
El crecimiento de la escena de música electrónica en Villavicencio
Aunque la capital del Meta es ampliamente reconocida por su fuerte tradición llanera y los sonidos del joropo, la música electrónica ha venido ganando cada vez más espacio y público. Se trata de una comunidad que crece poco a poco, impulsada por la libertad, el baile, la empatía y el amor.
Cuando estás en un rave o fiesta de música electrónica, entras en una dimensión donde el espacio y el tiempo se alteran: sólo importan las vibraciones, los sonidos, las luces, el fluir de las energías, el baile, los amigos y las amigas. Cada persona baila a su manera, se conecta y siente de manera diferente. No hay una forma correcta de moverse en la pista.
La música intempestiva, te invade. Te atraviesa todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. El momento cúspide, la mejor parte de la experiencia, la sensación más bella, es cuando te miras a los ojos con las personas con las que estás, tus amigos y amigas. Es inevitable el abrazo y el agradecimiento: “a veces dejo de enfocarme en el DJ y me volteó a ver a mis amigas y pienso: ‘las amo’. Eso es magnífico, es muy bonito. Creo que a todo el mundo le pasa que ve a sus amigas y simplemente le dan ganas de abrazar y decir, ‘Gracias por estar acá conmigo’, porque es un espacio para nosotras”, cuenta Willow, una jóven de 20 años de Villavicencio.

Willow empezó a asistir a raves hace dos años aproximadamente. Su primera fiesta fue una organizada por Hype, uno de los colectivos pioneros en Villavicencio con más de una década de trayectoria. “Yo no entendía nada, pero la música me fue envolviendo. Esos sonidos y los visuales que ponen detrás de la persona que está tocando, en una pantalla, me estaban llevando a otro lugar”, recuerda.
La primera vez de Willow fue para analizar su entorno y responder a la pregunta “¿Qué está pasando?”. Escuchó gritos cuando la intensidad de la música subía y bajaba. “Dios mío, esto es increíble”, pensó. Se sumergió en la energía colectiva. “Nadie hablaba, nadie decía nada y todo el mundo bailaba solo, solo, solo, por sí mismo”.
Desde Chicago, Detroit y Berlín hasta Villavicencio
La música electrónica es un género que se produce utilizando tecnología de grabación y producción de audio. Se caracteriza por ritmos y sonidos que se generan por medio de sintetizadores y cajas de ritmos, en vez de instrumentos acústicos. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX con inventos como el fonógrafo de Thomas Edison y avances clave como la válvula audión de Lee De Forest, aunque el primer instrumento electrónico reconocido fue el theremin de León Theremin.
A partir de los años 60, con el desarrollo de sintetizadores por Robert Moog, la música electrónica empezó a consolidarse, expandiéndose en los 70 y 80 con su incorporación al rock en bandas como Pink Floyd y U2 de Inglaterra y Soda Stereo y La Máquina de Hacer Pájaros en Argentina. También se destacaron artistas experimentales como David Bowie.
Posteriormente se da el surgimiento de subgéneros de música electrónica como el house en Chicago, caracterizado por una influencia del funk y soul con líneas de bajo repetitivas, suaves y divertidas, pensadas para la pista de baile; y el techno en Detroit, con una estética minimalista, hipnótica y futurista, siendo más mecánico, oscuro y enfocado en la textura sonora y la progresión antes que en la melodía o las voces.
La primera vez de Willow fue para analizar su entorno y responder a la pregunta “¿Qué está pasando?”. Escuchó gritos cuando la intensidad de la música subía y bajaba. “Dios mío, esto es increíble”, pensó. Se sumergió en la energía colectiva. “Nadie hablaba, nadie decía nada y todo el mundo bailaba solo, solo, solo, por sí mismo”.
Desde Chicago, Detroit y Berlín hasta Villavicencio
La música electrónica es un género que se produce utilizando tecnología de grabación y producción de audio. Se caracteriza por ritmos y sonidos que se generan por medio de sintetizadores y cajas de ritmos, en vez de instrumentos acústicos. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX con inventos como el fonógrafo de Thomas Edison y avances clave como la válvula audión de Lee De Forest, aunque el primer instrumento electrónico reconocido fue el theremin de León Theremin.
A partir de los años 60, con el desarrollo de sintetizadores por Robert Moog, la música electrónica empezó a consolidarse, expandiéndose en los 70 y 80 con su incorporación al rock en bandas como Pink Floyd y U2 de Inglaterra y Soda Stereo y La Máquina de Hacer Pájaros en Argentina. También se destacaron artistas experimentales como David Bowie.
Posteriormente se da el surgimiento de subgéneros de música electrónica como el house en Chicago, caracterizado por una influencia del funk y soul con líneas de bajo repetitivas, suaves y divertidas, pensadas para la pista de baile; y el techno en Detroit, con una estética minimalista, hipnótica y futurista, siendo más mecánico, oscuro y enfocado en la textura sonora y la progresión antes que en la melodía o las voces.

Desde los 90, con el avance de la tecnología, empieza el apogeo de las fiestas rave y en los 2000 la accesibilidad a nuevas tecnologías democratizó su producción. Desde entonces se han posicionado las figuras del DJ, quien mezcla los sonidos electrónicos y la del productor o productora, quien los crea, como figuras centrales de una escena diversa y en constante evolución.
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la escena techno surgió en espacios abandonados ocupados por jóvenes para hacer raves ilegales, convirtiéndose en un símbolo de reunificación, contracultura y vida nocturna en Alemania. Inspirada en ese fenómeno global, la música electrónica comenzó a abrirse paso en Villavicencio hacia 2015 con géneros como house, afrohouse y guaracha. DJs locales como Giorgio y Eline recuerdan que al principio el techno era visto como una música “demasiado pesada”, incluso asociada a prejuicios sobre sonidos “demoníacos”.
Colectivos pioneros como Hype y Villavo Underground impulsaron la escena electrónica en la capital del Meta mediante fiestas organizadas de forma independiente y el voz a voz entre amigos y amigas. Con el tiempo, más DJs y públicos se fueron sumando. La pandemia fue un punto clave en la historia de la música electrónica en Villavicencio. Giorgio, que además es integrante del colectivo Ravedelic explica que «se empieza a tocar música un poquito más oscura y aparecen colectivos como Hertz”. Pilar Benito, conocida como Ina, también DJ y líder del proyecto ATXRAXIA, recuerda que una de sus primeras fiestas “fue una clandestina que se hizo en ese entonces, de este colectivo”.
Eline recuerda que durante una de estas fiestas clandestinas organizadas en medio del encierro, se difundió un vídeo en redes sociales, lo cual causó la llegada de la policía, la imposición de comparendos y una ruptura en la escena: “se mostraba a jóvenes consumiendo sustancias psicoactivas -SPA-, como cannabis, en plena pandemia, lo que hizo que el ambiente se cayera y nos dispersaramos”, recuerda.
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la escena techno surgió en espacios abandonados ocupados por jóvenes para hacer raves ilegales, convirtiéndose en un símbolo de reunificación, contracultura y vida nocturna en Alemania. Inspirada en ese fenómeno global, la música electrónica comenzó a abrirse paso en Villavicencio hacia 2015 con géneros como house, afrohouse y guaracha. DJs locales como Giorgio y Eline recuerdan que al principio el techno era visto como una música “demasiado pesada”, incluso asociada a prejuicios sobre sonidos “demoníacos”.
Colectivos pioneros como Hype y Villavo Underground impulsaron la escena electrónica en la capital del Meta mediante fiestas organizadas de forma independiente y el voz a voz entre amigos y amigas. Con el tiempo, más DJs y públicos se fueron sumando. La pandemia fue un punto clave en la historia de la música electrónica en Villavicencio. Giorgio, que además es integrante del colectivo Ravedelic explica que «se empieza a tocar música un poquito más oscura y aparecen colectivos como Hertz”. Pilar Benito, conocida como Ina, también DJ y líder del proyecto ATXRAXIA, recuerda que una de sus primeras fiestas “fue una clandestina que se hizo en ese entonces, de este colectivo”.
Eline recuerda que durante una de estas fiestas clandestinas organizadas en medio del encierro, se difundió un vídeo en redes sociales, lo cual causó la llegada de la policía, la imposición de comparendos y una ruptura en la escena: “se mostraba a jóvenes consumiendo sustancias psicoactivas -SPA-, como cannabis, en plena pandemia, lo que hizo que el ambiente se cayera y nos dispersaramos”, recuerda.

Cuerpo, alma, drogas, fiesta
Cannabis, tussi, éxtasis, MDMA, popper, cocaína: el uso de estas SPA en las fiestas está normalizado, pero debe ser consciente y cuidadoso. Con responsabilidad. Cuando uno las consume, dependiendo de los efectos puntuales de cada una, que pueden variar, el cuerpo y la mente se transforman.
Las luces son más intensas, sientes cosquillas en las manos, el latido del corazón se acelera, bailas con todo tu cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, un rayo de energía recorre toda tu espalda, los músculos se relajan y se liberan. Quieres más movimiento, las texturas de los objetos son más palpables: la curva musical te va llevando por un camino que pareciera que no es sobre la tierra sino sobre el cielo, por las nubes. Te atraviesa una felicidad infinita: quieres que ese momento sea eterno.
Justamente cuando Willow empezó a asistir a raves también comenzó su uso de estas SPA. “Nunca he tenido una mala experiencia. Con el paso del tiempo uno va notando que hay gente que no asiste a las fiestas solo por la música, sino también porque quiere ir a drogarse. No los juzgo. A veces las personas tienen sus cosas y solo quieren un espacio para ir a olvidarse de sus problemas y pensamientos. Por mi parte he tratado de tener un control de eso porque en exceso es muy malo”. relata.
Mauro Díaz, coordinador del servicio de análisis de sustancias de Échele Cabeza, un proyecto que busca generar y difundir información sobre SPA para la reducción de riesgos y daños, explica “cuando las personas tienen información pueden tomar unas decisiones guiadas para el autocuidado y esto hace que las intoxicaciones, las sobredosis, los ingresos a urgencias se puedan disminuir”. Por eso, lo recomendable es que cada vez que alguien vaya a consumir, esté completamente enterado de los efectos que hace en el cuerpo y cuáles son las dosis adecuadas, para poder disfrutar la experiencia.
Hay otros aspectos relevantes a la hora del uso de SPA que Mauro expresa para tener en cuenta: la hidratación y el no estar mal emocionalmente porque “la experiencia no va a poder ser tan llevadera como cuando la persona tiene un buen círculo de confianza que esté con ella acompañándola”.
Cannabis, tussi, éxtasis, MDMA, popper, cocaína: el uso de estas SPA en las fiestas está normalizado, pero debe ser consciente y cuidadoso. Con responsabilidad. Cuando uno las consume, dependiendo de los efectos puntuales de cada una, que pueden variar, el cuerpo y la mente se transforman.
Las luces son más intensas, sientes cosquillas en las manos, el latido del corazón se acelera, bailas con todo tu cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, un rayo de energía recorre toda tu espalda, los músculos se relajan y se liberan. Quieres más movimiento, las texturas de los objetos son más palpables: la curva musical te va llevando por un camino que pareciera que no es sobre la tierra sino sobre el cielo, por las nubes. Te atraviesa una felicidad infinita: quieres que ese momento sea eterno.
Justamente cuando Willow empezó a asistir a raves también comenzó su uso de estas SPA. “Nunca he tenido una mala experiencia. Con el paso del tiempo uno va notando que hay gente que no asiste a las fiestas solo por la música, sino también porque quiere ir a drogarse. No los juzgo. A veces las personas tienen sus cosas y solo quieren un espacio para ir a olvidarse de sus problemas y pensamientos. Por mi parte he tratado de tener un control de eso porque en exceso es muy malo”. relata.
Mauro Díaz, coordinador del servicio de análisis de sustancias de Échele Cabeza, un proyecto que busca generar y difundir información sobre SPA para la reducción de riesgos y daños, explica “cuando las personas tienen información pueden tomar unas decisiones guiadas para el autocuidado y esto hace que las intoxicaciones, las sobredosis, los ingresos a urgencias se puedan disminuir”. Por eso, lo recomendable es que cada vez que alguien vaya a consumir, esté completamente enterado de los efectos que hace en el cuerpo y cuáles son las dosis adecuadas, para poder disfrutar la experiencia.
Hay otros aspectos relevantes a la hora del uso de SPA que Mauro expresa para tener en cuenta: la hidratación y el no estar mal emocionalmente porque “la experiencia no va a poder ser tan llevadera como cuando la persona tiene un buen círculo de confianza que esté con ella acompañándola”.

El uso de SPA no se reduce únicamente a las fiestas de electrónica: “Las personas también usan sustancias en sus casas, en sus trabajos. También depende del tipo de sustancias. No es lo mismo hablar de éxtasis o de algún psicodélico como los hongos. La cuestión de frecuencia no está estrictamente determinada. Cada quien puede sentirse bien usando una sustancia cada cierto tiempo o otra sustancia con más frecuencia”, explica Mauro.
El alcohol también es una SPA. Mauro pone un ejemplo claro al respecto: Puede que una persona se tome una cerveza todos los fines de semana y está bien. Pero puede que otra tome cinco cervezas de una vez y eso la ponga mal, con episodios de violencia. “Lo determinante es la relación que cada quien tenga con la sustancia”.
Lo que sí es cierto es que las bebidas embriagantes cuentan con una amplia legitimidad social, mientras que otras SPA, consumidas con frecuencia en fiestas de música electrónica, cargan con fuertes prejuicios sociales, lo que también ha contribuido a que los raves sean estigmatizados. Un estudio del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y el Ministerio de Justicia evidencia que casi el 80 % de las muertes en Colombia relacionadas con el uso de SPA están asociadas al alcohol.
Aunque el consumo excesivo de alcohol suele estar relacionado con hechos de violencia, asistentes y organizadores de la escena electrónica aseguran que en los raves predominan dinámicas más empáticas y de cuidado colectivo.
En estos espacios, cuando ocurren casos de “malviaje” -experiencias negativas asociadas al consumo de SPA- “se activan protocolos de atención primaria y acompañamiento emocional, además de medidas de reducción de riesgos como el acceso al agua», dice Giorgio, y Eline agrega que «todo el mundo ayuda y se preocupa por esa persona”. A pesar de esto, Willow expresa que «los colectivos de aquí de Villavicencio deberían promover mucho más todo lo relacionado con el autocuidado, sobre todo para las personas que apenas están conociendo este mundo».
El alcohol también es una SPA. Mauro pone un ejemplo claro al respecto: Puede que una persona se tome una cerveza todos los fines de semana y está bien. Pero puede que otra tome cinco cervezas de una vez y eso la ponga mal, con episodios de violencia. “Lo determinante es la relación que cada quien tenga con la sustancia”.
Lo que sí es cierto es que las bebidas embriagantes cuentan con una amplia legitimidad social, mientras que otras SPA, consumidas con frecuencia en fiestas de música electrónica, cargan con fuertes prejuicios sociales, lo que también ha contribuido a que los raves sean estigmatizados. Un estudio del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y el Ministerio de Justicia evidencia que casi el 80 % de las muertes en Colombia relacionadas con el uso de SPA están asociadas al alcohol.
Aunque el consumo excesivo de alcohol suele estar relacionado con hechos de violencia, asistentes y organizadores de la escena electrónica aseguran que en los raves predominan dinámicas más empáticas y de cuidado colectivo.
En estos espacios, cuando ocurren casos de “malviaje” -experiencias negativas asociadas al consumo de SPA- “se activan protocolos de atención primaria y acompañamiento emocional, además de medidas de reducción de riesgos como el acceso al agua», dice Giorgio, y Eline agrega que «todo el mundo ayuda y se preocupa por esa persona”. A pesar de esto, Willow expresa que «los colectivos de aquí de Villavicencio deberían promover mucho más todo lo relacionado con el autocuidado, sobre todo para las personas que apenas están conociendo este mundo».

Una escena que sigue siendo machista
La última fiesta grande que hubo fue bautizada como Vortex, el pasado 18 de abril. En una finca, alejada de la ciudad, como la mayoría de los raves, en medio de la naturaleza, con palmeras de fondo, un cielo estrellado, piscina y un DJ de Islandia llamado Exos como invitado internacional.
Fue la unión de tres colectivos: Ravedelic, Villavo Underground y Villavo Per Music –VPM– Tocaron algunos DJs de Villavicencio, otro de Pereira llamado Yuuta, pero ni una sola mujer. Nat, una DJ de la ciudad e integrante de VPM cuenta que “nos restringían o nos ponían a tocar como por la cuota femenina, pero no nos daban visibilidad o ese renombre que tiene un hombre que se sube a tocar”.
Sari, otra dj de la ciudad e integrante de Villavo Underground, concuerda con Nat: “no le valoran tanto a una el trabajo y lo creen incapaz. En los colectivos la mayoría son hombres normalmente, tú cuentas las cabezas y siempre hay una o dos mujeres por 10 hombres”. Debido a esto, varias decidieron juntarse y conformar su propio colectivo: Konik.
Aunque Eline no hace parte de Konik, celebra su existencia. “Se independizaron de ellos porque tenían que esperar todo el tiempo a que las escogieran y las eligieran”. Su primera fiesta fue el 09 de noviembre del año pasado, han realizado tres y esperan que el colectivo se consolide como un espacio donde las mujeres de la escena se apoyen mutuamente, compartan conocimientos y fortalezcan su trayectoria sin depender de los hombres.
La última fiesta grande que hubo fue bautizada como Vortex, el pasado 18 de abril. En una finca, alejada de la ciudad, como la mayoría de los raves, en medio de la naturaleza, con palmeras de fondo, un cielo estrellado, piscina y un DJ de Islandia llamado Exos como invitado internacional.
Fue la unión de tres colectivos: Ravedelic, Villavo Underground y Villavo Per Music –VPM– Tocaron algunos DJs de Villavicencio, otro de Pereira llamado Yuuta, pero ni una sola mujer. Nat, una DJ de la ciudad e integrante de VPM cuenta que “nos restringían o nos ponían a tocar como por la cuota femenina, pero no nos daban visibilidad o ese renombre que tiene un hombre que se sube a tocar”.
Sari, otra dj de la ciudad e integrante de Villavo Underground, concuerda con Nat: “no le valoran tanto a una el trabajo y lo creen incapaz. En los colectivos la mayoría son hombres normalmente, tú cuentas las cabezas y siempre hay una o dos mujeres por 10 hombres”. Debido a esto, varias decidieron juntarse y conformar su propio colectivo: Konik.
Aunque Eline no hace parte de Konik, celebra su existencia. “Se independizaron de ellos porque tenían que esperar todo el tiempo a que las escogieran y las eligieran”. Su primera fiesta fue el 09 de noviembre del año pasado, han realizado tres y esperan que el colectivo se consolide como un espacio donde las mujeres de la escena se apoyen mutuamente, compartan conocimientos y fortalezcan su trayectoria sin depender de los hombres.

Donde el cuerpo se suelta
Actualmente la escena de la música electrónica ha pasado de tener un público de unas 50 personas en los inicios, a más o menos entre 350 y 450, según cálculos de Giorgio. Han surgido colectivos como los anteriormente mencionados, hard-bass, Undernoise Proyect, entre otros.
Esta diversidad ha permitido que el público en Villavicencio crezca y se consolide. La escena no es la misma de hace más de 10 años, cuando solamente existía Hype. Ahora hay variedad de fiestas, la mayoría en fincas en medio de la naturaleza, con varios subgéneros como el hard techno, el bounce, el groove, el hard groove, trance, pystrance, acid, industrial, melodic, drum and bass, entre otros, cada uno con una curva músical diferente, para todos los gustos, algunos más alegres, otros más oscuros, pero todos motivando el baile.
En ciudades como Yopal, Casanare, Arauca, Arauca, y Florencia, Caquetá, también han surgido colectivos como Back to Techno, Arauca Techno, y Portal Amazónico. Como dice Mackenzie Wark, escritora, filósofa y autora del libro Raving, en los raves “el ego se afloja”: el cuerpo deja de estar inmerso en el sistema capitalista y productivo y por unas horas simplemente es en sí mismo.
Sin embargo, en Villavicencio siguen sin haber las condiciones óptimas para un rave de calidad y además continúa la estigmatización. Cada semana ya hay fiestas en bares y locales como Fraprico y recientemente un nuevo lugar nació: Colores Club. Aunque sí han existido casos puntuales de eventos de música electrónica que han contado con recursos públicos como el Villavo Love Fest, donde las personas de la ciudad se han acercado a estas melodías, como dice Eline, hace falta un centro de eventos acorde a las necesidades del público que seguirá creciendo.
También persisten desafíos relacionados con el cuidado colectivo. En algunas fiestas, colectivos como VPM entregan frutas al amanecer para ayudar a recuperar energía, gestos que parecen pequeños pero reflejan una ética del cuidado dentro del rave. Sin embargo, prácticas básicas como garantizar el acceso suficiente al agua todavía son insuficientes, en una ciudad donde el desabastecimiento y los racionamientos también atraviesan la vida cotidiana.
Actualmente la escena de la música electrónica ha pasado de tener un público de unas 50 personas en los inicios, a más o menos entre 350 y 450, según cálculos de Giorgio. Han surgido colectivos como los anteriormente mencionados, hard-bass, Undernoise Proyect, entre otros.
Esta diversidad ha permitido que el público en Villavicencio crezca y se consolide. La escena no es la misma de hace más de 10 años, cuando solamente existía Hype. Ahora hay variedad de fiestas, la mayoría en fincas en medio de la naturaleza, con varios subgéneros como el hard techno, el bounce, el groove, el hard groove, trance, pystrance, acid, industrial, melodic, drum and bass, entre otros, cada uno con una curva músical diferente, para todos los gustos, algunos más alegres, otros más oscuros, pero todos motivando el baile.
En ciudades como Yopal, Casanare, Arauca, Arauca, y Florencia, Caquetá, también han surgido colectivos como Back to Techno, Arauca Techno, y Portal Amazónico. Como dice Mackenzie Wark, escritora, filósofa y autora del libro Raving, en los raves “el ego se afloja”: el cuerpo deja de estar inmerso en el sistema capitalista y productivo y por unas horas simplemente es en sí mismo.
Sin embargo, en Villavicencio siguen sin haber las condiciones óptimas para un rave de calidad y además continúa la estigmatización. Cada semana ya hay fiestas en bares y locales como Fraprico y recientemente un nuevo lugar nació: Colores Club. Aunque sí han existido casos puntuales de eventos de música electrónica que han contado con recursos públicos como el Villavo Love Fest, donde las personas de la ciudad se han acercado a estas melodías, como dice Eline, hace falta un centro de eventos acorde a las necesidades del público que seguirá creciendo.
También persisten desafíos relacionados con el cuidado colectivo. En algunas fiestas, colectivos como VPM entregan frutas al amanecer para ayudar a recuperar energía, gestos que parecen pequeños pero reflejan una ética del cuidado dentro del rave. Sin embargo, prácticas básicas como garantizar el acceso suficiente al agua todavía son insuficientes, en una ciudad donde el desabastecimiento y los racionamientos también atraviesan la vida cotidiana.

Lea también: Memorias del Agua: Diez años de la Red de Acueductos Comunitarios de Villavicencio
Imagen principal: Nat. Foto cortesía de Villavo Per Music.
Imagen principal: Nat. Foto cortesía de Villavo Per Music.


