Para poder ingresar a dialogar con las y los indígenas de 14 pubelos que se encuentran acampando desde el 30 de septiembre en el Parque Nacional en Bogotá, tuvimos que esperar que terminaran la jornada de aseo.

Mientras esto sucedía pude divisar el gran número de menores de edad que se encontraban correteando alrededor de sus madres que en fogones en cada”cambuche”, con lo que tenían, intentaban preparar alimento para sus familias. Las y los reponsables del aseo amontonaron todo cerca a las canecas de basura y en ese proceso, se acercó a nosotras un joven indígena del pueblo Cubeo con quien empezamos a recorrer el campamento e iba respondiendo cada uno de nuestros interrogantes antes de hablar con los mayores.

– Yo salí de mi pueblo desplazado

– ¿Por el conflicto?

– Podría decirse que sí, entre bandas delincuenciales se estaban matando y tuve que salirme de allá.

Él es un año menor que yo, solo tiene 26, pero no solo es uno de los líderes más visibles de su pueblo asentado en Bogotá, sino que además, es médico indígena. Él ha tenido que trabajar duro y con las pocas cosas con las que llegaron porque no cuentan con presencia constante de atención médica por parte del Distrito.

– No crea que esa carpa que ve ahí con atención médica está todos los días, llevamos más de 25 días aquí y es la primera vez que vienen.

– ¿Y con ayuda de alimentos? ¿Medicinas? ¿Aseo?

– No, ni el Distrito, ni ninguna entidad estatal ha estado aquí ayudándonos, solo las donaciones de las organizaciones y personas de buen corazón nos han apoyado y permitido tener algo de comer, pero sabe, las madrugadas son durísimas, pasamos mucho frío.

– ¿Cómo hacen con la preparación de los alimentos? ¿Con ollas comunitarias? Veo varios fogones.

– Cada pueblo se acomodó dentro del campamento en grupos, y cada cual tiene la autonomía para decidir, las ayudas a medida que llegan se van distribuyendo.

– ¿Y el aseo? ¿Han dispuesto de duchas y baños para ustedes o deben de suplir sus necesidades según donde puedan?

– Aquí en el parque hay unos baños donde podemos ducharnos y entrar, lo malo es que a veces está cerrado y entonces toca donde cada cual pueda.

Yonema no quiso aparecer en fotos ni hablar ante cámaras, ya que, para ello hay unos mayores con la actividad específica de atender las comunicaciones, pero, pacientemente nos acompañó por todo el campamento, mientras también estuvo vigilando que hubiese guardia indígena en cada uno de los puntos garantizando la seguridad de quienes allí acampaban. Son 1200 personas y entre ellas alrededor de 500 niños y niñas, todas esperando que sean trasladadas en albergues permanentes o reubicadas especialmente en territorios de los que no hayan sido desplazados -¿Para qué volver a territorios donde a los días nos pueden matar?- me diría uno de los mayores más adelante cuando me explicaba que no estaban de acuerdo con las pretensiones de la Alcaldía de Bogotá de trasladarlos al Parque La Florida porque consideran que no está debidamente adecuado para la cantidad de indígenas que allí se encuentran -y están llegando más- y no hay garantías estructurales para suplir sus derechos básicos, los mismos que les ha venido arrebatando el olvido estatal, la desigualdad, el conflicto armado interno y la pandemia por el covid-19.

Por ello están en minga permanente -desde el 02 de octubre- haciendo el llamado a los entes competentes a través de su proceso organizativo “Autoridades Indígenas de Bacatá”, para que puedan acceder a salud, educación, vivienda, participación a políticas públicas, entre otras. “Hay pueblos indígenas en Bogotá, 94 (…) y estamos prácticamente invisibilizados, no existimos para el Distrito; ya se instaló la mesa de diálogo pero estamos en conversaciones muy puntuales”, concluyó Rafael Arbeláez del pueblo Cubeo, autoridad indígena quien reiteró que continuarán resistiendo en defensa de sus derechos como pueblos originarios.

 

Comunicadora Social y Periodista. Especialista en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina. Fundadora del colectivo y medio de comunicación alternativo El Cuarto Mosquetero. Desde la comunicación trabaja los temas de género, paz y ambiente.