para que la ciudadanía comprenda que el agua es mucho más que un servicio técnico”. El concepto central de esta labor es el «ciclo hidrosocial», una visión que busca entender las relaciones humanas con el recurso hídrico.
La metodología del proyecto se centró en los «Laboratorios Creativos del Agua«, los cuales integraron talleres de promoción de lectoescritura, comunicación gráfica, divulgación científica y conversatorios comunitarios. El proceso se dividió en diez encuentros o talleres realizados durante el 2025, los cuales se llevaron a cabo en espacios diversos como bibliotecas comunitarias, salones comunales y las propias plantas de tratamiento de los acueductos de barrios como Las Américas, Playa Rica, La Pradera, Villa Lorena, Montecarlo, Villa del Río, entre otros.
La dinámica consistía en jornadas completas de educación ambiental creativa donde participaron de manera constante 15 adultos y 25 niños. Según Nelson Pineda, biólogo del proyecto, se dividió a los asistentes en «gestores comunitarios» -adultos- y «polinizadores» -niños, niñas y adolescentes-, realizando clases teóricas seguidas de caminatas interpretativas ocho días después para reconocer las fuentes hídricas y su estado de conservación.
El cierre del proyecto fue una exposición museográfica en el barrio Villa del Río realizada a finales de noviembre y principios de diciembre del 2025, donde se destacaron los resultados finales de una década de trabajo de ACER Agua Viva. La muestra incluyó materiales producidos en los talleres, como dibujos de niños, niñas, adolescentes y adultos que rescataron la memoria histórica de los acueductos y las aguas que los abastecen. Además, se exhibieron fotografías de las visitas a las bocatomas, piedras recolectadas en los recorridos por el Piedemonte y equipos utilizados para la medición de la calidad del agua.
Posteriormente, se consolidaron dos fanzines y una cartilla donde se reúnen las experiencias del proyecto, de las personas participantes, niños, niñas, jóvenes, que con los recorridos y reflexiones, aportaron a construir las memorias hidrosociales de los acueductos comunitarios de Villavicencio y de las fuentes hídricas.
Ese trabajo de memoria ocurre en una ciudad donde los acueductos comunitarios han sido fundamentales para garantizar el acceso al agua. En Villavicencio, cerca del 40 % de los barrios dependen de estas organizaciones, especialmente en sectores periféricos donde el servicio del acueducto municipal ha sido históricamente insuficiente o intermitente.
Su importancia se hizo aún más evidente tras la crisis desatada por el derrumbe de Quebrada Honda y que está próxima a cumplir un año. Mientras el sistema operado por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio colapsaba, muchos acueductos comunitarios han sostenido el abastecimiento en distintos barrios, convirtiéndose no solo en prestadores del servicio, sino también en redes de cuidado y organización comunitaria.
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Nelson Pineda, quien ha acompañado los recorridos por las fuentes hídricas, alerta sobre nuevas tendencias que impactan los acueductos. Denuncia que “la moda de los glamping, de todas esas cabañas que están haciendo en Buenavista… está contaminando las fuentes hídricas” debido a pozos sépticos mal construidos cuyos desechos se filtran hacia tomas de agua como la de La Azotea.
El biólogo critica la gestión de entidades ambientales como Cormacarena, ante su indiferencia en su responsabilidad de administración ambiental en lugares como el Humedal Coroncoro, que presenta abandono de sus senderos, en su mantenimiento, señalización descontextualizada e ingreso de aguas residuales de los barrios vecinos.
Entre la flora y fauna registradas con nombres científicos o técnicos en las fuentes, se mencionan especies vegetales como la Cañabrava (Arundo donax), cuyas varas secas (veradas) se usan tradicionalmente para fabricar cometas o «pitingles», y la Guadua (Guadua angustifolia), fundamental en los ecosistemas de la zona. El equipo identificó orquídeas del género Dendrobium, así como plantas epífitas de los géneros Monstera y Tillandsia, estas últimas consideradas bioindicadoras de la calidad del aire.
En el grupo de aves se observaron especies del género Pitangus (conocidos localmente como pitangos o azulejos), mientras que en mamíferos destacó el mono ardilla, endémica del Piedemonte Llanero que, aunque es común verla en Villavicencio, representa una rareza biológica a nivel global.
Los acueductos comunitarios surgieron históricamente por la incapacidad del Estado para proveer agua potable en zonas de expansión o asentamientos informales. Sin embargo, hoy enfrentan la presión de la Superintendencia de Servicios Públicos. La red denuncia que los procesos de formalización los asfixian con cargas administrativas, pues la normativa “nos termina definiendo como empresas privadas y no como iniciativas de economía solidaria”, expresa Adriana.
Esto implica costos de hasta $ 800 000 pesos mensuales por el acceso a plataformas y la generación de más de 25 formularios diferentes, algo insostenible para comunidades de bajos recursos. En barrios como Las Américas, la situación es crítica debido a que el Estado les adeuda millonarias sumas en subsidios para estratos 1 y 2 que nunca fueron transferidos efectivamente. Ante esto, la consigna es clara: “para tener vivienda digna se necesita acceso al agua”
Para asegurar la integración generacional, ACER trabaja con niños y jóvenes, apodados «escuelas de polinizadores». El objetivo es crear en ellos y ellas una conciencia profunda, como expresa el fontanero más joven de la ciudad, Alejandro Acosta, de 28 años: “El agua es fuente de vida”. A través de juegos y caminatas interpretativas, se les enseña que los ecosistemas no son simples proveedores, pues, como se recalca en uno de los Fanzines del proyecto, “los páramos no son fábricas de agua”, sino esponjas naturales que requieren cuidado y respeto.
En febrero de este año, ACER Agua Viva hizo la denuncia pública de la detención de una lideresa y de líderes del acueducto de Playa Rica, en medio de una posible persecución política. Fueron llevados a la URI del barrio Siete de Agosto con el argumento de estar cometiendo «delitos ambientales», Adriana Baquero expresa que no se estaba tumbando ningún árbol ni cometiendo ninguno de los cargos que se les acusaba. Fue tras la movilización social y la protesta pacífica que quienes estaban realizando labores de mantenimiento fueron dejados en libertad.
El mayor desafío para la red es concretar un “ordenamiento territorial alrededor del agua”, el cual, aseguran, solo es posible si se garantiza la “justicia social” y se reconoce el esfuerzo de quienes, con sus propias manos, han construido la infraestructura vital de la ciudad. A pesar de las amenazas y las cargas institucionales, después de una década de trabajo, la red no solo logró consolidarse como referente regional, sino también participar en escenarios nacionales donde se discute el reconocimiento de la gestión comunitaria del agua.
Sus integrantes han incidido en la construcción de políticas públicas locales y hacen parte de procesos nacionales que impulsaron el reciente Decreto 0960 de gestión comunitaria del agua en Colombia, una normativa que reconoce el papel histórico de los acueductos comunitarios y abre la puerta a un enfoque diferencial para estas organizaciones.
ACER proyecta ampliar las escuelas de “polinizadores”, recuperar corredores ecológicos en las cuencas urbanas y consolidar un modelo de ciudad que reconozca el agua como un bien común y no solo como un servicio. En los recorridos con niños, niñas, jóvenes y comunidades, la red insiste en que cuidar el agua implica también proteger los bosques, la biodiversidad y las montañas donde nacen las quebradas y caños. Esa visión, construida desde los barrios y las bocatomas comunitarias, es la que esperan dejar como legado: una ciudad capaz de recordar que gran parte de su historia y de su supervivencia ha fluido siempre alrededor del agua.
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A continuación puede encontrar los dos fanzines y la cartilla resultado del proyecto de Memorias Hidrosociales















