Finalmente, tras más de cincuenta años de lucha armada, Juan Manuel Santos Calderón, logra sentar en la mesa de diálogo a los principales líderes de las FARC EP y, el 27 de septiembre de 2016, se firma la paz. Tal y como han sido los episodios republicanos de Colombia, fue también su conflicto y su proceso de paz; lleno de resquicios, con momentos oscuros y pactos políticos traicionados. Aquel proceso democrático con el que se construyó la paz, se abrió finalmente gracias al empuje de la ciudadanía que se cansó de la guerra y le dio la espalda. La Comisión anota que la democracia se abre con diálogo y mediante acuerdos, de esa manera se llegó a la paz.

A este acuerdo no llegó el ELN, por diversas razones políticas y quizás hasta de tiempo. Esta guerrilla se mantiene ejerciendo control en varias zonas del territorio, principalmente en la frontera con Venezuela, en donde mantiene enfrentamientos nutridos con la fuerza pública. Ese conflicto, está claro, que no se resolverá por medio de las armas o por eliminación física de los adversarios, es indispensable que los acuerdos con las FARC se fortalezcan y se cumplan para iniciar caminos de exploración con el ELN. Igualmente, se debe entender que se deben superar los ingentes problemas sociales y económicos de millones de colombianos y colombianas.

La paz imperfecta como ha sido llamada por diversos sectores del país, especialmente los que han estado en contra del mencionado proceso, han establecido que el proceso les dio herramientas políticas a grupos terroristas y que estos no han compensando a las víctimas. Es decir, hay serios reparos en términos de justicia. A pesar de esto lo largo del conflicto armado, logró demostrar que la guerra solo profundizó los rasgos más autoritarios y criminales del régimen político. La violencia solo engendró más violencia.

De alguna u otra manera, la constituyente, logró que diversos sectores de la ciudadanía empezaran a pensar en participación democrática. Los procesos sociales que iniciaron obligaron al establecimiento y a los grupos armados que era necesario aceptar romper con la exclusión propia del estado conservador que hasta esa fecha se había engendrado en Colombia. Esto ha demostrado que la paz no es posible conquistar desde las individuales o desde los partidos, ya que la no concurrencia de las élites ha conllevado a la perpetuidad del conflicto.

Lo anterior es uno de los factores para que se afirme desde diversos sectores que lo firmado es una paz imperfecta, ya que no solo basta con el silencio de los fusiles, como ha sucedido con varios desarmes de grupos guerrilleros y paramilitares, sin que se llegue a la paz, también es necesario reformas profundas. Es indispensable realizar reformas agrarias, programas de rehabilitación y de reconciliación nacional.

De hecho, a lo largo de la historia se demostró que sectores de poder plantearon posiciones de recelo frente a los diversos acuerdos firmados a lo largo del conflicto. La indisposición de los partidos, de los líderes y de otras figuras de opinión y de poder, evitaron que las reformas sociales, políticas, de equidad y de justicia social llegaran para sellar la paz de manera definitiva. Es decir, las élites históricamente han evitado que se tejieran los acuerdos sobre lo fundamental para superar el conflicto y en su lugar, promovieron acciones que terminaron agudizando la guerra.

De allí radica el reto de evitar que resurja con mayor fuerza la guerra, que se realicen procesos de rearme de firmantes y que aparezcan nuevos actores. En ese sentido es importante entender que ha habido movimientos, especialmente grupos de guerrilla de las FARC y de las autodefensas, que en su momento se perciben como movimientos residuales, pero que ponen en peligro la paz alcanzada.

En ese sentido es importante que la paz no se construye de forma per se, así como la guerra se mantuvo debido a malas decisiones políticas, la paz necesita de toda la voluntad y participación ciudadana para alcanzarla y preservarla en el tiempo. Es necesario desarmar los cuerpos y las manos, pero también el lenguaje y la mente. La paz exige reconocernos desde las igualdades, así como desde las diferencias.

*Esta campaña se realiza con el apoyo del Instituto Colombia-Alemán para la paz -CAPAZ.

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.