Todas las épocas de la historia de la humanidad tienen crisis. Cada una tiene preocupaciones específicas. La Edad Media europea tuvo que lidiar con su temor constante al infierno y al rechinar de dientes. Los aborígenes en América tuvieron que enfrentarse a la invasión de sus territorios, que de un momento a otro los convirtió en desterrados de sus terruños y de la imposibilidad de practicar sus saberes. Los afrodescendientes han tenido que soportar que un grupo humano se creyó superior a ellos y los utilizó como mercancía en el comercio de esclavos. Las mujeres se han visto subyugadas por una fuerza patriarcal que hace la guerra y que las ha embarazado con el único fin de la posteridad, o de parir hijos para la muerte…

En fin, podríamos hacer listas perentorias sobre las crisis a las que se han enfrentado los seres humanos. Sin embargo, este no es el propósito del presente texto.

La pregunta que se hace desde este espacio es, ¿Cuál es la crisis de esta época?, ¿Cuál es la mayor problemática de los hijos de los siglos XX y XXI?

Ojalá tú, querido lector, hayas dicho al unísono: la crisis climática y ambiental.

Así es, el problema más grave de esta época es el cambio climático. Eso sí, hay que decir que es, a causa del hombre blanco, occidental, capitalista y colonizador. No es a causa de los aborígenes de América ni de África, ni de los del sur epistémico del que nos habla Boaventura de Sousa Santos. Esta catástrofe responde a la forma en que los amos del orbe han estructurado la forma en que funciona el mundo, es decir, una en que todo es objeto de consumo, así eso implique la destrucción del planeta y de las comunidades que lo habitan.

Ahora bien, quienes no dominamos al mundo con un poder que viene de élite, sí tenemos el poder civil, es decir, la decisión y la fuerza a la acción. La decisión surge de algunas preguntas: ¿en realidad necesito lo que voy a comprar?, ¿el político que elegiré para que me represente tiene como propósito verdadero proteger a la naturaleza o es solamente un títere de las empresas que le financian la campaña con el único fin de tener aliados?, ¿soy consciente de que todas mis actuaciones tienen una relación con el cambio? Por otra parte, la fuerza a la acción tiene que ver con la fuerza transformadora, por ejemplo, la resistencia para no dejarnos seducir con la mentira de los negacionistas, ni de los que nos prometen falsos paraísos a punta de publicidad con el objetivo de hacernos creer que somos consumidores y no humanos ni ciudadanos.

Gramsci decía, “quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes”. Los habitantes del Planeta, en este momento no podemos ser indiferentes, todos y todas hemos de tomar partido, responder con decisión y acción a la crisis. Tenemos que darle la oportunidad a las futuras generaciones de decir con Borges: “Es mucho haber tocado el viviente jardín siquiera un día”.

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, mas no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.