Nos hemos dopado con el horror. Somos como los personajes de ¨No mires hacia arriba¨: el mundo destruyéndose y nosotros dopados con el espectáculo y con la letrina de las redes sociales. Somos insensibles. Los muertos ya no nos dicen nada. El sistema ha hecho de nosotros maniquíes sin sentidos. Sólo servimos para llevar encima sus marcas y sentirnos orgullosos de tanta estupidez.

En nuestros rostros no hay tristeza por la muerte de Breiner David Cucuñame, el niño de catorce años que defendía lo que es de todos: la naturaleza.

Tanto católico suelto por ahí, ­–más del 90% de la población–, rezando Ave Marías, Padre Nuestros y Salves para limpiar la conciencia. Mascullan sin entender ni una palabra del “ruega por nosotros”, del “perdona nuestros pecados”, del “a ti suplicamos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”.

Este valle de lágrimas de sangre, donde los ríos contaminados de mercurio se mezclan con la máquina hidráulica que es el ser humano. Ser humano con fluviales de sangre que salió de la perforación del fracking que se hace con el cuerpo del hombre. Hombre: humos, tierra fértil.

Tanta insensibilidad significa la muerte del espíritu. Que empiecen las aves carroñeras a consumir a quienes postean su plato de comida mientras que los más pobres mueren de hambre.

La insensibilidad ha hecho de nosotros los destinatarios de las palabras del profeta: ¨raza de víboras¨. Somos una raza de víboras que sólo utiliza la lengua para hacer ruido y que no se escuchen las voces de los inocentes que nos gritan: “insensatos, indiferentes, malparidos”.

Malparidos desgraciados con la madre que nos amamanta con sus pechos rebosantes de agua de vida. Malparidos indiferentes ante el asesinato de los hermanos que sí cuidan los árboles, las flores, y hasta a las víboras…

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, mas no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.