La activista Sori Andrea Fernández Montoya es retratada en un perfil escrito por la periodista Mónica Guzmán, quien revela la vida personal, las lecciones y el trabajo que lleva realizando desde hace casi dos años en honor a su hermana Natalia, una joven víctima de feminicidio en Villavicencio.

Sori Fernández, una mujer joven pero que lleva a cuestas por elección propia el ser la voz de cientos de mujeres que hoy en día ha silenciado la violencia patriarcal, es la hija de mayor de la familia Fernández Montoya. Nació en Villavicencio dentro un hogar tranquilo, su infancia la vivió en un ambiente de amor junto a su hermana y sus padres. Desde pequeña fue una niña muy aplicada y con gustos por actividades artísticas, pues demostró sus grandes talentos entre el gimnasio y el baile mucho antes de terminar el bachillerato en el colegio Cofrem de Villavicencio.

Esta joven llanera de temperamento fuerte, siguió el camino de su madre y hermana, al estudiar ingeniería de sistemas en la Universidad de los Llanos. Una carrera que ella misma determinó como “retadora y compleja”. Al principio no tenía claro si quería desempeñarse en esa área, pero al final logró culminar sus estudios y empezar a construir su camino como mujer adulta.

Ilustración Cattleya.

La tragedia

Sori un día tuvo que enfrentarse al dolor más grande que podría haber imaginado jamás, era un 13 de octubre del año 2020, cuando la impotencia y la ira empezó a sentirse en toda la ciudad, no solo para los seres queridos de Natalia Fernández, sino para la ciudadanía que mediante medios locales se enteraban que, una joven de 23 años, estudiante de ingeniería de sistemas de la Universidad de los Llanos, había sido asesinada por su expareja, en el barrio la primavera de la ciudad.

Ni Sori ni su familia imaginaron que la violencia feminicida tocara a su familia. “Yo creí que era inmune al dolor y nunca dimensioné que la maldad estaba tan cerca de nosotras y fue terrible”. Todo lo que ella hacía, entre eso bailar, pasaría a segundo plano, pues su objetivo principal era exigir justicia y que el feminicida -quien incluso intentó fugarse- fuera condenado y pagara aquel delito. Para ello fue fundamental el activismo digital, pues esta lideresa tomó fuerzas, creó las redes sociales “Todos somos Natalia”, desde donde empezó a contar poco a poco cómo avanzaba el juicio e invitar a la ciudadanía a acompañarla a ella y a su familia en su proceso de resistencia.

En la cuenta también comparte cada detalle de quién era Natalia, visibiliza los derechos de las mujeres y enseña a la comunidad que los actos de violencia no pueden quedar en impunidad. Asimismo, hoy tienen una red colectiva en pro de brindar apoyo y acompañamiento a mujeres y familias que están sufriendo por las violencias basadas en género.

Sori, quien tiene rasgos similares a Natalia, la recuerda como una mujer hermosa, alegre, que desde pequeña fue espontánea, soñadora y se caracterizó por tener un espíritu de emprendedora, pensando siempre en la niñez y la maternidad, además de gustarle mucho viajar. En honor a su memoria y como una forma de hacer catarsis a su dolor, junto a su madre han emprendido la tarea de visibilizar lo que falta para avanzar en Villavicencio en materia de prevención, pero, además, en los procesos de memoria y justicia para las familias víctimas de casos de feminicidio.

Gracias a su loable labor, la administración municipal decretó el 13 de octubre como el Día Contra el Feminicidio en Villavicencio y actualmente el equipo de Todos Somos Natalia está gestionando que se instale un monumento -similar a La Antimonumenta de México-  en un lugar visible de la capital del Meta, para recordar a las víctimas de feminicidio; el que las familias que hoy tienen una herida abierta por esa pérdida tengan un lugar para recordarlas y evidenciar que su caso podría seguir en impunidad; y para reflexionar que las violencias de género existen y no se pueden minimizar.

Desde su experiencia como feminista explica cómo con la violencia de género, las mujeres son las vulnerables, del cual afirma: “las mujeres no tienen la culpa de la situación que están viviendo, no tienen las herramientas cuando están siendo maltratadas y si lo saben, no están fácil salir de ese círculo de violencia, por eso, debemos buscar ayuda y apoyarnos entre todas”.

Esta activista al hablar de igualdad de género, destaca el papel que deberían tener los hombres en la sociedad, por ello asegura que, “hemos avanzando, pero necesitamos reconstruir nuevas masculinidades, en donde los hombres se les debe hablar de violencia o igualdad, porque ellos son una figura principal de esta lucha, y deben cuestionarse, cuestionar su agresividad y que en medio de esto, haya que ponerlos a pensar que ellos pueden ser feminicidas”.

Por eso, para este año, Sori y su mama tienen como objetivo reiniciar el emprendimiento que dejó su hermana llamada Somi Studio, una empresa que presta servicios personalizados para eventos. Pero también, esperan sacar adelante el brindar orientación y ayuda a las familias que han sido víctimas de feminicidio, servicio que se llamará Favifem.

Hay que continuar

Sori ya no piensa del todo en el futuro, más bien vive el presente, pues, su día comienza a las siete de la mañana en un trabajo regular hasta el mediodía, después se enfoca en retomar en su cuidado personal haciendo ejercicio y el resto de tiempo ejecuta pequeñas acciones de activismo digital para cambiar realidades. Además, ella trata de ser feliz en cada viaje que realiza, encontrando la tranquilad y el poder conectar con la misma esencia que tenía su hermana al recorrer el mundo.

Sori actualmente tiene una firme convicción de que algún día más allá de este plano terrenal se reencontrará con Natalia. “Cuando yo atreviese este umbral, voy a tener conversaciones que quedaron pendientes con mi hermana, pero, por ahora, ella sigue presente en todas mis acciones diarias”, finaliza.