Peter Shilton se pone de pie, sus manos quedan en la cintura y observa para todas partes. Está desconcertado. Le acaban de anotar un gol, un gol que luego será considerado el mejor en toda la historia del fútbol. Era el mediodía del 22 de junio de 1986, y lo que aún no sabía el gigantón arquero ingles, era que su vida cambiaría para siempre desde ese día. En Leicester, Inglaterra, la señora May Shilton puja con fuerza para dar a luz, corría el año de 1949 y el Reino Unido estaba desbaratado producto de la Segunda Guerra Mundial. Nació un bebé sano, gritó fuerte y luego se calló. Levantó sus manos al cielo como buscando un balón. Desde ese día la suerte estuvo echada. 

Cuando caminó buscó un balón, le dio patadas, lo agarró de tal manera que la gente que lo veía sentía que en efecto esa esférica le pertenecía al infante. Inició la carrera a muy temprana edad, en el fútbol lo tenía todo, no necesitó de muchos estudios o de ver otras posibilidades para ganarse la vida. Su camino estaba atajando balones, aunque hubo dos que no pudo atrapar y esa sería una carga eterna. 

Debutó en el equipo de la ciudad que lo vio nacer, Leicester City, en 1966 a sus 16 años. Sus brazos eran interminables, se podía mirar desde los hombros y los dedos estaban por allá, muy lejos, como  si no hubiese un fin. Era un muchacho con cara de asustado, boca grande, cabellos revueltos y ojos diminutos, pero decidido a convertirse en leyenda bajo los tres palos. Escribió historia en aquel equipo de fútbol, jugó 348 partidos y anotó tan solo un gol. De él se puede decir que no era un libero, era un arquero fijado bajo los palos y de ahí su gran seguridad, además de sus raros y largos brazos.

Pasó por 11 equipos antes de su retiro en 1997, pero lo extraordinario es que ha sido el jugador que más ha vestido la camiseta de su selección con 125 veces y ostenta el record de ser el futbolista con la mayor cantidad de partidos disputados de manera oficial en la historia. Casi 1.400. Los otros records asociados a él vendrían por la genialidad y la viveza de un argentino que tomó revancha por las Malvinas. 

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Calle 13, el grupo musical, en una de sus canciones menciona a un tal Maradona, “soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles”. Esos, precisamente esos goles, son la carga eterna de Shilton, que aún hoy, treinta y cuatro años después, no lo supera. Hace poco el arquero inglés dijo que Maradona tuvo grandeza pero no espíritu deportivo. ¿Por qué?

Regresamos a la ciudad de México, es mitad de año, se está disputando el mundial de fútbol, en la cancha hay once hombres argentinos y once ingleses. Se miraban con ganas inauditas de matarse, no aguantaban para que el señor Ali Bin Nasser pitara el inicio del partido y empezara un nuevo capítulo de la rivalidad entre suramericanos y europeos. La guerra de las Malvinas había terminado cuatro años antes con derrota para Argentina. Aquel partido de fútbol era mucho más que patear un balón. Se jugaba el honor de un país. 

El primer tiempo se fue en roces, jugadas cortadas y poco vértigo. Los ingleses hicieron hasta lo imposible por anular a ese tal Maradona que jugaba a otra cosa. En el segundo tiempo, a los pocos minutos, el 10 argentino, aquel muchacho de Villa Fiorito, tomó el balón fuera del área, se llevó a tres y entregó a Valdano, a quien el balón le pica y se le fue largo. El defensa Steve Hodge intentó despejar pero generó un centro a Maradona, quien se eleva por los cielos mexicanos, se da cuenta que el balón va sobrado, así que levanta su mano izquierda y anota. Peter Shilton ha protestado desde esa fecha. En el campo de juego buscó al árbitro para intentar anular el gol. Fuera de ella, en las charlas con los amigos, en los PUBs habla y habla y trata de quitarse ese peso de encima. Pero un gol anotado por la mano de Dios no es poca cosa para liberarse. La carga será eterna. 

Tan solo pocos minutos después, Maradona tomó el balón en la mitad de la cancha, se llevó a uno, dos, tres, cuatro, cinco, el recoge balones, al técnico, al narrador, al comentarista, a los fotógrafos, a los millones que veían el partido por televisión, se llevó a todo el mundo, se metió al área, hizo una pinta que le salió bien y pateó. ¡Gol, Gol Argentino! Ese tremendo gol fue declarado por alguien como el mejor de la historia, el mejor entre los miles que se hacen a diario, el mejor que no tiene comparación y el mejor que ha tenido que soportar por el resto de su vida Peter Shilton. 

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.