Por: Thalía Bedoya

Ustedes que todo lo tienen pero no están muy convencidos si esto realmente les pertenece, quiero invitarlos a que salgan de su burbuja temporal y hagan una introspección de lo que pasa a su alrededor y juzguen a su criterio, si lo que pasa en su país es realmente justo teniendo en cuenta todos los sacrificios con los que se sobreviven. No, no es muy fácil subsistir en Colombia y levantarse día a día para salir adelante en un país donde no se garantiza ni lo básico.

Ustedes, hombres y mujeres inteligentes y capaces que, trabajan, estudian, cultivan una tierra, son emprendedores, innovadores, actores/as sociales que transforman día a día una sociedad, de la que esperan como resultado un cambio social y en pro de un bienestar colectivo que, en vez de retroceder, avance hacia un futuro en donde todos y todas logremos disfrutar de los derechos que nos debería brindar este país demócrata; pero esta realidad utópica es la que nunca vamos a lograr, porque somos unos conformes que permitimos que unas maquinarias políticas, sociales y económicas nos polaricen a su gusto como si fuéramos sus marionetas y no nos dejan ser autónomos de nuestras propias decisiones y elecciones como ciudadanos.

Estoy cansada de la arbitrariedad con la que gobiernan desde hace muchos años y me manifesté ayer, lo haré hoy, mañana y todos los días que sean necesarios hasta que esta patria deje de ser pisoteada por pocos, por los mismos, por los de siempre, por la oligarquía perpetrada y los intereses de los más poderosos. Por los que se tiñen de rojo desde las guerras pasadas y se lavan las manos como Pilatos, por los que prefieren mirar hacia otro lado aún viendo la injusticia a centímetros; por los que justifican muertes y barbaries de un bando u otro, como si el dolor no fuera el mismo. Por los que no aprecian sus recursos naturales y quieren sacar partido sin priorizar los factores de subsistencia de una comunidad, por los que creen que por ser privilegiados en educación, los menos privilegiados no puedan luchar por lo que le garantiza un derecho constitucional.

También me manifestaré por los que se levantan todos los días con un pan y agua panela en el estómago para ir a cumplir con sus obligaciones laborales y creen que éstos solo se merecen un porcentaje por dicha labor y para complicar más la situación, por los que nadan en el mar del desempleo por falta de oportunidades. Además, por los que se conforman con un servicio de salud precario y paupérrimo; por los que deciden vender su voto y su participación ciudadana por un puesto, por un tamal, por unos centavos, un contrato y para rematar defienden a capa y espada un gobierno corrupto y clientelista, y casi para finalizar éste corto listado, por los que apoyan ciegamente una guerra en donde los protagonistas principales somos los menos favorecidos y en donde no hay cabida para lograr una paz tan anhelada.

Y estoy aún más desbastada y puedo decir que con temores, por los que luchan para que la situación mejore, pero los están matando diariamente, a nuestros líderes sociales entre ellos/as indígenas, gestores sociales, defensores de un patrimonio cultural y ambiental, se han convertido en objetivo de estrategias militares mal ejecutadas. Solo hablar de paro, sin que siquiera se hubiera llevado a cabo, nos dejó allanamientos, puestos de control por todo el país, ley seca y un toque de queda, como si los convocantes a un paro nacional fueran los antagonistas de todo este cuento y no la falta de autonomía para gobernar un país.

Los gremios que ejercen este derecho de la protesta social, son los que más aportan a la sociedad (Educación, salud, centrales obreras, campesinado, transporte) y son los que más injusticias y poco respaldo han tenido desde tiempos memoriales, que lo único que hacen es luchar por la dignidad y por el futuro de las generaciones venideras desconocedoras de todos los atropellos y abusos que pueden ser legitimados en un abrir y cerrar de ojos.

Por esta razón, no vamos a ceder ante las amenazas de este Estado, ante la ofensiva mediática que se viraliza por las redes sociales haciendo su papel de víctima y demonizando las marchas acontecidas ayer. Ante los precursores que insisten en la violencia y en el miedo infundado, no vamos a permitir caer en provocaciones y mucho menos nos vamos a quedar en casa con los brazos cruzados, nosotros seremos testigos participes de una escucha de inconformidades que transcenderá y hará eco a nivel mundial demostrando que Latinoamérica está despertando de una forma u otra. Porque los que creemos en un mejor país , vamos a seguir dando la cara, con nuestras pancartas, pitos y cacerolas haciéndonos escuchar, protegiendo al que está al lado, al patrimonio público y privado, porque esto también nos pertenece. Somos colombianos y esta es nuestra apropiación territorial, social y de identidad que nos debe caracterizar.