El 7 de agosto de 1819 el ejército libertador apostado en las montañas de Boyacá trazó rumbo hacia el Puente de Boyacá. Eran una fuerza de unos dos mil ochocientos hombres, la mayoría mal armados y con escases en comida y otros elementos. El plan era impedir que el general Barreiro, comandante de las fuerzas españolas prosiguiera su camino hasta Santa Fe para poder unir sus recursos con los del virrey Juan Samano. Desde el alto de San Lázaro Bolívar observó los movimientos de las tropas de Barreiro, fue así como a las diez de la mañana partieron los primeros hombres comandados por el General Francisco de Paula Santander con rumbo al puente que unía los caminos de Samacá y el Camino Real.

En las primeras horas de la tarde el combate empezó en la Casa de Teja, en donde algunos españoles tomaban el almuerzo y fueron sorprendidos. Por su parte, Santander con todos los hombres de la Vanguardia atacó e hizo retroceder a su par española hasta el Puente de Boyacá, lugar en donde se desarrolló el grueso del combate. A media tarde la batalla estaba dividida en dos, las dos vanguardias en los alrededores del Puente de Boyacá y el resto de los ejércitos en las planicies que conducían al camino de Samacá. Los españoles estaban incomunicados y separados por el río Teatinos y muchas de sus acciones fueron descoordinadas.

Santander dirigió a un grupo de hombres por el río Teatinos para llegar por la espalda de la Vanguardia española, dos escuadrones realistas se enfrentaron a los llaneros del Casanare, pero fueron derrotados. Ante el desconcierto de las tropas españolas por los rápidos movimientos del ejército criollo, Santander aprovechó las circunstancias y lanzó un ataque feroz y rápido sobre el Puente de Boyacá con el batallón Cazadores y la Primera Línea. De esta manera lograron conquistar el lugar y poner en huida a las tropas españolas que lograban reunificarse para seguir dando batalla.

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El general Barreiro desde una altura trató de rehacer su infantería para desesperadamente equilibrar la balanza, pero ya era muy tarde, las tropas de Bolívar les cerraron el paso a los hombres que huían desesperados. Ante esto, los españoles, cercados por todas partes, no tuvieron más remedio que rendirse ante el ejército rebelde en las montañas de Boyacá. Las acciones bélicas terminaron a las cuatro de la tarde, murieron más de cien soldados realistas, hubo 150 heridos y mil seiscientos prisioneros. Por su parte, las bajas y los heridos del ejército rebelde fueron mínimas, trece muertos y menos de cincuenta heridos.

Al enterarse de las malas noticias el virrey Juan Samano entró en pánico y decidió abandonar la capital del virreinato, lo hizo de manera rápida por el camino de Guaduas hasta llegar a Honda y desde allí zarpar a Cartagena, abandonando de manera definitiva las tierras neogranadinas.

Aquella noche del 7 de agosto de 1819, Bolívar inspeccionando a los prisioneros españoles, notó que su comandante el general Barreiro y muchos de sus oficiales no estaban, habían logrado huir aprovechando las sombras de las primeras horas de la noche. Grupos de hombres salieron en la búsqueda, entre ellos el pequeño niño Pedro Pascasio Martínez, quien se desempeñaba como cuidador de caballos. Por angostos caminos Pedro Pascasio y el Negro José, buscaron con cuidado señales de enemigos ocultos, rastrearon varios lugares, al llegar al río Teatinos, tras unas rocas estaba Barreiro con un oficial. El Negro José dio cuenta del oficial y tomaron como prisionero al general español.

Al verse prisionero, Barreiro le ofreció al niño una bolsa con monedas de oro a cambio de no delatarlo y dejarlo huir, pero la respuesta del niño fue desconcertante: “Ni todo el dinero del mundo podrá comprar la libertad de una nación”. De esta manera Barreiro fue presentado ante Bolívar y el niño recibió una recompensa de cien pesos y fue ascendido al grado de sargento. Al culminar la guerra de independencia Pedro Pascasio se retiró a esperar su pensión que nunca le llegó, fue solo hasta 1880 cuando el Congreso de la República en reconocimiento del heroico hecho, le fue aprobada una pensión de un peso que solo recibió una vez.

Pedro Pascasio Martínez, el niño honrado de la Batalla de Boyacá, finalmente murió a los setenta y siete años, pobre y casi olvidado por su patria.

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.