
Sabanas del Yarí: el nuevo destino turístico que impulsa campesinado del Meta y Caquetá
Diez años después del proceso de paz, comunidades campesinas comenzaron a abrirle camino al turismo comunitario en un territorio históricamente golpeado por la violencia.
Durante años, las sabanas del Yarí fueron mencionadas principalmente por el conflicto armado y las dificultades de acceso a esta zona ubicada entre los departamentos del Meta y Caquetá. Hoy, sus habitantes quieren cambiar esa narrativa.
“Con esta apuesta, las comunidades esperan que las sabanas del Yarí comiencen a ser reconocidas no solo por su pasado violento, sino también por su riqueza natural y por los procesos organizativos que hoy intentan transformar el territorio desde el turismo y la conservación”, explicó Karol Álvarez, guía turística e integrante de la Asociación Campesina de Turismo Comunitario Aventuras, Caminos del Yarí, la cual ya cuenta con Cámara de Comercio y Registro Nacional de Turismo, con el propósito de ofrecer recorridos enfocados en la conservación ambiental y el fortalecimiento económico de las familias campesinas.
La iniciativa, contó Karol, nació desde la necesidad de generar una nueva economía para las comunidades campesinas del territorio, pues, durante muchos años, la comunidad dependió principalmente de la ganadería y otras actividades limitadas, pero varias familias comenzaron a ver en el turismo una oportunidad para mostrar la riqueza natural, cultural e histórica que existe en las Sábanas del Yarí.
Por su parte, Alveiro Olaya, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda El Recreo Antiguo, mencionó que la iniciativa siempre estuvo presente como una idea, que luego se concretó, porque notaron “que el potencial nuestro era altísimo (…) de que la gente hacía mucho tiempo venía haciendo turismo regional, bañándose en nuestras aguas que son de invierno y verano, pues nace el impulso de esa de esa gran asociación”.
El proceso organizativo empezó en la vereda El Recreo Antiguo, del municipio de La Macarena. La comunidad se reunió, dialogó y decidió crear una alternativa diferente para el territorio. Fueron 23 personas las que inicialmente se registraron e involucraron en este proyecto, entre jóvenes, mujeres y adultos mayores.
Las familias que hacen parte del proceso son quienes habitan y cuidan lugares emblemáticos del territorio como Casa Gacha, Pozo Azul y la Laguna del Muerto, sitios donde también existen vestigios históricos y memoria del conflicto armado.
La asociación trabaja para que los beneficios económicos sean rotativos y colectivos, permitiendo que diferentes familias participen en la alimentación, hospedaje, guiado y logística turística.
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“Más que un negocio, este proceso nace como una apuesta colectiva para transformar el territorio, generar oportunidades y demostrar que las comunidades campesinas también pueden liderar procesos de conservación y turismo comunitario”, mencionó Karol.
Turismo en la era del posconflicto
“El cambio fue asombroso, ¿no? Pues antes era incómodo venir de San Vicente (del Caguán) hasta la región porque pues había muchas confrontaciones y retenes militares muy seguidos que hacían incómodo un viaje. Hoy, gracias a Dios, (…) no tenemos presiones de ningún lado y podemos desarrollar una actividad abiertamente”, afirmó Alveiro sobre la realidad que hoy vive el territorio luego de la firma del Acuerdo de Paz en 2016.
Con él coincide Karol, quien asegura que la región comenzó a vivir una mayor tranquilidad, pero es crítica al señalar que muchas comunidades campesinas sintieron que los beneficios prometidos —derivados del Acuerdo de Paz— nunca llegaron realmente hasta estas zonas apartadas. Por eso, dice ella, la comunidad de El Recreo Antiguo entendió que debía organizarse y empezar a gestionar sus propios procesos.
“Hoy existe paz y mayor tranquilidad en el territorio, pero todavía hay muchas necesidades económicas. Por eso el turismo se convirtió en una herramienta para generar ingresos, conservar el medio ambiente y abrirle nuevas puertas a las familias campesinas. Las Sábanas del Yarí representan hoy un territorio que pasó del miedo y el estigma a la organización comunitaria, la conservación y la esperanza”, mencionó Karol.
Más allá de Caño Cristales
“El río de los cinco colores”, así se conoce mundialmente a Caño Cristales, uno de los destinos naturales más reconocidos de Colombia, ubicado en la Serranía de La Macarena, en el departamento del Meta.
Su atractivo se debe a las tonalidades rojas, amarillas, verdes, azules y negras que aparecen en sus aguas durante cierta época del año. El fenómeno natural ocurre gracias a una planta acuática llamada Macarenia clavigera, que adquiere intensos tonos rojizos cuando las condiciones del agua, la luz solar y el clima son adecuadas. Esa combinación convierte al río en un paisaje único que atrae turistas nacionales e internacionales.
Pero en La Macarena quieren mostrar que su riqueza natural va mucho más allá. “Uno de los principales retos es que Caño Cristales funciona únicamente durante una temporada del año, entre junio y noviembre. El resto del tiempo muchas personas que viven del turismo se quedan sin oportunidades laborales”, explicó Karol.
Por eso, las Sábanas del Yarí abren una nueva alternativa para que el turismo exista durante todo el año en La Macarena, porque, como explica Alveiro: “Nosotros aquí tenemos un turismo los 12 meses del año, 24 horas al día, porque contamos con agua permanente en verano y en invierno y tenemos rutas abiertas en las cuales no se ve afectado el medio ambiente en ninguna manera”.
Y es que, además de conocer la historia y la cultura campesina, las y los visitantes también podrán disfrutar de otros destinos como Caudal Angosturas, Laguna del Silencio y los paisajes únicos de las sabanas.
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Eso sí, Karol aclaró que las Sábanas del Yarí no buscan reemplazar a Caño Cristales, sino complementar y fortalecer el turismo de toda la región.
Los retos del turismo comunitario
En una región que lleva pocos años apuntándole al turismo, uno de los principales retos ha sido comenzar desde cero. Karol recuerda que “la comunidad no tenía experiencia previa en turismo comunitario, así que el primer paso fue aprender, organizarse y capacitarse”.
Por eso, actualmente la asociación adelanta procesos de formación y certificación en turismo comunitario con el SENA para fortalecer la atención a visitantes y construir experiencias responsables y de calidad.
Para Alveiro, el mayor reto son los recursos económicos, porque considera difícil “comenzar a reunir cada cada cosita para poder emprender. Siempre esa es la parte más difícil, pero pues teniendo el tesón y el eco, las ganas y el espíritu, pues se hace”.
De hecho, cuenta Karol, la apertura oficial del proyecto turístico, se realizó el 25 de abril y se logró gracias al esfuerzo de la comunidad, que hizo rifas, actividades comunitarias y muchas familias aportaron recursos de su propio bolsillo para sacar adelante su sueño.
Además, desde octubre se impulsó un voluntariado artístico y comunitario para construir murales que representan la memoria y la transformación del territorio. Uno de ellos retrata el dolor y la violencia que vivieron estas tierras a causa del conflicto armado, el narcotráfico y la guerra. Otro mural representa el presente mostrando a un campesino que observa un jaguar mientras protege la sabana y vive del turismo y la conservación. El tercero, llamado “Corazón del Yarí”, refleja la biodiversidad de la región, las palmas, los morichales, los venados y la esencia natural del territorio.
Un legado de paz con mirada ambiental
Después de años marcados por el conflicto armado, el miedo y el estigma, hoy las comunidades campesinas están demostrando que las Sábanas del Yarí pueden abrirse al país y al mundo desde la paz, la organización y la conservación.
“Para nosotros significa apostarle a algo muy importante. (…) Ya son diez años que tenemos en una consolidación de paz. Si esa pregunta usted me lo hubiera hecho hace cinco años, todavía me temblara la voz pero hoy puedo hablar con claridad de que estamos en un territorio de paz y apostándole todo a la vida”, dijo Alveiro al preguntarle qué significa para él que la comunidad le esté apostando al turismo y la conservación tras el Acuerdo de Paz.
Este proyecto, explicó Karol, no busca promover el morbo sobre la guerra ni revivir el dolor desde el espectáculo, sino mostrar la resistencia campesina, la memoria, la cultura y la capacidad que tienen las comunidades para cuidar el territorio y transformar su realidad.
“La Asociación Campesina de Turismo Comunitario Aventuras Caminos del Yarí quiere decirle al país y al mundo que este territorio está organizado, legalmente constituido y preparado para recibir visitantes de manera responsable. Aquí encontrarán un turismo de naturaleza, memoria y conservación, construido desde el corazón de las comunidades campesinas que durante años resistieron y que hoy le apuestan a una economía diferente (…) Porque las Sábanas del Yarí ya no quieren ser recordadas por la guerra, sino por la vida, la naturaleza y la esperanza”, concluyó Karol.













