Si bien es un hecho que nos acompaña casi 40 años de nuestra vida, a todos y todas nos han enseñado que es algo que debemos ocultar, transitar sin que se note. Contadas veces hablamos de menstruación, usando miles de eufemismos para no incomodar a nuestro entorno. Si apenas hablamos de esto menos podemos habitar el espacio público con signos que la evidencien. De esta forma, se configura una obligación hacia los cuerpos menstruales de gestionar la menstruación y aquí entra el problema económico.

En el 2018, las toallas y tampones quedaron exentos de IVA en Colombia, pero esto no garantiza que las mujeres con bajos recursos o difícil acceso a estos productos puedan gozar de una salud menstrual digna, siendo esta un factor de ausentismo escolar y laboral. Según Naciones Unidas, en India y África, entre el 20 y el 30% de las niñas reportan no asistir a clases durante los días de sangrado por temor a mancharse o falta de espacios limpios y cómodos para cambiarse. El Banco Mundial ha estimado que, a nivel global, se pierden entre el 10 y el 20% de los días de clase por esta razón. Además, debido a la falta de acceso a información y recursos, muchas veces se practican formas de gestión menstrual antihigiénicas como el uso de paños viejos y desgastados, o trapos, que pueden causar infecciones del tracto urinario, problemas de salud reproductiva y hasta infertilidad.

El documental Period. End of Sentence, ganador de un Oscar y ahora disponible en Netflix, puso a la menstruación como un factor más de desigualdad en la agenda internacional al retratar la situación en India. En el cortometraje se ve cómo un grupo de mujeres rurales recibe máquinas y capacitación para hacer toallas descartables de bajo costo y luego venderlas. Eso, en un país en donde aún es común que durante la menstruación las mujeres no puedan dormir dentro de las casas y en el que, para 70 millones de personas, el costo mensual de los apósitos representa el 12% de sus ingresos.

En Estados Unidos, el organismo encargado de regular las cárceles emitió un memo en 2017 instando a que todos los establecimientos penitenciarios proveyeran gratuitamente estos productos luego de notar que en muchos casos resultaban una moneda de intercambio a cambio de buen comportamiento o favores.

En Colombia, la Corte Constitucional bajo la sentencia T-398 de 2019, puso en la mesa la responsabilidad de los entes territoriales sobre la salud menstrual de las mujeres. Entendiéndolo como un asunto inherente a su dignidad humana y a su vez de salud pública. Este paso se dio, por el caso de una habitante de calle en Bogotá, a quien la Corte tomó como punto de partida para afirmar que el Estado debe garantizarles las condiciones mínimas de vida digna y ello incluye la dotación de productos de higiene femenina.

Aunque se han logrado algunos avances, todavía hay muchas áreas que requieren una mayor participación y cambio de normas sociales negativas en torno a este tema.

A partir del Día de la Higiene Menstrual (28 de mayo), se abre la oportunidad de evaluar los desafíos, avances, y analizar con mayor profundidad este ámbito. Todo ello, para asegurarnos que en el futuro, las mujeres y las niñas no se vean limitadas por algo tan natural y normal como la menstruación.

Ingeniera Ambiental. Embajadora Ciudadana Agenda 2030. Voluntaria de la Red Nacional Jóvenes de Ambiente. Miembro e Investigadora del Observatorio Popular de Género.