Informe anual de Human Right Watch Parte I: La diplomacia selectiva

Diplomacia selectiva

Para esta organización internacional, el sistema de Derechos Humanos está bajo amenaza por la inacción de gobiernos e instituciones, por las atrocidades cometidas en el marco de diversos conflictos alrededor del mundo y por la indignación selectiva.

Human Rights Watch presentó su informe anual 2023, en el que pone una mirada sobre la situación de Derechos Humanos, haciendo hincapié en países en vía de desarrollo como Colombia.La organización nota con preocupación que hay diversos problemas económicos en distintos territorios a nivel mundial que dificultan las acciones y la implementación de programas que ayuden a proteger a la población vulnerable.

Así mismo, un evidente o incluso retroceso en materia de derechos en torno a la mujer, las niñas, personas con identidades de sexo y género diversa, como se puede reflejar en países como Afganistán tras el regreso del talibán al poder.

Así mismo, la diplomacia selectiva de algunos estados o líderes políticos mundiales, en donde guardan silencio ante los crímenes como los cometidos por el régimen chino, pero denuncian a Israel por sus crímenes que comete en Gaza.

O en otros, como los de Estados Unidos, abierto opositor de regímenes de Medio Oriente, como el iraní y sus normas relativas a las mujeres, pero guarda silencio cómplice con regímenes como el azerbayano y su violencia contra los armenios.

La mayoría de estas acciones son derivadas por la diplomacia de las transacciones, las cuales crean beneficios de corto plazo, como recursos energéticos a cambio de seguridad, en ese sentido se generan relaciones que ocultan violaciones a los derechos humanos por conveniencia.

La comunidad internacional guarda silencio frente a actos atroces en otros países por temor a ser juzgados de la misma manera por violaciones que se cometen en territorio propio, entonces se crea una relación de interdependencia que somete los sistemas de protección y de juicio al silencio.

El caso más representativo fue el ataque de Hamas a Israel, ampliamente condenado, pero de la reacción de Israel cortando el suministro de agua en Gaza, que desplazó a más de dos millones de personas y ha usado munición pesada para bombardear matando a civiles por miles, la mayoría mujeres, niños y niñas.

 

Diplomacia selectiva
Fotografía: hrw.org

El gobierno chino ha aumentado la represión cultural en el Tibet, hasta con detenciones de tipo político y la diplomacia de países de corriente autodenominada como progresista ha guardado silencio. A China no se le juzga ni se le cuestiona por estos actos en bloques económicos y políticos como el BRICS.

El mensaje de fondo es preocupante, porque queda en el ambiente que algunas personas merecen protección y otras quedan aplastadas por la miopía diplomática. Es el sistema peligroso de que algunas vidas valen más que otras.

El conflicto armado en Sudán que estalló en abril de 2023 ha enfrentado a dos facciones de las mismas fuerzas armadas, allí se han cometido violaciones por miles a los derechos humanos y hasta el momento la gran triunfante del conflicto es la impunidad.

Ni las Naciones Unidas, ni los estados vecinos o las grandes potencias han podido o han querido hacer algo debido a los múltiples intereses económicos y geopolíticos en curso. Un mecanismo internacional para la observación de los crímenes cometidos en el conflicto fue propuesto y no hubo ni un solo apoyo por parte de países africanos.

Lo curioso es que Sudáfrica, ampliamente famoso por la denuncia ante la Corte Penal Internacional CPI contra Israel por genocidio en Gaza, no votó para que ese mecanismo de protección en Sudan fuese aprobado. La razón es que al parecer el gobierno de este país financia y apoya a un grupo en el conflicto que controla zonas con vastos recursos energéticos que son explotados por multinacionales sudafricanas. Y la denuncia ante la CPI estaría motivada por el amplio apoyo dado por el estado judío durante el Apartheid al Partido Nacional, opositor al actual gobierno.

La diplomacia miope impulsada por la Casa Blanca reúne miles de ejemplos, entre los más sonados está su amplio apoyo a la monarquía saudita que comete amplias y documentadas violaciones de derechos humanos en su territorio y en el pasado conflicto contra los huties en Yemen.

También sus apoyos a Filipinas y la India por sus esfuerzos para frenar el avance chino en la región y el mundo. Así mismo, este país tiene una agenda para denunciar y perseguir a otros regímenes como el iraní o el sirio.

Europa ha mantenido una postura muy fuerte en materia migratoria, sobre todo con personas provenientes del norte de África, en cuyo caso se han registrado violaciones, como la separación de las familias, detenciones arbitrarias y ocultamiento de violencias de tipo sexual. Reglón seguido no se aplica el mismo rasero con migrantes de otros países, sobre todo los que provienen de sociedades blancas y se esfuerzan decididamente en denunciar el maltrato de países como China a los migrantes que provienen del sur de Asia.

El informe también resalta cómo por medio de la democracia se justifican y validan acciones públicas de violaciones de derechos humanos y que a la fecha permanecen casi en el anonimato.

En Túnez, el gobierno de Kais Saied desde el 2019 y, aprovechando el amplio apoyo popular, ha eliminado prácticamente el sistema de contrapesos institucionales.

Mismo caso, el de Nayib Bukele en El Salvador, que, legitimado por un apoyo casi general, ha cometido detenciones arbitrarias, incluso de personas inocentes, como el mismo gobierno aceptó en el 2023.

En Guatemala, funcionarios de instituciones descentralizadas hicieron esfuerzos por deslegitimar la victoria de Bernardo Arévalo, que ganó gracias a propuestas que impulsan cambios en el sistema para luchar contra la corrupción.

En el otro espectro está el reconocido Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, quienes gobiernan Nicaragua sin ningún tipo de contrapeso, reprimiendo con dureza a organizaciones sociales y a periodistas que han alzado sus voces contra Ortega.

El informe es contundente en resaltar el doble rasero en las relaciones internacionales, en cómo los gobiernos impulsan agendas comerciales y políticas que invisibilizan las atrocidades que cometen sus socios, pero no así contra quienes no están bajo la misma línea en sus intereses internacionales.

La visión del mundo frente a los Derechos Humanos depende hoy en día y en gran medida de lo que el otro puede ofrecerme y de cómo un estado puede ocultar a ultranza los crímenes del otro por afinidad o por algo de recursos naturales.

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