Hace unos días terminé de leer la novela: Los chicos de la Nickel, del escritor estadunidense Colson Whitehead. Inspirada en hechos reales, narra los trágicos sucesos ocurridos en la Escuela Arthur Dozier, ubicada en Florida, Estados Unidos. 

La novela gira en torno a la vida de Elwood Curtis, y la influencia que tuvo en él, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, los discursos de Martin Luther King, y los emblemáticos espacios por la conquista de esos derechos; Montgomery, Washington, entre otros. A la par de estos sucesos históricos, nuestro protagonista lucha por cumplir su sueño de asistir a la universidad en una sociedad segregacionista. Sin embargo, ocurre un suceso fatal e incluso inverosímil que ocasiona su llegada a la Escuela Dozier, lugar donde la tortura y la discriminación racial estaban a la orden del día. 

En la vida real, esta Escuela se fundó en el año 1900 y perduró hasta el año 2011 cuando fue clausurada por motivos económicos. En teoría, Dozier era un lugar donde se buscaba reformar a jóvenes desobedientes en una sociedad disciplinaria. Sin embargo, el castigo, la tortura, la discriminación, entre otros, eran los métodos que se consideraban adecuados para lograr ciudadanos con conductas adecuadas y útiles al sistema económico.  

Producto de la demolición y las denuncias de estudiantes que pasaron por esta institución, en el año 2013, Dozier fue investigada por antropólogos forenses en el área del cementerio, donde se hallaron 55 cadáveres de jóvenes enterrados clandestinamente.  Además, otro de los lugares investigados fue la llamada “casa blanca”, lugar donde se golpeaba y torturaba. En la novela, Colson Whitehead, nos narra a partir de relatos de sobrevivientes, cómo se llevaba a cabo estos métodos de castigos.  

Imagen de reconocimiento facial de uno de los jóvenes hallados en el cementerio.
Foto: Tomada de BBC.

Colson Whitehead, hace de su novela un monumento literario a la memoria de los marginados, pero también, erige un monumento de hojas y de letras a la infamia y la vergüenza que nos debe ocasionar la discriminación racial, tristemente vigente al día de hoy. Novelas como esta, nos obliga hacer una mirada al interior de nuestras sociedades y cuestionarnos las conductas y formas de pensar que han sido validadas por ciertos grupos y que han permeado diferentes capas de la sociedad. 

Los chicos de la Nickel, tiene ese poder que el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez  le adjudica a este género literario “solo la novela puede contarnos lo que esas violencias le han hecho a nuestra frágil condición humana. Solo la novela puede mirarnos por dentro y contarnos lo que la guerra le ha hecho a eso que, a falta de mejor palabra, podemos llamar el alma”.  Con un giro inesperado en su final, la historia nos hace  reflexionar sobre la lucha por los derechos civiles, especialmente nos interpela por la dignidad que tenemos los seres humanos independientemente de nuestro color de piel. Esta novela, cobra vigencia cuando sucesos como la muerte de George Floyd y la de muchos otros en diferentes latitudes siguen aconteciendo y nos invita a cuestionar sobre lo irracional que es la discriminación racial.  La invitación está abierta para su lectura y reflexión. 

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¹García, M. (ed.)  ¿Cómo mejorar a Colombia? Colombia, 2018, p. 135.

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.