Desde años pasados se habla del gran problema de la ruralidad en Colombia con base en la perspectiva de la educación. El poco acceso a un aprendizaje digno en las escuelas rurales de municipios apartados del país y los desafíos para acceder a la educación superior supone más que un calvario para los niños, niñas y jóvenes que vislumbran un futuro mejor. En días tan difíciles para los colombianos/as a causa del COVID-19, la realidad del acceso a la educación es una paradoja en los territorios campesinos que carecen de las TIC y conlleva un reto gigante al aprendizaje autónomo para quienes habitan lugares alejados de los cascos urbanos o tienen familiares en situación de analfabetismo.

Las brechas digitales han separado aún más a las personas; paradójico cuando se cree que nos acerca. En municipios como Vistahermosa, Lejanías o Mesetas en el departamento del Meta, los desafíos para profesores, profesoras y estudiantes son agigantados. A su vez en departamentos como Tolima, Huila y Cundinamarca los retos para educarse desde las montañas son desafortunados. Las vídeo llamadas son casi inexistentes y la única conexión para vivir el ámbito académico es WhatsApp.

La voz de las y los estudiantes

Inés María Roncancio es una joven estudiante de la Institución Educativa Santo Domingo en Vistahermosa, Meta. Vive en la vereda Agualinda, la cual se ubica en el centro poblado que tiene el mismo nombre de su escuela.

“Las dificultades que he tenido son más que todo la señal. En mi casa teníamos internet pero como falla mucho la energía a lo que llueve, los bajonazos de luz quemaron el modem del WI-Fi. Lastimosamente se quemó días antes de la pandemia, así que no hemos podido arreglarlo.”

Sus padres deben estar recargando constantemente datos a sus celulares para que Inés pueda hacer sus tareas diarias en esto de la educación virtual. Sin embargo, la señal es deficiente y esto ha hecho que la comunicación con sus maestros se vea afectada. Sus hábitos han cambiado, ya que no estar en la escuela también cambió su rutina diaria.

“Mi papá tiene un cultivo de maracuyá y las circunstancias no dan para pagar un trabajador, entonces nos ha tocado a nosotras colaborar, en la mañana y en la tarde, cuando nos toca polinizar, así que no es muy frecuente dedicarse a las cosas del colegio” explicó Inés a El Cuarto Mosquetero.

A su vez el modo de enseñanza migró a otras plataformas y los medios de aprender cambiaron:

“El método que utilizan aquí son fotocopias, ya que en las circunstancias de que todos no tienen internet o algunos viven en fincas lejanas, entonces con las fotocopias y cada tanto nos ponen un plazo para entregarlas, entonces los profesores tratan de venir el día estipulado y recoger los trabajos” afirmó.

Algo valioso que dijo ella para El Cuarto Mosquetero mientras reflexionaba sobre su vida actual en el campo y la complejidad que ha sido para las mujeres ahora el trabajo allí, es que algunas de sus compañeras les ha tocado ir a trabajar para ayudar a sus familias, cocinando en las fincas para llevar el sustento en épocas tan circunstanciales como esta; así que realizar las tareas académicas se convierte en algo secundario, pues el trabajo femenino se dúplica en los hogares y las siembras del territorio.

En la educación formal – EDUC, según cifras del DANE, en época normal en el departamento del Meta, el uso de las TIC en las sedes educativas es inconsistente. Antes de que llegara el COVID-19 a la región, el uso de estos bienes y su frecuencia se presentaba casi nula. Con un uso una vez por semana representado 1.094 veces, una vez al mes 81 veces y ningún día de la semana con un total de 41 veces, esto en todo el departamento en 2019-2020. Lo anterior teniendo en cuenta que solo 234 sedes educativas tienen red de Internet y 635 carecen de este servicio en la región metense. Actualmente estos recursos no se utilizan.

Tras la coyuntura tanto para profesores/as como estudiantes, las ayudas desde el Gobierno Nacional en el ámbito de telecomunicaciones no existen aún, y hablar de educación virtual para muchos de ellos/as, supone una mentira. El número de niños, niñas y jóvenes matriculados/as en Colombia es de 1.969.969, esto en territorios rurales según los registros del Plan Especial de Educación Rural del Ministerio de Educación (MEN) y menos del 10% de tiene un computador e Internet en casa.

Foto: Daniela Marroquín en el lugar donde descarga y envía sus trabajos por falta de señal.

Por otra parte, obtener retroalimentación de los profesores y profesoras es un desafío, este es el caso de Daniela Marroquín, quien cursa noveno grado en la Escuela Rural ‘La Florida’ en el municipio de Rovira, Tolima. Ella debe caminar a un cerro que queda a treinta minutos de su casa; esto para descargar los trabajos y a su vez enviarlos. Si está de suerte quizás en ese recorrido diario pueda hablar con sus profesores, para alguna duda, aunque casi nunca sucede, por los problemas de señal y conexión.

“Sabemos que se han presentado muchas dificultades para estudiar virtualmente, porque es muy malo el internet y no tenemos computador, lo único que tenemos es un celular, pero no es muy bueno que digamos. Nos toca desplazarnos a media hora de la casa para poder enviar o descargar los trabajos que nos envían los profesores, y es complicado desarrollar los talleres porque hay que investigar y no tenemos internet cerca o los PDF son muy largos y cuando hablamos con los profesores nos dicen que hagamos lo que podamos.” Resaltó Daniela.

Así como ella, miles de niños, niñas y jóvenes en el país se encuentran en este desacierto de poder medianamente educarse. Muchos/as tienen a sus padres en situación de analfabetismo, así que es más difícil pedir ayuda. En algunas ocasiones tienen que pedirle a algún familiar que vive en ciudades capitales desarrollar los ejercicios que les dejan, pues al no entender a través de fotocopias, la única opción para no perder las asignaturas es solicitar como favor que alguien más lo haga.

¿Y los profes?

Lo que quizás es más entrañable para algunos/as docentes de las regiones urbanas, supone un desafío gigante para aquellos que enseñan en zonas rurales apartadas del país. De los 103.494 educadores de estos lugares, aproximadamente la mitad ha manifestado que carecen de competencias y habilidades pedagógicas para dictar clases virtuales. La barrera se acrecienta pues muchos de los y las estudiantes que tienen a cargo carecen de red de Internet o un computador para realizar las actividades. Es casi imposible conectarse con 35 a 40 a la vez, ya que gran parte de los menores se conectan quizás una o dos veces por semana.

“En el sector primaria se entregan talleres en modo físico, estos se desarrollan en ayuda de los padres, y por medio de llamadas telefónicas se explica lo mejor que se puede a cada niño y niña las temáticas, así como a sus familiares. En el sector de secundaria el recurso es enviar talleres por WhatsApp, aunque muchos/as estudiantes cuentan con el celular de sus padres y ellos se desplazan a sus trabajos, así que la realización de las actividades se dificulta aun más.” – Así lo manifiesta Gerardo Romero Murillo, rector de la Institución Educativa ‘La Florida’, en el Tolima.

Uno de los grandes retos también es convencer a los padres y estudiantes de no retirarse del período académico, debido a las condiciones problemáticas para acceder a la educación por esta época. Así lo narra con orgullo y a la vez desconsuelo la profesora María Eugenia Triana de Oporapa en Huila. “El trabajo se triplica en esta temporada, ya que además de organizar los talleres, enviarlos o caminar hasta el pueblo para entregar las fotocopias físicas, llamar a cada estudiante que se tiene a cargo es una inversión de muchas veces, más de una hora para explicar un solo tema. Imagine el tener más de treinta estudiantes con inquietudes diversas.”

El tiempo no alcanza y las horas extras de trabajo son pan de cada día. “Ya no son seis horas de labor docente, a veces son más de doce, pero el pago es el mismo, teniendo en cuenta que muchos de mis compañeros, incluyéndome, gasta de su sueldo para hacer recargas a sus estudiantes”. Lo enfatiza fuertemente el profesor Alberto Chacón de Gachancipá en Cundinamarca.

Uno de los objetivos principales de la Transformación del Campo (Misión Rural) que hace conjunto con el primer punto de los acuerdos en ‘La Habana’, “En materia educativa, propone crear un Plan especial de educación rural que posibilite la permanencia productiva de los jóvenes en el campo y logre que las instituciones educativas contribuyan al desarrollo rural (Delegados de Gobierno de la República de Colombia- FARC-EP, 2014).” Frente a esa premisa del documento de la Misión en este gobierno, va en descenso el seguimiento y cumplimiento de dichos objetivos, teniendo en cuenta la poca importancia del Gobierno Nacional al posacuerdo y la situación actual de la educación rural, que es más una simulación, que un hecho para miles de docentes y estudiantes de estas zonas, ya que las acciones pedagógicas de planeación y la flexibilización del plan de estudio no ha sido un gran alivio para estos territorios y su brecha histórica con lo urbano.

 

Referencias:

Equipo Técnico de la Misión para la Transformación del Campo. (Octubre de 2014). Saldar la deuda histórica con el campo. Marco conceptual de la Misión para la Transformación del Campo. Obtenido de https://www.dnp.gov.co/programas/agricultura/Paginas/mision-para-la-transformacion-del-campo-colombiano.aspx

PLAN ESPECIAL DE EDUCACIÓN RURAL HACIA EL DESARROLLO RURAL Y LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ (2018). Obtenido de: https://www.mineducacion.gov.co/1759/articles-385568_recurso_1.pdf

Educación formal (EDUC), DANE (2019). Obtenido de: https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/educacion/poblacion-escolarizada/educacion-formal#informacion-2019-por-departamento

Comunicadora social - periodista y fotógrafa profesional, especializada en fotoreportaje y fotografìa socio-documental. Escribo desde un periodismo reivindicador, que dignifique a la memoria y las personas, sobre todo en temas de desaparición forzada y conflicto.