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El periodismo en el Meta: una revictimización constante ante la violencia machista

El departamento del Meta no ha logrado superar la cultura machista que ha alimentado el aumento de la violencia basada en género (VBG). En este contexto, el periodismo de la región enfrenta el reto de abordar de manera responsable esta agenda y así aportar a la prevención de estos o por el contrario seguir haciendo de su cubrimiento un espectáculo. 

Durante las movilizaciones, los y las habitantes del territorio alzaron su voz con un mensaje contundente reflejado en sus carteles: “La prevención de las violencias es tarea de todos”, resaltando la urgencia de acciones colectivas para evitar que hechos como este no se repitan.
El triple feminicidio ocurrido en el municipio de La Macarena, Meta, que cobró la vida de Arelis Monje Calderón, Praxedis Calderón y Bersy Monje Calderón, continúa siendo materia de investigación. Este hecho ha generado una profunda indignación entre comunidades y familiares, quienes salieron a las calles para exigir justicia.

Durante las movilizaciones, los y las habitantes del territorio alzaron su voz con un mensaje contundente reflejado en sus carteles: “La prevención de las violencias es tarea de todos”, resaltando la urgencia de acciones colectivas para evitar que hechos como este no se repitan.
Foto:Suministrada por la comunidad
Tras 11 años de ejercer periodismo feminista y con enfoque de género en el Meta, desde El Cuarto Mosquetero nos sigue sorprendiendo e indignando, la decisión de algunos medios locales de continuar cubriendo hechos como estos, como si fuera una “chiva”: un espectáculo, primicia o con morbo, en lugar de un problema estructural que exige responsabilidad informativa para contribuir a desnaturalizar el machismo que impacta todos los espacios sociales de nuestro territorio. 

Los titulares sobre el triple feminicidio que atribuyen el crimen a “celos” evidencian algo importante: persiste la falta de reflexión sobre el papel que tenemos desde el periodismo en la reproducción y naturalización  de discursos que terminan culpando a las víctimas o justificando los hechos de violencia a través de narrativas revictimizantes como que “algo hicieron”, que “se metieron con tipos que no les convenía” o que “no salieron a tiempo de una relación”. 
Ante este panorama que no cambia, es importante recordar que la Ley  1257 de 2008 establece que como sociedad tenemos la responsabilidad directa en la prevención de las VBG. Esto exige un tratamiento informativo ético que promueva la dignidad de las mujeres y evite su revictimización. Asimismo, señala que el cubrimiento no debe reproducir estereotipos, justificar agresiones ni caer en el sensacionalismo, sino contribuir a la sensibilización social y al rechazo de estos hechos, reconociendo el impacto de los contenidos mediáticos en la construcción de imaginarios colectivos. Sin embargo, parte del periodismo en el Meta ha optado por omitir estos principios en su línea editorial y, en su lugar, priorizar el clic y la viralidad, reforzando discursos que terminan por legitimar la violencia y, sobre todo, que estarían desinformando.

La urgencia de narrar las VBG con enfoque de prevención   

Cuando los medios de comunicación buscan justificaciones y contribuyen a la naturalización de la violencia como “el pan de cada día” y como si el destino último de las mujeres, personas no binarias y trans fuera sufrir violencias, feminicidios y transfeminicidios, se refuerza la idea de que habitar un territorio atravesado por el machismo implica resignarse a que este es el único panorama en el que se puede vivir, pero también a que cuando ocurren esos hechos no sea la indignación lo que mueva a la ciudadanía, sino la apatía, o mucho peor, el morbo.
Estos cubrimientos se han convertido, desde hace años, en una competencia por el titular más rápido -cayendo en errores como en los recientes hechos en los que se equivocaron con la foto del presunto feminicida-, por llegar primero al lugar de “la noticia” y por entrevistar a sobrevivientes, familiares o testigos que, en medio de la conmoción, el dolor o la indignación podrían dar información sensible que aunque luego soliciten no se difunda, no tienen eco sus peticiones. De esta manera estos abordajes terminan con nulo o escaso enfoque de género, sin sensibilidad en el abordaje y con poco interés en generar reflexión. 

En ese proceso, se omite la responsabilidad de las instituciones frente a los casos y se diluye la idea de que, como sociedad -tal como lo recordaba el cartel en La Macarena-, también tenemos el deber de prevenir. En lugar de aportar a la construcción de nuevas narrativas que no profundicen estas violencias, parte del periodismo local reproduce enfoques que las perpetúan, alejándose de un ejercicio ético y con enfoque de derechos humanos. 
Foto: Equipo de El Cuarto Mosquetero
Reconocemos que nosotras, en este mismo camino de tomar la decisión de hacer periodismo y comunicación en contranarrativa de la normalización de las VBG y generar acciones de prevención a través de la comunicación como una forma de transformación, nos hemos repensado conceptos, posturas, así como reafirmamos otras que nos han llevado a concluir que el compromiso por una vida libre de violencia no se hace tomando un taller o leyendo a un par de autoras sobre feminismo, sino que son acciones cotidianas, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Así mismo reafirmamos que además de los cubrimientos periodísticos con enfoque de género, hemos venido adelantando las Escuelas Itinerantes para la erradicación de Violencias Basadas en Género, especialmente en periferias y ruralidades, bajo la convicción de que el quehacer periodístico y la comunicación pueden y deben contribuir a la prevención de las violencias y, a la construcción de una cultura de paz. También estamos creando herramientas como el Manual de Redacción, transformando desde la comunicación, del cual el capítulo uno ya está disponible para su descarga, y el capítulo dos, ¿Cómo comunicar con enfoque de género?, pronto iniciará su distribución, para que además de las comunidades que hacen uso de la comunicación y el periodismo en la defensa de los derechos humanos, también las y los colegas de la región y en general de Colombia, empiecen a transformar sus redacciones y a asumir un rol más activo en la erradicación de violencias basadas en género. 

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