Alma grande significa “Mahatma” en sánscrito, el apodo otorgado por el poeta Rabindranath Tagore a Mohandas Karanchand Ghandi. Su labor como activista por los derechos de la población india usando la resistencia pacífica, le hizo acreedor de este título. 

El joven abogado, convencido de que la paz podía conseguirse sin recurrir a la violencia, afirmó en 1927: “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”, una filosofía mediante la cual se convirtió en un símbolo de lucha pacífica y figura de inspiración para Martin Luther King y Nelson Mandela. 

Mohandas Karanchand Ghandi nació en Porbandar (Raj británico), en la actual India, un 2 de octubre de 1869. Sus padres fueron el primer ministro de Porbandar, Karamchand Gandhi, y Putlibai. Creció junto a dos hermanos y una hermana, siempre teniendo presente el respeto y la tolerancia como valores que aplicaría a lo largo de su vida. 

“Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien este solo es temporal. El mal que causa es permanente”, señalaba el pacifista.. 

En su adolescencia fue un joven introvertido que solía pasar desapercibido. Como es tradicional en la India, su familia concertó un matrimonio y a sus 13 años se casó una chica de esa misma edad con la que tuvo cuatro hijos. 

Académicamente no logró destacar, pero con esfuerzo logró pasar el examen de ingreso a la universidad y poco después se trasladó a Londres, Inglaterra, para estudiar derecho en 1988. Luego, debido a una oportunidad laboral con una empresa en 1893, Gandhi vivió un tiempo en Durban, Sudáfrica, donde sufrió prejuicios y discriminación por su raza, situación que evidenció, se replicaba en sus compatriotas indios. De ahí nació el impulso a sumergirse en la labor política y el activismo pacífico por los derechos civiles.

Durante sus primeros años de lucha por los derechos civiles de los indios en el país africano, Gandhi fundó el Partido Indio del Congreso de Natal para poder reunir a sus compatriotas en ese país. A través de esta formación, los indios comenzaron a manifestar sus primeras protestas en contra de la discriminación y la desigualdad.

En 1915, Gandhi regresó a la India, donde ya era conocido por sus métodos de protesta: la no violencia y la resistencia pacífica. En estas movilizaciones, aplicó un neologismo de su propia autoría: satyagraha, que se refiere a la ‘insistencia en la verdad’, y representa la lucha, la resistencia y la desobediencia civil, con objetivos éticos políticos bajo una dimensión espiritual.

El Gandhi que había llegado a la India, era uno distinto al que se había ido. A su arribo, abandonó la vestimenta que había adoptado viviendo en occidente y empezó a portar la típica de su país, y se apegó a las costumbres tradicionales y la vida en comunidad. 

Junto a su familia, el activista empezó a viajar por toda India, con discursos que combinaban política y pasajes de los libros sagrados de distintas religiones. Con el tiempo se convirtió en el líder del movimiento independentista de su país frente al poder británico. Pero lejos de promover a las masas a alzarse en armas, difundió la no violencia, la resistencia pacífica y nuevos modos de oposición.

Gandhi no usó armas pero si recurrió con frecuencia a las huelgas de hambre como una de sus principales formas de la no violencia. “La fuerza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indomable”, aseguraba. 

Entre marzo y abril de 1930, cientos de discípulos y periodistas junto a Gandhi recorrieron durante 24 días más de 300 kilómetros hasta el océano Índico con el fin de exigir su derecho a producir sal. Entonces era un producto de vital importancia en la India para la conservación de los alimentos. Y hasta ese momento cualquier indio podía obtenerla recogiendo agua del mar y dejándola evaporar. No obstante, el imperio británico se había apoderado de la producción y generó un impuesto sobre su consumo. Pero tras lo que fue conocido como la ‘Marcha de la sal’, miles de personas por todo el país se acercaron al mar a recogerla desafiando el mandato foráneo. Muchas fueron encarceladas, incluso Gandhi. Aun así, el virrey terminó cediendo y reconociendo el derecho legítimo de los indios a producirla. 

“La no violencia es la mayor fuerza a disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre”, decía el activista 

Esta movilización se convirtió en inspiración de Martin Luther King, y en 1930 la revista Time la comparó con lo sucedido durante el motín del té en Boston, que desencadenó la independencia de Estados Unidos. La marcha de la sal no logró lo mismo, pero le demostró a los británicos el poder de la no violencia para unir al pueblo en su contra.

El activismo de Gandhi, aunque carecía de cualquier tipo de violencia, le llevó al claustro en prisión en varias ocasiones a lo largo de su vida, pero jamás perdió la convicción de los métodos de lucha pacífica que adoptó hasta que cerró los ojos por última vez. De hecho, Gandhi estuvo nuevamente entre el ojo público tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Su posición para entonces era más que obvia, estaba en contra del conflicto bélico y volvió, fervientemente, a pedir la independencia de India del Imperio Británico. Por ello, fue encarcelado nuevamente.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1947, también terminó el yugo al que estaba sometida la India. El país se dividió en hindúes (India) y musulmanes (Pakistán). Entonces se produjo un gran éxodo y una gran masacre en la que murieron miles de personas. Gandhi intentó parar las masacres, pero lo único que consiguió fue el odio de los radicales de ambos bandos. En más de una ocasión fue víctima de atentados contra su vida. Finalmente, el 30 de enero de 1948, un joven radical hindú lo asaltó y lo abatió a tiros. El asesino y su cómplice fueron condenados a muerte y ejecutados en noviembre de 1949. 

Gandhi se inmortalizó con su legado. Sus mensajes de amor, honestidad y cambio social, han trascendido en el tiempo y traspasado fronteras. Hoy se mantiene vigente como símbolo de paz y modelo a seguir de generaciones que como él, sueñan un país ¿Y por qué no?, un mundo diferente, en el que esa utópica convivencia pacífica, amorosa y tolerante, sea posible. 

Comunicadora social y periodista, con experiencia en prensa escrita, comunicación institucional y trabajo con comunidades vulnerables desde el enfoque de la participación política, defensa del territorio y comunicación para el cambio social.