Siempre que se quiere escribir sobre Álvaro Uribe Vélez, la gente espera encontrar en los primeros párrafos la orientación política del autor de la columna. Disculpará el lector que yo prefiera no revelarla, pues el presente artículo no tiene por intención criticar o defender lo que Uribe hizo o es como personaje político, sino dar una opinión acerca de Matarife, la serie digital que ha causado revuelo en redes.

La serie es evidentemente subjetiva y tiene una orientación demarcada. Desde el primer capítulo, el actor de la serie (que es el mismo guionista) empieza a hablar de un proceso judicial por medio del cual les fue permitido hablar de Uribe Vélez como asesino, paramilitar, paraco, y otros adjetivos más que durante los tres capítulos han sido frecuentes.

Que una obra artística tenga una orientación política predefinida no es problema alguno. Ciertos medios de comunicación o editores han empezado a definir una posición que, aunque es parcializada, resulta válida críticamente pues está dirigida a un público que entiende los ideales de lo que lee o ve y lo interpreta a partir de allí. Un ejemplo de ello es el famoso canal de YouTube RT Noticias, que da una visión diferente a los medios de comunicación nacionales.

Sin embargo, a pesar de la demarcada posición política del guionista de Matarife, después de ver los tres primeros capítulos, su aporte crítico o novedad creativa resulta casi nulo. Hasta ahora, el autor se ha dedicado a hablar grandilocuentemente en contra del Club El Nogal, en contra de Mancuso y en contra de Marta Lucía Ramírez, mientras permanece de frente a un tablero enlazando hilos entre una y otra foto como si en ellos hubiera algo escondido, como si fuera su único recurso para crear un suspenso que hasta ahora no logra detonar en ninguna sorpresa que no conozcamos ya de mucho tiempo atrás.

No me sorprendería que los próximos capítulos sean sobre fotos que ya hemos visto miles de veces de Uribe con paramilitares, o de sus nexos, o las grabaciones que una y otra vez hemos escuchado. Porque estos tres capítulos me han demostrado eso: que no hay nada nuevo. Mientras tanto, la retórica que tanto odian los politiqueros de la izquierda cuando está dirigida a Petro en términos de guerrillero, violador, violento, pero que admiran y ensalzan cuando no escatiman en un solo adjetivo en contra de Uribe Vélez al decirle paramilitar, asesino con motosierra, escoria, y demás.

Insisto, no pretendo afirmar que Uribe o Petro no sean paramilitar o guerrillero respectivamente. No me interesa. Lo que sí critico es el lenguaje usado en una serie que parece más cargada de resentimiento que de importancia creativa o política. A propósito, y bajo una iniciativa que aplaudo, la columnista de derecha de Semana, Salud Hernández Mora, escribió una página completa en contra del guionista con el mismo uso del lenguaje que el creador de Matarife, pero esta vez tachándolo de violador, incitador a consumo de drogas, resentido social y demás. Celebro la iniciativa porque de allí se puede percibir dos cosas: que si uno es capaz de ver tres capítulos de Matarife, debe ser capaz de leer un artículo de Salud Hernández Mora siendo consciente de que ambos están sentados tras la misma pantalla, más tirando escupitajos que hablando certezas. Y dos, que la izquierda debe entender que desde hace rato dejó de hacer política de manera inteligente, pues parece que ha caído en el mismo juego de lo que tanto critican.

Todo esto me lleva a recordar el documental sobre Jesús Abad Colorado cuando le preguntaron sobre el por qué decidió fotografiar un cristo mutilado y no a la gente real que estaba muerta, en pedazos, tirada bajo los escombros de la iglesia, tras el atentado perpetrado por las FARC en Bojayá. La respuesta fue simple: porque si le tomo foto a una persona real, la sensación que voy a generar en el espectador será de resentimiento, venganza y odio. Si se la tomo a Cristo, pensé que quizás iba a lograr sensibilizar que hemos llegado a matar hasta a dios en medio de esta guerra sin sentido.

PD: A propósito, si de quitarle poder a Uribe se trata, deberían aplicar la pena que desde hace siglos aplicó el Imperio Romano llamada Damnatio memoriae, que consistía literalmente en condenar el recuerdo de un enemigo del Estado. Procediendo a eliminar todo lo que pudiera recordarlo y siendo prohibido siquiera nombrarlo.

Abogado de la Universidad Libre de Colombia y estudiante de la Maestría en Creación Literaria de la Universidad Central. Actualmente escribo columnas de opinión, y un libro sobre la identidad en los llanos orientales colombianos.