Tras los alicaídos años 80s, vino la posibilidad de frenar el conflicto armado con la reforma constitucional de 1991, realizada principalmente por la dejación de armas del M19. Este proceso se realizó gracias a muchos cambios en la forma de concebir y de hacer política, que en todo caso pusieron de manifiesto que era posible construir un país entorno a la concertación para lograr acuerdos sobre lo fundamental. El reclamo de derechos civiles, sociales, políticos y económicos dejaron de ser vistos como reclamos subversivos, abriéndose un camino para la construcción de nuevas ciudadanías.

El reconocimiento de los derechos políticos de comunidades indígenas, afrodescendientes y de sus territorios, abrió la posibilidad que la defensa de los intereses de las llamadas minorías fuera un asunto de amplio debate nacional. Hablar de la tierra y del territorio fue un paso trascendental para entender los origines del conflicto y trazar puntos en común para superarlos. O al menos, de alguna manera, ese era uno de los sentidos del acuerdo de paz y de la constituyente.

Esa fue la primera apertura o posibilidad de construir una Colombia en democracia libre de violencia. Los movimientos de izquierda que, hasta entonces, habían empuñado las armas, daban paso a la vida política en medio de una violencia desmedida, perpetrada principalmente por grupos paramilitares. El exterminio de la Unión Patriótica minó las esperanzas de los que aún estaban en armas para confiar en el gobierno para lograr un proceso de paz más amplio y que vinculara a grupos armados como las FARC y el ELN. La guerra se profundizó una vez más y se alargaría, como mínimo, por 30 años más.

La Comisión de la Verdad reconoce 5 escenarios que facilitaron la expansión de la violencia en la década de los 90s, estos fueron:

      1. La competencia política tuvo una fuerte competencia por las rentas licitas e ilícitas. Las guerrillas se disputaron el poder por la coca y la minería y los partidos políticos vieron un aumento en el costo de sus campañas, lo que originó un aumento en la corrupción.
      2. El narcotráfico se consolido como un actor político-militar que financió el proyecto paramilitar.
      3. Una parte de la población siguió excluida, a pesar de la nueva constitución, esta situación ocasionó que las guerrillas se afianzaran en esos territorios.
      4. La guerra contra las drogas avivó el fuego de la violencia.
      5. La idea de la paz como el silencio de las armas y no como un proyecto de paz territorial y reconciliación nacional, primó en amplios sectores de la sociedad.

Para algunos sectores de la sociedad la constituyente abrió demasiado la democracia, y había que cerrarla a tiros. Por su parte para las guerrillas de las FARC y ELN la constitución de 1991 no cambiaba nada de fondo.

Como respuesta a la guerra integral generada por el entonces presidente de la República César Gaviria Trujillo, las FARC masacraron, secuestraron y exiliaron a alcaldes, concejales, diputados y congresistas. Ampliaron el abanico de sus acciones contra académicos, periodistas y ministros. Generaron una guerra en donde el objetivo central no era principalmente la capital de la nación, Bogotá, sino que se concentraron en el poder local, en las regiones, en donde podían pelear en vastos terrenos de disputa e intentar colapsar al país. Hacer a la nación inviable.

De otra parte, el proyecto paramilitar con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá ACCU y las AUC sufrió un fortalecimiento significativo y se extendió a nivel nacional. Sus esfuerzos se concentraron en atacar a la Unión Patriótica, eliminar a las fuerzas políticas de izquierda para ganar terreno, especialmente en el Caribe. El uso de la violencia, el constreñimiento, la compra de conciencias y el pacto político fueron sus principales armas para consolidarse como una fuerza política y militar. Para finales del siglo XX la narrativa paramilitar entorno al derecho de la defensa, logró de alguna manera normalizar la barbarie con la que actuaron, destacándose principalmente las masacres contra la población civil.

Para el informe final de la Comisión del Verdad, el carácter centralista y presidencialista del país, aunado a las crisis de gobernanza de los presidentes Samper y Pastrana, agudizaron el conflicto armado, periodo de tiempo en donde se generaron la mayor cantidad de víctimas. Mientras Ernesto Samper ratificó los acuerdos de Ginebra y creo la institucionalidad para la protección de los DDHH, al mismo tiempo surgieron las Convivir. Por otra parte, Andrés Pastrana abrió un proceso de paz con las FARC, en donde el gran protagonista fue la zona de despeje, pero mientas eso sucedía los paramilitares se fortalecieron y lograron consolidarse en toda Colombia.

La lucha paramilitar se concentró en eliminar las bases populares y sociales de apoyo a la guerrilla, por lo que se arreciaron hechos violentos indiscriminados, las víctimas fueron de casi todos los sectores. Así mismo, el exilio y el despojo de tierras reconfiguró los escenarios estratégicos del conflicto armado, así como del escenario político y económico, favoreciendo principalmente a las elites, quienes se adueñaron de miles de hectáreas, reconfigurando el uso o la vocación del suelo, apareciendo nuevos cultivos.

En ese escenario el proceso de paz impulsado por Andrés Pastrana estuvo siempre muy lejos de lograr su cometido, en el informe final se destaca varios líderes de las FARC que declararon por qué no se consiguió el objetivo de la paz finalizando la década de los 90s. En primer lugar, la renta de la coca estaba en su mejor momento, lo que alimento la idea que ante tal cantidad de dinero y con los recursos de hombres en armas, se podía ganar la guerra. Segundo, la zona de despeje fue un lugar diálogo, pero las FARC estaba aisladas políticamente de Colombia. Tercero, creyeron que la revolución bolivariana en Venezuela podía abrir un espacio para hacer la revolución en Colombia. Cuarto, construyeron la idea que liberar territorios podía construir una especie de estado paralelo en el sur de Colombia. Y quinto, consideraron que el paramilitarismo no haría posible construir la paz.

Estos escenarios imposibilitaron la construcción de la paz y de vivir en democracia sin violencia. Lo sucedido en la primera década del 2000 continuaría modificando las relaciones de poder, agudizaría los impactos de la violencia y el país continuaría alejándose de una posibilidad real de paz.

*Esta campaña se realiza con el apoyo del Instituto Colombia-Alemán para la paz -CAPAZ.

 

 

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.