Con el ejemplo de su padre como un líder social destacado, Adriana fue construyendo en su camino el ‘don de gente’. Actualmente es administradora del Acueducto Comunitario de Montecarlo Alto y presidenta de Acer Agua Viva. 

Adriana Baquero, nació en Cáqueza, Cundinamarca. Es hija de campesinos que salieron de su tierra en busca de oportunidades para mejorar su modo de vida. Cuando cumplió un año de edad llegó a la ‘Puerta del Llano’ junto a sus padres, y desde entonces, ese sol que abraza el horizonte en una extensa planicie cada mañana, la vio crecer. Es en esta tierra que sembró un amor que ha mantenido durante 24 años y del cual nacieron sus tres hijas. 

Se define como una mujer con principios claros, con ‘el don de gente’ y siempre dispuesta a vivir nuevas experiencias y aprendizajes. Le gusta enfrentar las dificultades que se le presentan con una actitud positiva, teniendo siempre presente su entera entrega a Dios. 

Adriana durante los talleres de gestión del agua.
Foto: Edilson Ariza

Su liderazgo lo heredó de su padre, a quien vio como un maestro del trabajo comunitario. Don Aristóbulo Baquero fue uno de los fundadores del sindicato de la plaza del Siete de Agosto, del barrio Montecarlo y del acueducto comunitario de ese sector. Además, hizo parte del sindicato de Trabajadores del Meta, fue durante varios años edil de la Comuna 8 y candidato al Concejo de Villavicencio. Adriana también reconoce las cualidades de su madre, Flor María Rojas, de quien heredó la valentía, el esfuerzo y la persistencia, pues ha enfrentado el trabajo doméstico y las cargas propias del hogar, que aún hoy son desequilibradas.

Adriana se graduó en el 2000 como enfermera y ejerció su profesión durante 18 años, pero desde hace seis tuvo que retirarse por problemas de salud. Aunque la noticia inicialmente no le resultó alentadora, fue gracias a este retiro forzoso que empezó su proceso como lideresa y defensora de los acueductos comunitarios.

Su recorrido en esta nueva etapa apenas iniciaba pero mantenía frescas las memorias del trabajo mancomunado que se gestó desde su infancia. “Recuerdo hace muchos años a mis padres junto a otros vecinos trabajando hombro a hombro. Con bazares y reinados recogieron fondos para ir sacando adelante este proceso”, relató. Actualmente, Adriana es administradora del Acueducto Comunitario de Montecarlo Alto y presidenta de la Red de Acueductos Comunitarios de Villavicencio – Acer Agua Viva, una organización que se encarga de proteger la gestión comunitaria del agua de la ciudad para que todos y todas puedan acceder al servicio de este líquido vital. 

En Villavicencio existen más de 80 acueductos comunitarios, estos suministran el agua a través de redes descentralizadas provenientes de microcuencas cercanas. Muchos barrios que iniciaron como asentamientos informales, resolvieron por sí mismos la ausencia de este servicio vital, cargando tuberías, madera y tanques por largos trayectos. Estas iniciativas comunitarias han persistido cerca de 30 años, procesos que actualmente hacen parte del patrimonio histórico de la ciudad. 

Sin embargo, los acueductos comunitarios han estado en una lucha histórica con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio – EAAV, la cual ha intentado durante años apropiarse de la gestión comunitaria del agua, a partir de los múltiples requisitos y trabas que suele poner la institucionalidad, logrando en algunas ocasiones su cometido, como han denunciado líderes de este sector.

En años anteriores, la EAAV tomó el manejo de varios acueductos comunitarios de la ciudad, debido a que fueron intervenidos por la Superintendencia de Servicios Públicos, la cual exigió una normatividad que Adriana consideró excesiva dentro de la gestión comunitaria. “En nuestros acueductos hay economías solidarias, cuentan con estatutos, un reglamento interno y todo eso lo desconoce la Ley de Servicios Públicos que rige a nivel nacional”, explicó la lideresa. 

Es por eso que resaltó la importancia de la labor que realiza Acer Agua Viva, y espera que durante la actual administración, en cabeza de Felipe Harman -quien antes de ocupar el cargo defendió a capa y espada los acueductos comunitarios-, la balanza se incline a favor de las comunidades que cuentan con el servicio gracias a estas iniciativas. 

Adriana afirmó que muchos de los acueductos comunitarios intervenidos no han recibido inversión, pues no se han hecho arreglos en las infraestructuras. Además, las tarifas llegan por precios elevados, el agua es trasladada para abastecer a otros sectores y a la comunidad se le empieza a racionar el líquido vital. 

Como presidenta de Acer Agua Viva, Adriana promueve la importancia de los acueductos comunitarios en su barrio. Foto: Edilson Ariza

 

Las dificultades que enfrenta a diario, hacen parte de su gestión como lideresa y administradora del acueducto comunitario de su barrio. Aunque ama su trabajo, reconoce que este consume la mayor parte de su tiempo, y trata de dedicar los fines de semana a compartir con su familia, pero en ocasiones debe sacrificar ese tiempo valioso para ayudar en la organización de los talleres sobre gestión del agua que se realizan desde Acer Agua Viva.

Es por eso que Adriana, continua luchando y sacrificándose, porque sueña con comunidades que se apropien de sus territorios, y que se percaten de la fortuna de contar con un acueducto comunitario. Es consciente de la importancia de la naturaleza dentro del ciclo hídrico, porque “Nosotros cuidamos los árboles y ellos nos brindan el agua”. Bajo esta premisa ambiental, ha tenido la oportunidad de visitar Bucaramanga, Santander; Ibagué, Tolima; Iza, Boyacá y el páramo de Sumapaz; replicando, compartiendo y aprendiendo de experiencias que también buscan garantizar el derecho del acceso al agua. 

Comunicadora social y periodista, con experiencia en prensa escrita, comunicación institucional y trabajo con comunidades vulnerables desde el enfoque de la participación política, defensa del territorio y comunicación para el cambio social.