¿Ustedes estaban cerca donde hubo los enfrentamientos ese día entre las disidencias y el Ejército?

— No mi reina, es que ese día no hubo ningún enfrentamiento. Sonó un bombazo re duro e inmediatamente ellos empezaron a disparar, nosotros nos tiramos al piso porque no podíamos ni correr, eso venía bala de todos lados.

— Pero ¿a quiénes les estaban disparando?

— Entre ellos mismos, incluso luego empezaron a gritarse, que no dispararan, que eran todos del Ejército. El bombazo fue en la montaña, pero se desquitaron con nosotros. Duraron un montón disparando, incluso por eso hirieron a nuestro amigo.

— Hmm, el que sacaron en helicóptero. Se supone que salió herido porque ustedes estaban en el medio cuando el Ejército fue atacado, eso dijeron.

— Nosotros estábamos en el tajo, eso hacemos, cuidamos los cultivos que nos dan de comer, porque no nos dan opciones de nada, quieren quitar la coca pero que no tengamos ni de qué vivir. Ese día nos maltrataron re feo, nos leyeron nuestros derechos, y como escuchaban que la comunidad estaba hablando con todo el mundo, hasta con la ONU para rescatarnos, yo creo que fue por eso que nos soltaron.

— Duraron mucho tiempo, y a la comunidad no la dejaban pasar, ¿cierto?

— No, ellos pensaban que estábamos ya muertos, porque el tiroteo duró harto, y luego pasaron muchas horas y no les daban razones, ni las dejaban pasar.

— ¿Sentiste que te asesinarían?

— Sí, no nos dejaban ni que les viéramos la cara. Levantábamos la cara y nos decían, no me mire hijueputa, volteábamos la cara y nos pateaban, nos tocaba con la cara entre el barro, y nos apuntaban, nos ponían el fusil cerquitica.

— ¿Y qué sentiste cuando ya pudieron encontrarse otra vez con sus familias?

— Un alivio, pero a la vez nos sentíamos humillados, nos humillaron muy feo, siempre los campesinos llevamos del bulto. Incluso ese día una señora le pegó una cachetada re duro a un soldado cuando nos vio salir todos heridos.

— ¿El hijo de ella estaba ahí?

— Sí, ese día fue muy duro, a las mujeres el ESMAD les tiró gases lacrimógenos, las maltrató.

Durante todo el camino Santiago me contó parte de todo lo que han vivido estos meses y resaltó que para ellos era muy importante cuando venían periodistas y organizaciones de derechos humanos, porque les permiten ser visibles a nivel nacional y que así no les «den tan duro».

Llegamos directo a la finca de uno de los periodistas de Voces del Guayabero. Allí se encontraba reunida la mayor parte de la comunidad, siempre atenta, siempre a la expectativa de qué harían ese día los soldados a cargo del General Flórez, pero también soñando que van a poder lograr que el Gobierno Nacional y la Gobernación de Zuluaga, dejen de atropellarlos y decidan iniciar un proceso de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito, sin querer sacarlos del territorio, ya que manifiestan que han propuesto en muchas ocasiones al Gobierno y a Parques Nacionales, alternativas de proyectos productivos con los cuales ellos puedan vivir dignamente y cuidando la naturaleza, pero por ahora nunca han llegado a ningún acuerdo y no han encontrado más opciones que seguir viviendo de la coca.

Esa noche llegaríamos a una residencia muy acogedora a pesar de estar hecha en tabla, no tener luz, y su piso seguir siendo de barro, pues la alegría con que la comunidad acoge a quien se atreve a ir a terreno y no «comer cuento de lo que dicen los medios vendidos», la demuestran con cada atención, te hacen sentir como en casa.

Comunicadora Social y Periodista, especializada en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina. Fundadora del colectivo y medio de comunicación alternativo El Cuarto Mosquetero. Desde la comunicación trabajo con comunidades de sectores rurales y populares los temas de género, paz y ambiente.