El Dorado, la primera reparación colectiva del departamento del Meta, 10 años después es un escenario de paz, reconciliación y desarrollo productivo.

Cuando una persona lee la historia de la violencia en Colombia, sin duda encontrará a la región del Ariari dentro de ese relato. Granada, El Castillo, Mesetas, Vista Hermosa, lugares de alta afluencia en el conflicto. Pero en contadas ocasiones escuchará sobre El Dorado, este municipio no tiene una recordación nacional tan fuerte a diferencia de otros lugares como El Salado, Mampuján, o El Tigre en Putumayo, municipios que llegaron a tener el mismo nivel de afectación en la población.

Señalan voces regionales como Gonzalo Agudelo, Politólogo y estudioso del conflicto en el departamento que, se debe precisamente a la fuerza social que lograron alcanzar los otros municipios con la Unión Patriótica, permitiendo que las comunidades se organizaran, y pudieran contar su relato, contrario a lo sucedido en El Dorado, donde las dinámicas de conflicto irrumpieron con cualquier proceso organizativo.

Como en la mayoría de municipios del país, el génesis de la violencia yace en la visión y en la ausencia estatal sobre las zonas rurales, un reflejo de ello es este lugar, que solo hasta hace poco más de una década obtuvo la mirada gubernamental.

Hoy, quienes arriesgaron sus vidas y sobrevivieron el conflicto, intentan reconstruir, su territorio, más allá de las fronteras, resarciendo los daños a través de acciones concretas de paz, después de sentir algo de seguridad la comunidad empezó a retornar y a escribir una nueva historia para el municipio, convirtiéndose en el primer municipio reparado colectivamente del Meta-

Génesis.

El Dorado es el pueblo más pequeño y joven de los 29 municipios del departamento del Meta, está escondido en el profundo corazón del Alto Ariari, situado a unos 70 kilómetros de Villavicencio, capital del departamento, fue fundado en 1963 y cuentan los más ancianos que su nombre fue asignado gracias a los yacimientos de oro y cal que bañaban la cabecera municipal.

Las primeras familias llegaron desde Boyacá, producto de la migración laboral, ahí década después los campesinos se organizaron en grupos formando una expresión de <<Defensa>> de las FARC, como respuesta al dominio de FARC en los municipios cercanos.

Los hermanos Castaño en Urabá contactan a los líderes de estos grupos en el Meta, como lo hicieron con otras zonas del país, con el objetivo de consolidar una sola estructura con mando central, dotándoles de armas y tácticas para ser tan combativos como la guerrilla de las FARC lo estaban siendo en ese momento, allí pasan de ser autodefensas campesinas por veredas, a ser las Autodefensas Unidas de Colombia.

En una audiencia de Justicia y paz, alías ‘Don Mario’ señaló que: “Sin militares ni políticos no hubiéramos existido”

En el Meta se establecieron puntos focales para la expansión paramilitar de los Llanos Orientales, en El Dorado y en San Martín apoyado por esmeralderos de Boyacá como Gonzalo Rodríguez Gacha y Víctor Carranza, quienes promovieron el uso de ejércitos privados en la década de los 80 “Para contrarrestar la llegada de grupos guerrilleros al Alto Ariari, quienes por la configuración partidista del territorio,  se asentaron en El Castillo, Lejanías” dice uno de los informes del Instituto de Área de Paz, Desarrollo y Reconciliación.

Desde El Dorado y Cubarral se extendió el accionar en contra de La Unión Patriótica, donde asesinaron a 300 militantes, desde el Bloque Centauros comandado por Miguel Arroyave, un poderoso narcotraficante de la región, quien junto a Daniel ‘El Loco barrera’ y ‘Don Mario’ sumaron un ejército de hasta 3.000 hombres en sus primeros años, para cubrir distintos frentes en Vichada, Meta, Casanare; en una audiencia de Justicia y paz, alías ‘Don Mario’ señaló que: “Sin militares ni políticos no hubiéramos existido”.

Para la población campesina estos constantes hostigamientos crearon líneas imaginarias entre cada uno de los municipios “Cuando hicimos el diagnóstico del daño en el municipio, se evidenció que grandes terratenientes fueron los que permitieron el ingreso de los grupos paramilitares, en su momento como control de área y protección personal y después como control político” Señala Diana Sofía Moreno, profesional en Trabajo Social, y quien acompañó el proceso psicosocial con víctimas del municipio.

La presencia permanente de paramilitares en el municipio de El Dorado le costó a los habitantes serios señalamientos materializados a través de múltiples violencias, ataques a la población, secuestros, desapariciones forzadas, reclutamiento “En algún momento, El Castillo era identificado con alta influencia de la guerrilla, mientras que en El Dorado predominaban los paramilitares” dice uno de los habitantes de El Castillo, quien prefiere que su nombre no sea mencionado.  En el periodo más crítico de la confrontación armada, los habitantes vivieron atrapados entre el fuego cruzado “Aquí hubo una línea invisible trazada con sangre” agrega.

El control social través de toques de queda, el reclutamiento y el secuestro son hechos que significaron una ruptura en el tejido familiar a causa del conflicto armado

Esa línea invisible son 25 Kilómetros que atraviesan cinco caseríos en 35 minutos, una ruta llamadas por los habitantes: ‘La carretera del terror’ por intransitable, eran lugares donde nacieron los mandos más fuertes de los grupos armados del Llano como Romaña, Vaca Fiada, Mono Leche (…)

“Cuando el frente 27 de las FARC dominaba la zona de distensión en 1997-2000, se rompieron los diálogos en medio de una gran frustración nacional, la región del Ariari vivió un periodo crítico en contexto político y humanitario” Explica Gonzalo Agudelo, gestor social en ese momento para la región. Mientras la tasa nacional de homicidios en el 2003 era de 52 por cada cien mil habitantes, la del Meta era de 105, el departamento tenía el tercer índice más alto de secuestros, después de Antioquia y Bogotá, sólo que con menos de la mitad de la población de aquellas ciudades.

El control social través de toques de queda, el reclutamiento y el secuestro son hechos que significaron una ruptura en el tejido familiar a causa del conflicto armado, los profesionales sociales que acompañaron el proceso de reparación concluyeron que,  una de las poblaciones más afectadas fue la de los menores “ Los niños no podían jugar por temor a quedar entre un enfrentamiento, fueron los más pequeños quienes tuvieron que desplazarse por temor al reclutamiento, incluso según estadísticas de la Registraduría entre el año 2000 y 2015 el número de expedición de tarjetas de identidad y cedulas por temor a la estigmatización disminuyó notablemente” dice La Unidad Para la Atención y Reparación Integral a las Victimas.

Pero al mismo tiempo, mientras esto ocurría, surgía una iniciativa colectiva llamada: Asociación de Municipios del Ariari del Meta (AMAM), premiada por lograr un proceso de paz regional entre los municipios, un proceso condecorado con El Premio Nacional de Paz en el 2002. Por ejemplo, uno de esos gestos fu rehabilitar la carretera intransitable y renombrarla como “la vía de la paz”.

En septiembre del 2005 se desmovilizaron 1.100 miem­bros del Bloque Centauros, en Casibare, un caserío de Puerto Lleras, producto de esta desmovilización y a partir de ese proceso de reintegración, El Dorado se vio priorizado como municipio para retornar y hacer una reparación total, es decir que, el Estado reivindique el buen nombre de la población, y se elimine el estigma de El Dorado como sinónimo a paramilitarismo. “Yo exijo que se reivindique mi buen nombre, el que perdí por la estigmatización” afirma Gloria Yaneth Villada, coordinadora de la Mesa de Víctimas del municipio

La reparación colectiva.

Para el 2015, El Dorado contaba con un total de 3429 habitantes según la caracterización territorial del Departamento Nacional de Planeación y de ellas, el 71% de la población había presentado declaración y habían sido reconocidas como como víctimas sujetas de atención o reparación, según el Plan de Desarrollo 2016-2019.

La reparación colectiva en El Dorado inició en el 2014 y finalizó el mes de noviembre de 2019, es un mecanismo de garantía que tiene la población para reestablecer los derechos de manera comunitaria, reconstruir el tejido social, los procesos organizativos, la confianza dentro de las mismas comunidades, y con las instituciones, incluyendo indemnización, garantía de no repetición, satisfacción (Reparación simbólica), restitución de derechos y rehabilitación.

Para el municipio fueron 38 acciones planteadas, una de las afectaciones más fue dejar de comercializar sus productos agrícolas, porque no había tránsito, así que, una de esas medidas de reparación fue el regreso de los mercados campesinos cada fin de semana, como una manera de restituir derechos, y de satisfacción porque significó devolver a la vocación productiva  campesina “Las medidas son acciones que identificó la comunidad y que el Estado compensó frente a los daños causados por la guerra” Carlos Pardo Alezones, director territorial para Meta de UARIV

Pese a las dificultades en términos legales, y de implementación, por haber sido el primer sujeto de reparación colectiva del Meta y uno de los primeros a nivel nacional, El Dorado está tratando de renacer, de superar la muerte y la destrucción que la guerra había sembrado. La reactivación del Mercado Campesino ha permitido la movilización de la economía, de prácticas tradicionales, así como es restablecimiento de lazos de amistad y cordialidad entre los pobladores. “Es una comunidad muy dispuesta, del daño aprenden y se sobreponen muy rápido, han sido capaces de dejar esa línea que marcó los grupos armados con eso que vivieron y organizarse, trabajar juntos, con propósitos comunes. Ese es el objetivo de la reparación, que ya no haya instituciones de por medio para que la autogestión vuelva y se fortalezca y puedan avanzar” Señala Sofía Moreno.

Reafirmando la postura, Tatiana Duplat, autora del libro Paz en la Guerra en el Alto Ariari, afirma que “El ejercicio ciudadano, es tal vez, la única herramienta efectiva para generar una reconciliación profunda entre las comunidades”.

Comunicadora social -periodista, escribo para El Cuarto Mosquetero y Semana Rural, me gusta contar historias y tomar fotografías. Me intereso en temas de paz, género, y ambiente.