
Laura Isabel Ramos, la bióloga que encontró en la poesía otra forma de habitar la naturaleza
La escritora y bióloga villavicense creció en una vereda del piedemonte llanero donde los libros escaseaban y para llegar a la escuela debía atravesar una trocha. Años después, aquellos textos que escribió en la infancia terminaron convirtiéndose en Bibliotecaria de Flores, su primer libro de poemas, publicado por la editorial Entre Letras.
Nacho Lee estuvo lejos de ser el acostumbrado instructor de lectura para Laura Isabel Ramos. En su infancia, los primeros acercamientos a las palabras ocurrieron en las páginas de la Biblia, de la mano de su madre, ferviente creyente de las escrituras.
Laura creció entre las trochas y montañas de Palmichal, una vereda del piedemonte llanero ubicada a unos 90 minutos de la zona urbana de Villavicencio. Allí, el acceso a la educación era una tarea que comenzaba con una larga caminata. Durante sus primeros años, sus padres le enseñaron en casa a leer, escribir y hacer operaciones básicas. Más adelante, para poder ingresar a la escuela, una evaluación del Ministerio de Educación determinó que ella y sus hermanas podían incorporarse a tercero de primaria.
La escuela estaba en otra vereda y llegar hasta allí implicaba recorrer cerca de cinco kilómetros de ida y otros tantos de regreso por un camino de herradura.
En la finca tampoco había electricidad, televisión ni una biblioteca. Los libros eran escasos. Por eso, antes de descubrir la literatura, Laura encontró en las historias bíblicas, otra manera de concebir la palabra escrita. Le gustaban especialmente aquellas del Antiguo Testamento que parecían salidas de un mundo fantástico, como la de Jonás y la ballena. Más adelante, fortaleciendo su gusto por las letras, un tío le regaló libros de cuentos de los hermanos Grimm.
Pero sería la ausencia de entretenimiento convencional y la posibilidad de pasar largas horas en contacto con la naturaleza la que abriría otro camino.
Sin televisión y con las noches marcadas por la oscuridad temprana, la infancia transcurría entre juegos y recorridos por el campo. En algún momento, Laura comenzó a escribir. Primero fueron las letras de las canciones que le gustaban. Después llegaron los diarios, los pensamientos y textos cada vez más personales.
La escritura, sin embargo, quedó durante un tiempo relegada.
Una bióloga que también escribe
Laura estudió Biología en la Universidad de los Llanos. Mientras avanzaba en su formación científica, retomó aquellos textos que había escrito años atrás. Fue entonces cuando compartió algunos con Nayib Camacho, profesor de la universidad, filósofo y escritor.
La respuesta del profesor cambió la manera en que Laura entendía lo que había estado haciendo durante años.
Él le dijo que aquellos textos eran poemas y le propuso enviarlos a una editorial. Laura recuerda que hasta ese momento ni siquiera había pensado en catalogar lo que escribía como poesía. Algunos de sus escritos fueron publicados posteriormente por Entre Letras —editorial independiente del Meta con 45 años de trabajo, siendo una de las más antiguas y prolíficas del país— y otros por la editorial chilena La Balandra Poética. También publicó trabajos junto a la Universidad de los Llanos.
Con el tiempo, aquellos poemas dispersos terminaron reunidos en un libro que tituló “Bibliotecaria de Flores”, publicado en abril de 2026 por Entre Letras, justo antes de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo).
El libro nació de una compilación de textos escritos durante más de una década. Laura no tenía inicialmente el propósito de publicar sus textos, pero envió el manuscrito a Jaime Fernández y Nayib Camacho para que lo revisaran. Sin titubeos, Fernández anunció que lo llevaría a la FILBo y allí estuvo Laura presentándolo.
La apuesta tuvo buena recepción. En la feria, “Bibliotecaria de Flores” llegó a ser el segundo libro más vendido de Entre Letras.
Pero el libro no puede entenderse separado de la otra faceta de su autora.
Laura ejerce como bióloga y botánica, una profesión que la lleva a recorrer bosques y sabanas del país para realizar muestreos. En esas salidas de campo también escribe. Lleva bitácoras de sus recorridos y aprovecha las noches en campamentos para volver a las palabras. Para ella, esos dos mundos no están tan alejados como podría parecer.
La sensibilidad necesaria para observar, estudiar y apreciar la vida también atraviesa su manera de escribir poesía. Aunque reconoce que la escritura científica es muy diferente de la literatura, encuentra un punto de encuentro en esa capacidad de detenerse ante lo vivo y mirarlo con atención.
De ahí también surge el nombre del libro.
Una biblioteca donde los libros son flores
“Bibliotecaria de Flores” nació de una conversación con un amigo literato a quien Laura intentaba explicar qué era un herbario. En su trabajo, los herbarios son espacios donde se conservan y organizan muestras de plantas secas, clasificadas de acuerdo con sistemas que, en cierta medida, le recordaban a una biblioteca.
Su amigo encontró una manera distinta de nombrar aquello que ella hacía: era una “bibliotecaria de flores”.
Laura comenzó a utilizar la expresión como pseudónimo en concursos de poesía y, posteriormente, Jaime Fernández y el equipo de Entre Letras la convencieron de convertirla en el título del libro.
Así, “Bibliotecaria de Flores” se convirtió en un recorrido por diferentes momentos de la vida de su autora. Los primeros poemas están relacionados con la casa de la infancia, los recuerdos del campo y la manera en que Laura percibía a su familia. Después aparecen textos vinculados con la adolescencia, una etapa que ella describe como un momento de búsqueda y de preguntas sobre quién era y cuál era su lugar en el mundo.
En ese recorrido también aparece el territorio. Laura creció en el piedemonte, pasó su infancia en el campo y luego se trasladó a la ciudad para estudiar. Esa experiencia la llevó a cuestionarse dónde encajaba culturalmente. Desde su perspectiva, incluso la identidad llanera puede resultar difícil de delimitar cuando se habita un territorio de transición entre distintas formas de vivir y entender el Llano.
Por eso, en sus poemas aparecen también el campo, la identidad, el amor y el desamor. Y hacia el final del libro, la escritura adquiere un tono más crítico.
Hay poemas atravesados por la rabia frente al machismo cotidiano, la manera en que las mujeres son tratadas en determinados espacios y el silencio alrededor de las injusticias. También aparecen reflexiones sobre los asesinatos de líderes y lideresas sociales, la deforestación, la contaminación y la manera en que se ha normalizado el deterioro ambiental.
Por eso y más, Laura considera que “Bibliotecaria de Flores” es una oportunidad para volver a poner la poesía en circulación y recordar que en Villavicencio existen autoras y autores cuyas obras merecen ser leídas y escuchadas.
La portada del libro, además, vuelve a conectar la publicación con el territorio. La pintura pertenece al artista villavicense Luis Miguel Ortiz López y hace parte de su serie “Jardín”.
Quizás por eso el título resulta tan preciso. Laura aprendió a leer en un entorno escaso de palabras para imaginar otros mundos. Creció en un lugar donde los libros eran escasos, pero donde las montañas, las plantas y los caminos ofrecían otras formas de lectura. Años después, como bióloga, aprendió a clasificar y conservar flores. Como poeta, encontró otra manera de guardarlas convertiéndolas en palabras.
Si quieres obtener un ejemplar de “Bibliotecaria de Flores”, puedes hacerlo a través de la editorial Entre Letras o al número 312 4977016.


