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La Guardiana del Chiribiquete: campesinado en Guaviare protege bosques en una zona afectada por deforestación

-En la primera Zona de Reserva Campesina de Colombia creada completamente sobre territorio de reserva forestal, sus habitantes le apuestan a la conservación de sus bosques.

-Son 198 000 hectáreas estratégicas para la conservación, identificadas gracias a una zonificación ambiental, productiva y participativa. 

-Desde La Guardiana del Chiribiquete se han impulsado proyectos de viveros, ganadería regenerativa, aprovechamiento de madera y frutos amazónicos, así como turismo sostenible alrededor del bosque. 

-El monitoreo comunitario ha sido fundamental para identificar diversidad de especies que están presentes en el territorio y evidencian el valor biológico de lo que el campesinado está cuidando.

Martín Alejandro Pérez tiene siete años. Es inquieto, juguetón y carismático. Usa botas pantaneras, habla con las reses como si fueran sus amigas y conoce su finca de extremo a extremo. 

Soñaba con tener su propio árbol de cacao y después de mucho insistir, hace dos años, su padre finalmente le dijo:

—Si usted quiere tanto un árbol de cacao, pues haga su alcancía, cómprelo y siembrelo. 

Ese árbol hoy crece en la finca donde Martín y su familia viven en medio de los bosques de la vereda Caño Caribe, en Calamar, un municipio amazónico del departamento de Guaviare, ubicado al sur del país, con 11 618 habitantes y donde, según datos de Global Forest Watch, en 2024 se perdieron 7900 hectáreas de bosque. Desde el 25 de noviembre de 2025 son parte de las 4430 personas que integran oficialmente la Zona de Reserva Campesina (ZRC) La Guardiana del Chiribiquete.
Manos de Martín Alejandro Pérez. En 2024, el municipio de Calamar contaba con 331 hectáreas sembradas de cacao, de las cuales se cosecharon 316, alcanzando una producción total de 126,40 toneladas. Foto: Simón Zapata Alzate.
Se trata de una figura de ordenamiento territorial que nació en 1994 con el objetivo de establecer reglas que faciliten la gobernanza campesina de los territorios, la conservación de la naturaleza, frenar la deforestación y promover la agricultura sostenible. Actualmente hay 21 ZRC en Colombia, 14 de ellas consolidadas en el gobierno de Gustavo Petro. 

El caso de La Guardiana del Chiribiquete es único en Colombia porque es la primera ZRC que, en su totalidad (198 000 hectáreas), se encuentra dentro de una Zona de Reserva Forestal de Ley Segunda, áreas creadas en 1959 que cubren aproximadamente el 42 % del territorio nacional y que, a diferencia de las áreas naturales protegidas donde la prioridad es conservar la naturaleza, permiten ciertos usos productivos compatibles con el bosque, como el aprovechamiento forestal sostenible y los sistemas agroforestales y silvopastoriles.

Daniel Dueñas, abogado y politólogo del Centro de Alternativas al Desarrollo (CEALDES), una asociación sin ánimo de lucro que busca la construcción participativa de alternativas a conflictos socioambientales y que ha acompañado a las comunidades de Calamar en el proceso de la ZRC, explica que “aunque no se abre la puerta a la entrega de títulos de propiedad privada, sí se da el reconocimiento por parte del Estado de que allí hay campesinado, cosa que no se había hecho. Por eso es un triunfo popular”.
 Insignia de «La Guardiana»: El jaguar y la guacamaya junto al campesino y su plátano simbolizan la armonía territorial; este cultivo es uno de los más representativos en los cuatro núcleos de la reserva. Foto: Simón Zapata Alzate
Calamar es un municipio ubicado en plena selva amazónica colombiana. La consolidación de esta zona de reserva campesina fue un proceso que inició tras la firma del Acuerdo Final de Paz entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC-EP) en 2016, cuando nació la Asociación de Campesinos y Trabajadores de la Región de los Ríos Unilla e Itilla (ASCATRUI), organización de base que comenzó a impulsarla. José Diáfanol Aguirre, presidente de ASCATRUI desde 2020, llegó del departamento de Arauca en 2016, víctima de desplazamiento forzado. Es médico veterinario de profesión y justifica que “esta zona se haya convertido en ganadera en que las vías de acceso no han sido suficientemente buenas para que la gente cultive. 

De acuerdo con Global Forest Watch, entre 2002 y 2024 el municipio perdió cerca de 99 000 hectáreas de bosque primario húmedo. Tras el Acuerdo de Paz, la deforestación aumentó de manera acelerada, pasando de 2 200 hectáreas en 2016 a 9 400 en 2017, y alcanzando su punto más alto en 2018 con 13 000. 
Veiler Peña, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales de ASCATRUI dice que esto se da por “esa transición entre el apogeo del cultivo de hoja de coca y la ganadería como una nueva economía para el campesinado”. Además, este territorio está marcado por una débil presencia institucional, a lo que se suma el control territorial de los actores armados, factores que han intensificado la presión sobre los bosques y sobre áreas estratégicas de conservación como el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete.
Elaboración: Mongabay Latam
Zonificación ambiental y participativa

Janneth García y Elver Pérez, madre y padre de Martín Alejandro, llegaron a Calamar en 2018, cuando su hijo tenía apenas un año. Son oriundos del departamento de Arauca, en la Orinoquía colombiana, y tuvieron que desplazarse de ese territorio debido al conflicto armado. Su finca se llama La Bonanza y cuenta con 18 hectáreas de bosque natural y una fuente hídrica que los abastece. 

En este pequeño enclave de selva se han registrado diversos mamíferos como la danta (Tapirus terrestris), el ocarro o armadillo gigante (Priodontes maximus), el venado cola blanca (Odocoileus virginianus) y el imponente oso palmero (Myrmecophaga tridactyla). Esta información la recolectaron con el acompañamiento de la organización WWF Colombia, entre 2022 y 2023. Es importante porque la presencia de estas especies es evidencia del trabajo que se ha hecho: “cuidar lo que quedaba y restaurar para conectar los bosques”, cuenta Janneth García. 

También se han registrado el oso hormiguero amazónico (Tamandua tetradactyla), la lapa (Cuniculus paca) y una variedad de primates como el churuco (Lagothrix lagothricha), el mono maicero (Sapajus apella) y el mico tití (Saguinus leucopus). 
Para garantizar la restauración de las cuencas, los acuerdos comunitarios establecen franjas de protección obligatorias de 100 metros para ríos y 30 metros para caños. Foto: Simón Zapata Alzate
Juan Francisco García, ingeniero forestal, especialista en restauración ecológica e integrante de WWF cuenta que la figura de la ZRC “es estratégica porque la idea de conformar una reserva en estos territorios tan importantes parte de una iniciativa comunitaria. Nosotros aportamos a las organizaciones, particularmente a la ASCATRUI,  a la que pertenece la familia de Janneth y Elver, en todos los procesos de caracterización socioambiental para dar elementos para la formulación del plan de desarrollo sostenible de la reserva”.

Este plan de desarrollo se construyó de manera conjunta entre las comunidades de las 26 veredas que conforman los cuatro núcleos de La Guardiana del Chiribiquete. Se decidió que 87 771 hectáreas (47.91 % del área total) se destinarán a la categoría de Protección–Conservación, mientras que 65 164 hectáreas (el 35.57 %) se asignaron a la de Desarrollo Sostenible. El 16,52% restante del territorio se distribuye en categorías de restauración (para protección y para uso sostenible) y para la estabilización de la economía campesina, con el fin de consolidar la ocupación humana sin expandir la frontera agrícola

Este proceso se hizo de manera participativa y se denomina zonificación ambiental, que es un requisito obligatorio para todas las ZRC del país y consiste, según Juan Francisco García, “en la definición de las zonas estratégicas para la conservación, la restauración y donde se puede hacer un posible desarrollo o uso del suelo para la producción, enmarcado en un modelo sustentable”. 

Lea también: Se aprueba creación de Zona de Reserva Campesina: La Guardiana del Chiribiquete

En cuanto a la actividad productiva, los cultivos representativos son la yuca (Manihot esculenta), el plátano (Musa × paradisiaca), el maíz (Zea Mays), el cacao (Theobroma cacao), el arroz (Oryza sativa L.), la caña (Saccharum officinarum) y las naranjas (Citrus × sinensis). Además, destacan cultivos amazónicos como el copoazú (Theobroma grandiflorum) y el sacha inchi (Plukenetia volubilis).

Entre los puntos más relevantes de los acuerdos comunitarios e interculturales alcanzados con los resguardos indígenas vecinos (Itilla y La Yuquera) y asentamientos como Bocas de Caño Caribe, se encuentran compromisos clave para la convivencia y el cuidado del territorio, entre los que destacan: el respeto mutuo a los linderos territoriales y la definición del río Itilla como frontera natural, la prohibición del uso de mallas como método de pesca para proteger la fauna acuática del río Itilla, la restricción de caza de especies clave para el ecosistema y la cultura, como la danta y el paujil, y el compromiso de limitar el avance de la frontera agrícola hacia las áreas de los resguardos indígenas. 
El Plan de Desarrollo Sostenible identificó 2.034 predios en toda la ZRC. Foto: Simón Zapata Alzate.
La familia de Janneth García y Elver Pérez se ha dedicado al aprovechamiento agroforestal del cacao, a la siembra de frutales como las naranjas, limón (Citrus × limon), guamas (Inga edulis) y aguacates (Persea americana), a la ganadería regenerativa con un sistema silvopastoril y cercas vivas como linderos, y a la meliponicultura —cría y manejo técnico de abejas nativas sin aguijón—. 

Monitoreo comunitario para el cuidado de la naturaleza

En la sede de ASCATRUI se encuentra un vivero, desde allí se observa la extensa sabana amazónica deforestada en Calamar, interrumpida apenas por algunos parches de bosque. Según el Plan de Desarrollo Sostenible de la ZRC, aproximadamente el 48.8 % del territorio, es decir 90 450 hectáreas, “presenta un alto nivel de intervención antrópica, lo que refleja una presión significativa sobre sus ecosistemas”. Sin embargo, el porcentaje restante, más de la mitad, sigue siendo selva que el campesinado tiene el objetivo de conservar. 

Janneth García cuenta que estos bosques están interconectados entre las fincas y ese corredor ecológico llega hasta el Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete. Además, describe estos lugares con misticismo: “cuando usted entra, se enamora. Pasa algo curioso y es que usted entra y a los cinco o diez minutos de estar caminando, llueve. Y al salir ya no está lloviendo. Afuera no llovió, sólo llovió en ese pedacito de selva. Es algo mágico. Las personas que viven acá de toda la vida cuentan que en los bosques hay duendes y que si usted no lleva ofrendas y las deja por ahí, se pierde”.

De la mano de WWF Colombia, las comunidades de La Guardiana del Chiribiquete monitorean estos territorios. Jehison Bohorquez, secretario de la Cooperativa Multiactiva Agroforestal del Itilla (COAGROITILLA), una organización aliada a ASCATRUI, cuenta que han instalado tres cámaras trampa en las fincas El Tropezón, La Flor de la Amazonía y El Diamante.

Así han logrado identificar especies objeto de conservación y especies sombrilla como el jaguar (Panthera onca), el águila arpía (Harpia harpyja) y el ocarro (Priodontes maximus). Juan Francisco García relata que particularmente hay un grupo de aves que son una señal del mejoramiento de los ecosistemas: “las aves frugívoras, o sea, que comen frutos y que están asociados a procesos de dispersión de semillas, como la pava blanca (Penelope albipennis). Con las cámaras trampa hemos visto que se ha incrementado su presencia tanto en las zonas que se están destinando a la restauración como en las zonas que se están conservando”.
Jaguar (Panthera onca) Foto: cortesía de la comunidad.
La gente que vive en La Guardiana del Chiribiquete es tan consciente de la importancia de la conservación del territorio que en el Plan de Desarrollo Sostenible de la ZRC expresan: “Los campesinos sabemos que nuestro bienestar depende del cuidado de los bosques que quedan en pie, que nuestros animales vivirán mejor si se restauran las rondas de los caños y ríos, que habrá más diversidad de animales si se conectan los bosques que hoy se encuentran desconectados del Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete, que la ganadería debe ser más eficiente y debe ser ordenada y que hay economías que pueden representar mejores ingresos y que tienen un impacto mucho menor en el ambiente”. 

José Diáfanol Aguirre concluye que uno de los primeros pasos para implementar ese Plan de Desarrollo Sostenible es la consolidación de tres fincas piloto, o modelo: una de frutos amazónicos, otra de ganadería regenerativa y otra de productos maderables. 

Zonas de Reserva Campesina: una alternativa para cuidar la selva

Alcira Martínez es la presidenta de la Asociación Productora de Alimentos del Itilla (APROALITILLA), de la vereda Brisas del Itilla en el municipio de Calamar. Esta organización está conformada por 32 mujeres que trabajan en viveros, con pollos incubadores, gallinas de engorde (Gallus gallus domesticus) y cerdos (Sus scrofa domesticus). A su vez, forman parte de ASCATRUI y entre sus apuestas se encuentran la transformación de productos lácteos, la producción avícola y porcina, así como la construcción y aprovechamiento de viveros. 

Nosotras las mujeres deseamos y queremos salir adelante por nosotras mismas y ser empoderadas para que surjan muchas cosas en nuestras veredas, mucho trabajo y poder seguir conservando la selva”, afirma Martínez, enérgica, sentada en el vivero de ASCATRUI, en la vereda Esmeralda. 
Alcira Martínez. El Plan de Desarrollo Sostenible proyecta la creación de la Casa Itinerante de la Mujer Campesina y una Escuela de Redistribución de Cuidados, buscando disminuir las brechas de participación y fomentar su autonomía económica y política. Foto: Simón Zapata Alzate.
En este vivero hay un mural con la imagen que ha sido insignia y símbolo de La Guardiana del Chiribiquete: un jaguar, una guacamaya, los tepuyes de Chiribiquete y el campesinado trabajando la tierra. José Diáfanol Aguirre asegura que recolectan semillas en muchas de las fincas de la ZRC. “No permitimos traer semillas de otra parte porque no queremos enfermedades sino todo lo que está acá en el territorio. Y todo gira en torno al agua. Las especies que propagamos en este vivero son para cuidar y proteger los nacimientos”, explica. 

Actualmente, la ZRC cuenta con cuatro viveros en veredas como La Esmeralda, Caño Caribe, La Ceiba y Primavera que, en su mayoría, son administrados por mujeres.

Entre los árboles que se encuentran en estos viveros están el algarrobo (Aym Courbaril), el arazá (Eygenia Stipatata), el moriche (Mauritia Flexuosa), el cedro amargo (Ceduela Odorata), el chontaduro (Bactris Gasipaes), el achapo (Cedrekubga cibterafirnus), el bucaro (Erythrino poeppigiana), el seje (Oenocarpus bataua), el asaí (Euterpe precatoria)  y por supuesto, el cacao.

Janneth García cuenta que se sembraron “por su valor ambiental, porque algunos nos contribuyen a la retención del agua, otros para que las aves tengan alimento y sea un espectáculo visual y auditivo en tiempo de cosecha y también por la economía de las familias”.
La ZRC ya cuenta con 154 predios bajo modelos agroforestales que combinan el cacao con maderables nativas como el roble y el cedro macho. Foto: Simón Zapata Alzate.
Por su parte, Juan Francisco García señala que hay tres especies clave que ya están bajo un plan de manejo y aprovechamiento que son el seje, el asaí y el cacao. Para este último árbol ya hay tres permisos de aprovechamiento en casi 7000 hectáreas para los próximos diez años. “Para las comunidades, esto les permite hacer manejo y gestión de productos no maderables que hacen parte de la transición de zonas de conservación a usos del suelo permitidos y basados en el manejo de la biodiversidad”. 

En las fincas como la de Janneth García y su hijo Martín Alejandro Pérez, ya aplican estrategias como la siembra de barreras de viento entre diferentes potreros, que además los diseñaron pequeños, para generar la conectividad entre los bosques. Tienen diferentes tipos de cacao, algunos más dulces que otros. “Esto también sirve para que los niños y niñas se motiven”. Son el futuro y quienes cuidarán la selva amazónica del Guaviare.

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Este reportaje es una alianza entre El Cuarto Mosquetero y Mongabay Latam.

Imagen principal:  Janneth García. Además de su valor alimenticio, las comunidades de las veredas Caño Caribe y Agua Bonita manifestaron utilizar el cacao para la fabricación de artesanías. Foto: Simón Zapata Alzate

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