El martes 20 de julio de 2021, el día en que se recuerda ciegamente la Independencia de Colombia de la Corona Española, viajé de Bogotá a la ciudad de Tunja. Pasé por Tocancipá después de las 8:00 PM. En la vía principal había mucha piedra sobre el asfalto. Esto me alarmó, algo no estaba bien. Más adelante quedé en medio de un enfrentamiento entre el Esmad y los manifestantes, supongo que, trabajadores de medios de transportes de carga pesada. Deseaba avanzar, pero la vía estaba bloqueada. Mientras que retrocedía, veía cómo agentes del Esmad subían a unos hombres de ropa raída y sencilla a una de las patrullas de la Policía. Posiblemente, esas ropas y esos sujetos les recordarían a los activos de la policía a algún pariente o a alguien amigo, pues no podemos olvidar que la mayor parte de estos grupos son de extracción humilde y que en la Policía han encontrado un refugio para soliviantar la escases. No obstante, su adoctrinamiento es tan severo que los hacen enemigos de su propio pueblo. 

Logré salir de ahí y a través de los barrios altos de la ciudad, sortear la protesta y retomar la vía principal que conduce a Tunja. 

Mientras continuaba con mi viaje pensé en el pánico que sentí por unos segundos. Sin embargo, caí en la cuenta de que, para mí fueron solo un par de minutos de miedo, en cambio, para los manifestantes es una constante zozobra, es un miedo visceral, un enfrentamiento con la muerte y la mutilación.  Tales circunstancias plantean dos preguntas, ¿por qué siguen arriesgando la vida?, ¿por qué se siguen enfrentando a esa situación tan calamitosa?

La respuesta es sencilla, desean ser escuchados y ser tratados como ciudadanos, es decir, como quienes tienen la capacidad de exigir a los gobernantes que los representan que atiendan sus peticiones, que seguramente van acompañadas de propuestas para que se lleve a feliz término lo solicitado. Sin embargo, nos encontramos ante un gobierno indiferente e indolente frente a las necesidades de la gente. Esto se hizo evidente en las palabras del presidente Duque el mismo 20 de julio. Su discurso hizo hincapié en su gestión en la pandemia, pero desconoció el paro, solamente se refirió a temas que tienen que ver con la forma en que el gobierno enfrenta a los ¨vándalos¨. 

Estigmatizar la protesta por parte del gobierno y los medios de comunicación es una estrategia política, la cual tiene como fin desmotivar a la ciudadanía a que apoye el paro. Si el paro y la protesta pierden el apoyo popular, el gobierno gana con su destreza para la polarización y la desinformación. Pese a ello, los ciudadanos tenemos que ser inteligentes y desarticular la táctica, en primer lugar, tenemos que exigirle al gobierno que negocie con diligencia con los actores y representantes de las manifestaciones. Si las protestas llevan tanto tiempo, es debido a la negligencia del gobierno para dialogar y llevar a cabo planes que conduzcan a que el país salga del atolladero en el que se encuentra.  

No podemos, nosotros los ciudadanos dejar de apoyar a los manifestantes. Resulta una injusticia culparlos de las incomodidades a las que nos enfrentamos debido a su causa. Al que debemos culpar es al Gobierno que no ha sido capaz de gobernar para todo el país, dado que solamente lo ha hecho para los intereses del Centro Democrático y el resguardo de su peligroso caudillo. 

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.