Mayo inició con paro armado en varios departamentos del país como Antioquia, Atlántico, Bolívar, Chocó, Magdalena, Córdoba, Sucre, entre otros, desde el cuatro hasta el ocho comenzó el miedo y la desorientación sobre lo que estaba pasando en diferentes municipios en zonas rurales y urbanas.  Inicialmente fueron niñas y niños que iban de camino a sus instituciones educativas o que ya se encontraban dando clases quienes fueron sorprendidos por personas armadas quienes llegaron con el fin de suspender las clases lo que generó terror entre estudiantes, profesores y padres de familia.

Durante los casi cuatro días de paro armado se contabilizaron alrededor de 309 acciones violentas enfocadas especialmente en la quema de automotores, como por ejemplo buses de transporte intermunicipal, un vehículo de la empresa de Energía Eléctrica Afinia, motocicletas, camionetas, una ambulancia y camiones recolectores de residuos sólidos. Según la Unidad de Investigación y Acusación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), fueron destruidos 118 bienes de la sociedad civil entre 178 municipios de los 11 departamentos afectados por el paro, hubo 10 afectaciones a medios de comunicación locales; 24 homicidios selectivos a civiles y 15 tentativas de homicidios, además, 54 terminales fueron cerradas.

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Así mismo, mediante redes sociales se conoció que en Antioquia y Sucre atacaron a uniformados de la Policía Nacional, pero según informó la JEP hubo 22 ataques a la fuerza pública y dos uniformados fueron asesinados. Además, el escalamiento de la violencia se vio también reflejado en que hasta en cinco ocasiones atacaron a misiones humanitarias que buscaban garantizar los derechos humanos de la ciudadanía. En 20 municipios hubo grafitis en torno a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) o al Clan del Golfo.

Además de los bloqueos y el cierre del comercio que representó significativas pérdidas para el país, lo que llamó en gran medida la atención, es que el miedo generalizado llegó inclusive a ciudades capitales, como en Montería, pues pese a que el Gobierno de Iván Duque trató de generar confianza manifestando que la fuerza pública estaría para reestablecer el orden e inclusive por medio de redes sociales se difundió el acompañamiento de la Policía Nacional en diferentes barrios, las y los habitantes de la capital de Córdoba prefirieron resguardarse en sus casas,  dejando las calles casi vacías, con muy poca cantidad de peatones o vehículos. La mayoría de tiendas en los barrios y casi en general el comercio estuvo cerrado.

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Dialogamos con algunas personas del departamento y manifestaron su percepción sobre lo que representó el paro armado del Clan del Golfo.

Zona urbana del Municipio de Lorica, departamento de Córdoba

“Tenía asuntos personales en el Municipio de San Bernardo del Viento, al despertar me encuentro con la noticia y me tocó cancelar la ida por seguridad, por otro lado, debía reclamar unos medicamentos en el Camú, voy a hacerlo, y la persona encargada de transcribir la orden médica no se encontraba, fui voy a buscar nuevamente pero no había servicio. Como tengo mi negocio, me tocó cerrarlo por seguridad, lo que implica una baja en las ventas y así mismo era imposible hacer domicilios (…) incluso en las horas de la noche mataron a un hombre en otro barrio, y hay poca presencia de las fuerzas públicas.”.

Zona rural del Municipio de Montería, departamento de Córdoba.

“Se había escuchado la noticia, pero no se sabía que se avecinaba un paro armado, en la mañana todo estaba normal, luego llegaron unos señores diciendo al comercio que debían cerrar porque iban a entrar en paro y la orden era todos en sus casas, luego de eso se abalanzó una gran cantidad de gente a los negocios a comprar porque eran cuatro días de paro y sacaron plata de donde no tenían.”

Una estudiante también nos contó cómo vivió el paro armado: “el jueves 6 de mayo todo empezó normal, salimos de clase. Compramos y todo, nos sentamos en el comedor y de repente se escuchó por las bocinas del colegio que por favor todos los profesores se dirigieran con los estudiantes a los salones, nosotros no sabíamos qué pasaba. Yo me tome de las manos con mis compañeros y juntos fuimos al salón, recogimos nuestros bolsos y nos quedamos alrededor de 5 min dentro. Todos felices porque nos íbamos a la casa, pero esa felicidad pronto se fue en miedo porque no era común ver a los profes asustados, no nos dejaban salir sin un adulto. La mayoría de mis compañeros y amigos se iban solos y sus acudientes no los podían ir a recoger, yo salí del salón con una amiga y le presté mi celular para que le hablara a su mamá y a su hermano, pero no contestaban, mientras también hablaba con unos amigos del Policarpa y decían que se metieron unos hombres armados. Yo la tomé de la mano y nos dirigimos a la puerta, la puerta era un desastre, se veía la gente corriendo y las caras de tragedia de las personas. Yo no solté a mi amiga en ningún momento y cuando salimos otros chicos intentaba salir, aproveché y salí también con mi amiga.  Nos quedamos dos minutos afuera pensando en si entrar otra vez o irnos a donde mi abuela que era la casa más cercana, yo la tomé de la mano y corrimos bajo la fuerte lluvia, paramos en un local que estaba cubierto por mallas negras para respirar (…) y corrimos a la casa de mi abuela”.

Zona urbana del Municipio de Cerete, departamento de Córdoba.

“Vimos la noticia en la mañana que habría represalia en contra de la extradición de Otoniel y de repente el flujo vehicular que trascurría con normalidad empezó a calmarse y la gente salió a comprar de forma loca, ya se sabía que habían matado a una persona en Cerete y eso hizo que la gente se alterara y se redujo totalmente el tráfico de los vehículos. Llegamos a la casa y nos encerramos. Todo fue muy caótico, por las noticias nos enteramos que hubo capturas y una balacera, todo eso nos generó mucho miedo, nos daba miedo salir o estar en el patio. Hoy todo parece estar más calmado pero el miedo persiste. Todo está solo pero militarizado”.

Otra persona también nos contó que, “cuando yo estaba en el colegio muchos papás llegaron a buscar a sus niños porque en las principales instituciones públicas del municipio de Cerete algunos hombres llegaron armados a sacar a los estudiantes, a dos compañeras del colegio las amenazaron con armas de fuego y llegaron aturdidas al colegio, todos se regresaron a sus casas. Las casas están marcadas, principalmente en los barrios más marginales.”

Zona rural del Municipio de Tierralta, departamento de Córdoba.

“Salíamos de nuestra vivienda cuando recibimos llamadas de padres de familia diciendo que varias personas encapuchadas habían devuelto a los niños de una vereda cercana a la institución, los docentes nos encontrábamos ignorantes de la situación, pero vía WhatsApp fue circulando la información de lo que estaba sucediendo, de los panfletos, diferente comunicados y notas de audio. Muchos de los docentes no somos de la zona donde laboramos por lo tanto estábamos encerrados, sin abastecimientos, ya que los locales y tiendas se encuentran cerradas.”

Municipio de San Pelayo, departamento de Córdoba.

“El Inicio del paro armado decretado por el Clan del Golfo fue bastante inesperado y de una forma bastante fuerte, en cuestión de un par de horas el municipio pasó de estar de su forma normal, de su cotidianidad a parecer un pueblo fantasma mientras que en las redes sociales y por mensajes de amigos llegaban noticias de acciones criminales en varios lugares del municipio. En un corregimiento varios hombres interceptaron a dos motociclistas, les hicieron bajar de sus motos y procedieron a incinerarlas, por otro lado, en el centro del municipio aparecieron las siglas del grupo que decretó el paro armado, y así transcurrió el primer día de paro armado con mucha incertidumbre. Al amanecer el segundo día del paro armado una de las primeras noticias que se da es la de otra motocicleta incinerada en un corregimiento del municipio, motocicleta de personas que por alguna razón se ven obligadas a salir de sus casas en medio de la desesperación.”

Zona rural del municipio de Sampués, departamento de Sucre.

“La situación aquí en la sabana sucreña era temerosa. Los entusiastas corregimientos y veredas de la región eran pueblos fantasma. Todos andamos con miedo, asustados y a la expectativa de lo que podía pasar. Ni las restricciones del Covid tuvieron tanto peso en estos pueblos como esto del Paro (…) Esto es una tragedia…”.

Con lo anterior, el Clan del Golfó demostró que es un actor armado ilegal que todavía tiene fuerza en el país, pese a que en octubre del 2021 Ivan Duque manifestó en redes sociales que con la captura de Otoniel se marcaba el final de esta estructura armada y por ello, medios como France 24 titularon los hechos de los últimos cuatro días como “el fracaso de la política de seguridad del Gobierno”.