Pero lo más próximo, lo más fundamental, lo más extenso,

lo más incalculable no aparecía sino hasta este momento

en mi camino. Había pensado en todos los mundos,

pero no en el hombre. Había explorado con crueldad y agonía

el corazón del hombre; sin pensar en los hombres había visto ciudades,

pero ciudades vacías; había visto fábricas de trágica presencia,

pero no había visto el sufrimiento debajo de los techos, sobre las calles,

en todas las estaciones, en las ciudades y en el campo.

Pablo Neruda – Confieso que he vivido –

 

La relación entre ciencia y magia a través de la historia de la humanidad, no sólo ha servido para explicar los fenómenos que el ser humano va comprendiendo, sino además, para apaciguar el miedo ante lo desconocido e incomprensible. La fenomenología mágica ayuda además a ocultar otras realidades que el poder no desea que sean observadas ni entendidas, como a desviar la atención de las mismas.

Atendiendo a las definiciones de la Real Academia de la Lengua, una pandemia se entiende como una “Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. Por su parte, la prestidigitación se define como un “Arte o habilidad de hacer juegos de manos y otros trucos para distraer al público”.

Las epidemias de enfermedades causadas por virus o bacterias, que han sido catalogadas como pandemias por las “autoridades” mundiales, obedecen a diferentes causas, y mucho se especula acerca de orígenes premeditados, de enfermedades creadas en laboratorios con fines económicos, políticos, militares o de control social (teoría de la conspiración, de la cual me declaro seguidor).

El anuncio de la aparición de un coranavirus que ha sido llamado COVID- 19, coincide entre otras cosas, con la etapa más fuerte y sostenida de alzamiento popular mundial que exige cambios profundos en el modelo económico y político, y que tenía especial protagonismo en Hong Kong (China), en Francia, Italia y España. También en Latinoamérica, fundamentalmente en aquellos países que como Argentina, Chile, Brasil, Ecuador y Colombia, sufrían la conducción de gobiernos fuertemente neoliberales y depredadores de la naturaleza y de los seres humanos explotados por medio del trabajo asalariado. Igual coincidencia se observa en países del cercano oriente, que como Irán, están en medio de una guerra por la hegemonía energética de la que se alimentan las economías de las potencias del planeta, para ser más concretos, de la que se benefician las familias dueñas del gobierno corporativo global.

Entonces, la alarma por el contagio del COVID – 19, milagrosamente ha contribuido para aplacar la manifestación y la subversión global, expresada y concentrada en las calles de aquellas potencias y países cuyos gobiernos legislan y administran en favor de los negocios de la especulación financiera, como la pensional, que sirve como acumulador de riqueza para los dueños del gobierno corporativo global.

Recordemos las declaraciones de la señora Legarde hace unos años, cuando como Directora del FMI señaló que era necesaria la muerte de los más viejos, pues hacían insostenible el sistema pensional mundial. Hoy, casualmente, los más viejos son los mortalmente afectados por este coronavirus.

En el contexto, también aparece la disputa entre un imperio que como Estados Unidos va en franco declive, y China que parece ser el imperio en relevo, quien junto con Rusia, ofrecen a los Yankees una fabulosa disputa económica, política y militar. Por los lados de Latinoamérica, se convierte nuestra región en la retaguardia estratégica gringa, para paliar su descenso y mantener alguna expectativa en el nivel de vida de su población, a expensas de la extracción de rentas del trabajo de sus dominados y del dominio de nuestros recursos naturales.

El control del litio boliviano, del petróleo venezolano, del cobre chileno; del oro, coltán y uranio colombianos; de las fuentes de agua y de la tierra productiva de nuestra América Latina, es la provisión con que cuentan los señores del norte para resistir la disputa imperial.

En lo que respecta a Colombia, cuyas élites y sus gobiernos son socios y servidores del imperio, el pánico que genera el COVID – 19, cuya letalidad es magnificada por su ejército mediático (hasta ahora las estadísticas muestran que de las actuales dolencias de la humanidad, esta tiene mucha menos letalidad que el dengue, por ejemplo), ayuda a distraer la atención de verdaderas pandemias locales como el asesinato sistemático y creciente de líderes y lideresas sociales, el interés por mantener el conflicto armado interno, para no tener que responder por el asunto agrario y el despojo de tierras; la necesidad de hacer olvidar los nexos denunciados de reconocidos políticos con las mafias del narcotráfico nacional e internacional, la captura de todos los poderes del Estado por parte de las mismas mafias, lo que cada vez es más difícil de obviar a medida que aparecen diversas pruebas e indicios, que son desdeñados de forma curiosa por quienes deben asumir las investigaciones y responderle al pueblo. Otra pandemia social que es ya estructural, es el desempleo y el hambre; como también lo son el deficiente sistema de salud convertido en negocio particular, la imposibilidad creciente de acceder a una educación pública y de calidad, o la amenaza real de perder el futuro hídrico de la población por prácticas como el fracking o la megaminería de metales.

La prestidigitación, corre por cuenta de gobernantes dedicados a cantar, hacer la veintiuna con un balón de fútbol, promover el descabezamiento de gobiernos vecinos, o repetir fraseos ingeniosos como una retahíla de Estado. También contribuyen con las artes mágicas los periodistas que con toda intención ponen el foco en trivialidades y escándalos de un día, para encubrir las culpas de sus patrones. Ni que decir de las fuerzas de represión oficial, que cada vez quedan en mayor evidencia sobre sus relaciones con quienes debían perseguir y de la implacable violencia para con quienes deberían proteger.

Las pandemias y las prestidigitaciones le sirven bien al interés económico de esos pocos que se enriquecen con la miseria de la mayoría de los seres humanos y con la extinción de la vida en el planeta. Total, para eso vienen explorando la posibilidad de colonización de otros planetas, como alternativa de escape cuando su ambición colapse nuestro mundo.

Pero también ofrece esperanza el movimiento de las nuevas generaciones en busca de defender y preservar la vida, descubrir a quienes nos ponen en riesgo y su decisión de confrontarlos. Hasta ahora, la naturaleza y la historia humana nos enseñan que al final, siempre triunfa la vida. Paradójicamente, esta “crisis” sanitaria, obligará a la reflexión de que la misma sólo se puede superar asumiendo una postura cooperativa y colectivista.

El COVID – 19 reclama precaución para controlarlo, pues su expansión puede causar la muerte de seres humanos, pero no puede permitirse que sea la legitimación del individualismo, de la codicia y de la desconfianza en las relaciones sociales, verdaderas pandemias, que son el soporte de los opresores.

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Polarizador para develar intereses que mueven el mundo. Integrante del Congreso de los Pueblos.