Con los pies cansados, la piel quemada y la garganta maltratada, aún me encuentro eufórico, sorprendido y extasiado por la jornada histórica que vivió ayer el país. Personas de todas las edades y todas las clases sociales, incluso animales salieron a la movilización, a hacer parte del caudal humano que inundó con energía, indignación, coraje y furor las calles del país.

En Villavicencio, Meta, fue un hecho sin precedentes. La unificación de las luchas sociales transformadas en un mismo llamado de respuesta urgente al gobierno nacional para exigir garantías, cumplimiento a lo pactado y dignidad para el pueblo colombiano. Más de veinte mil voces salieron a bañar de emociones la capital llanera y a mostrar a quienes no marcharon, que el pueblo unido jamás será vencido. Y eso lo entendieron e incluso apoyaron los cientos de espectadores que hubo a lo largo y ancho de los recorridos frente al Centro Comercial VIVA y el puente del Río Ocoa.

Ayer, en el llamado #21N se mostró en todo Colombia, que “pararse duro” por el país, no significa ir a volver trizas todo lo que se atraviese, sean objetos o personas. Porque si yo me paro duro por mi país, es para preservar lo bueno y mejorar lo que no funciona. No para barrer con todo, como quienes no marcharon porque creen que eso es lo que buscan las marchas. Se cambió la manera de ver las manifestaciones y los movimientos sociales. Se le dejó claro a nuestros dirigentes que buscamos cambio, no caos. Que buscamos soluciones y no somos nosotros los generadores de problemas. Eso marca un antes y un después para que la ciudadanía que no cree en estas actividades entienda que es legítimo, es en pro del mismo pueblo y es un bien necesario que hace sentir el calor de cientos de miles de almas abrazando a todo un país en busca de cambio.

Tuve el placer de poder marchar ayer junto a mi papá que, por cuestiones de salud no era para él lo más recomendable. Y demostró, ante un gobierno indolente, ante un presidente que solo da discursos vacíos, que un corazón enfermo es más fuerte que cualquier campaña de miedo y represión. Que un señor de sesenta años puede caminar con determinación y tenacidad bajo el sol y la lluvia, en medio de una multitud iracunda y exacerbada debido a los malos manejos de quienes fueron elegidos para comandar la nación, demuestra que la edad no es una limitante y, en este caso en particular, la salud tampoco. Porque el pueblo mueve al pueblo y ayer mi papá, como todos nosotros, fue pueblo, fue una voz que se sumó para, con fuerza y gallardía, levantar gritos, manos y banderas al cielo y demostrar que Villavicencio puede ser unión, puede ser lucha, puede ser más.

Pero lo sucedido ayer no puede parar. Demostramos, jóvenes y adultos que somos capaces de mucho. Tenemos que seguir sumándonos a las diferentes actividades e iniciativas, porque el paro no para y nosotros tampoco podemos. Lo que dijo ayer el Presidente fue nada, lo cual es inaudito. El paro tiene que seguir y junto a ese movimiento, la gente debe continuar.

Lo sucedido ayer es para sentir orgullo, emoción. Porque fue un movimiento significativo y diciente. Se le dijo al país y al mundo entero que Colombia y su pueblo no es menos que su gobierno y no permitirá más desplantes y humillaciones. No más. Puede que no tengamos un cambio inmediato, ni todo lo que necesitemos llegue rápido. Por eso mismo hay que seguir luchando, porque el #21N fue solo el comienzo de algo más grande, de algo importante, de un cambio real. Gracias Colombia por dejarme sin palabras ayer. Gracias mil.

Fotoreportero Freelance y periodista para El Cuarto Mosquetero con interés en desarrollo de trabajo con comunidades indígenas. Usando el periodismo como herramienta para la reconstrucción histórica y de tejido social