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Mapiripán

Viaje a un refugio de biodiversidad en medio de la deforestación de Mapiripán

En uno de los municipios con mayor deforestación de Colombia, la Reserva Natural Matabambú Lagunas busca proteger el agua, el territorio y a cientos de especies en la transición entre la Orinoquía y la Amazonía.

-Es un sistema de lagunas y bosques inundables en el sur del departamento del Meta, que alberga mamíferos acuáticos, peces, y anfibios. 

La Expedición BIOGuaviare, del Instituto SINCHI, llegó hasta este lugar para registrar la biodiversidad y los resultados son sorprendentes
.

-El turismo de naturaleza puede consolidarse como una alternativa económica para las comunidades organizadas que cuidan y defienden su territorio en el sur del Meta y el Guaviare.

Juan Camilo Caícedo Cruz conoce el clima de su territorio. Siente venir la lluvia. El sol,  picante e intenso rebota en la laguna que queda junto a su casa y llega hasta él, ocasionando más calor y sofoco. 

-Va a llover-, dice. 

A los 15 minutos empezaron a caer las gotas en el techo de la casa. 

-Eso se siente venir-, afirma. 

Mapiripán
Juan Camilo Caicedo en las lagunas. Foto: Simón Zapata Alzate.
De barba, camiseta manga larga, botas pantaneras de caucho y un carisma arrollador, recuerda sus años de minero y cazador. Un día le estaba apuntando a una danta o tapir (Tapirus terrestris) y la vio asustada, con ganas de huir, lo que hizo que bajara la escopeta. Desde ese momento cambió su vida. 

Su casa es de madera y está rodeada de mangos, plátanos, limones, mandarinas, cacao y café. Vive con su compañera, Diana Escobar Hernández, en la Reserva Natural Matabambú Lagunas, ubicada en la vereda Caño Evaristo, en Mapiripán, al sur del departamento del Meta. La transición entre la Orinoquía y la selva amazónica colombiana.

Mapiripán
Atardecer en Mapiripán, Meta, rumbo hacia la Reserva Natural Matabambú Lagunas Meta. Foto: Simón Zapata Alzate.
Mapiripán y la deforestación    

Mapiripán es un pueblo detenido en el tiempo. Para llegar hasta allí, dependiendo de la temporada salen uno o dos buses cada día a las 6 o 7 de la mañana desde Villavicencio, capital del Meta, y se demoran aproximadamente 10 horas en llegar a su destino, si la carretera está en buen estado. Más de 12 horas si ha llovido y la trocha es difícil de transitar.  

El recorrido cambia antes de llegar a Puerto Concordia, al sur del Meta, muy cerca de San José del Guaviare, donde en 2024 se perdieron más de 16 906 hectáreas de bosque. Allí se desvía de la carretera principal, que es pavimentada, e inicia un camino destapado donde aparecen las palmas de aceite sembradas a lado y lado. Para 2020 eran más de 5600 hectáreas en Mapiripán, según Global Forest Watch. 

También hay reses, pastizales grandes, linderos, niños y niñas indígenas de las etnias sikuani o jiw que van a sus casas luego de estudiar. El bus se mueve de un lado a otro, tratando de evitar los huecos encharcados donde se puede quedar atascado: si sucede, si el barro logra detener la flota, es posible que se necesiten hasta tres buses, por lo general de la palmicultora Poligrow, para sacarlo de la tierra.   

Global Forest Watch registra que en Mapiripán, entre 2001 y 2024, el 95 % de la pérdida de cobertura arbórea se produjo en zonas donde la principal causa es la deforestación. En 2023, fue considerado el segundo municipio de Colombia más deforestado, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), con 5660 hectáreas. En 2024 esa cifra aumentó a 7400 hectáreas y en el segundo trimestre de 2025 Mapiripán se mantiene como uno de los municipios más afectados. 

Mapiripán
El Instituto Sinchi identificó en Matabambú Lagunas 23 especies de hormigas y termitas, 16 de anfibios, 16 de reptiles, 13 de mamíferos pequeños, 11 de mamíferos medianos y grandes. Foto: Simón Zapata Alzate.
La plataforma Global Forest Watch también registra50 933 alertas de deforestación en Mapiripán entre el 15 de diciembre de 2025 y el 22 de diciembre de 2025, cubriendo un total de 630 hectáreas, de las cuales el 29 % fueron alertas de alta confianza, detectadas por un solo sistema, y 11 % fueron alertas detectadas por múltiples sistemas”. 

Las vías ilegales crecieron exponencialmente, tal como lo documenta una investigación periodística de Mongabay Latam, donde se hizo un análisis geográfico con imágenes satelitales, comprobando que en el municipio existen 11 ramales de vías ilegales, que en total suman 549 kilómetros. Algunas de ellas están perfectamente trazadas en línea recta con hasta 60 kilómetros de longitud.

La mayoría de estas hectáreas deforestadas se utilizan para ganadería y el embalaje de la producción de los cultivos de palma. En este contexto, es donde se encuentra Matabambú Lagunas, un lugar especial y estratégico en términos de conservación ambiental y del territorio. Desde el 04 de marzo Diana Escobar y Juan Camilo Caícedo hicieron la solicitud formal para ser Reserva Natural de la Sociedad Civil, la cual se encuentra en la última etapa y esperan recibir el aval pronto. 

Las reservas naturales de la sociedad civil son “parte o todo del área de un inmueble que conserve una muestra de un ecosistema natural y sea manejado bajo los principios de sustentabilidad en el uso de los recursos naturales y que por la voluntad de su propietario se destina para su uso sostenible, preservación o restauración con vocación de largo plazo”, según Parques Nacionales Naturales de Colombia.
El Instituto Sinchi identificó en Matabambú Lagunas 199 especies de aves, 185 especies de plantas, 59 especies de hongos y 34 de briofitos y líquenes. Foto: Simón Zapata Alzate.
Aventuras en las lagunas

En Matabambú Lagunas amanece a las 5:30 de la mañana a finales del año. Juan Camilo Caicedo dice que cuando el sol sale más intenso y los colores son más fuertes, los pájaros vuelan más y la hora adecuada del avistamiento es a las 6:00 de la mañana. Pero cuando el día empezó nublado, “a los pájaros les da pereza”.

Se trata de un bosque inundable de 700 hectáreas y dos lagunas que suman 960 hectáreas, donde hay diversidad de especies, entre ellas pirañas (Serrasalmus rhombeus) y toninas o bufeos (Inia geoffrensis), estas últimas catalogadas como “en Peligro” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Después del tinto (café) del día, Caicedo inicia el primer recorrido para verificar que las aves hayan comido el cebo colocado estratégicamente alrededor de la casa el día anterior. Explica que hay que darles comida de manera responsable y adecuada, para no perjudicar su dieta natural.

El segundo recorrido es hacia el corral de cerdos, con la particularidad de que el alimento para ellos son las semillas que caen de las palmas africanas, gracias a un acuerdo al que llegaron con un productor local. Por detrás de la casa hay cajas donde las abejas tenían su hogar pero que se perdió por una inundación. 

Unos pasos adelante está el bosque donde se hace observación de aves. Este es uno de los principales atractivos para hacer turismo de naturaleza, investigación científica u observación por hobbie. Como persona jurídica, la organización que lideran Caicedo y Escobar tiene el nombre de Fundación Lagunas Adventure y se ha posicionado no sólo en el país sino también a nivel latinoamericano en el avistamiento de aves. Tanto en el Global Big Day, cuando estos animales migran de norte a sur, como en el October Big Day de este año, cuando migran de sur a norte, esta esquina de Mapiripán es el hotspot o sitio de interés que registró los niveles más altos de Colombia, con 216 aves en el primero y 146 en el segundo.

Existe un protocolo para el avistamiento y el registro de las aves en el celular con las aplicaciones de Ebird y Merlín Bird ID. Se hacen listas de las especies que pasan por allí, se fotografían, al tiempo que se camina despacio, con respeto, sin perturbar. Quienes observan se comunican con la mirada, con los gestos del cuerpo, con la sonrisa.
Mapiripán
Foto 15: Pyrrhura melanura Foto: Simón Zapata Alzate.

Un lugar con un potencial de biodiversidad sorprendente

Diana y Juan Camilo evidencian el éxito de sus esfuerzos de conservación, por ejemplo, en el incremento de peces en las lagunas y de águilas pescadoras (Pandion haliaetus). “Antes veíamos un águila máximo dos veces a la semana. Ahora ya vemos tres águilas todos los días cazando en la mañana, al mediodía y al finalizar la tarde. Antes venían dos nutrias o perros de agua de manera esporádica y muy rápida, eran muy esquivos; ahora vemos seis, siete u ocho muy serenamente”, cuenta Escobar.  

Mariela Osorno, bióloga e investigadora del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI), concuerda con el potencial gigantesco que tiene la Reserva Natural Matabambú Lagunas. Durante el segundo semestre de 2025, la experta formó parte de la Expedición BIO al sistema lagunar y fluvial del bajo río Guayabero y alto río Guaviare – Naturaleza, Paz y Territorio -BIOGUAVIARE-. 

Viajaron desde el Raudal de Angosturas, en San José del Guaviare, hasta la vereda Caño Evaristo, donde está Matabambú Lagunas. En total son ocho veredas (núcleos) donde se realizaron ejercicios de ciencia ciudadana y en los cuales las comunidades compartieron conocimientos, apoyaron actividades logísticas y participaron en procesos de monitoreo.

A lo largo del sistema lagunar y fluvial en los ocho lugares de la expedición, se documentaron especies pertenecientes a 492 familias, 1351 géneros y una diversidad que abarca plantas, hongos, termitas, hormigas, aves, reptiles, anfibios, mamíferos grandes y pequeños, peces, macroinvertebrados, microalgas, microorganismos y bacterias.

Entre los resultados se destacan 43 especies migratorias, que usan los humedales de la zona explorada como rutas biológicas clave; 13 especies amenazadas, fundamentales para estrategias de conservación; 12 especies endémicas, exclusivas de esta región del país; y 19 especies introducidas, información necesaria para el manejo y el control. Aunque la deforestación en estos territorios es alta, la investigadora hace énfasis en que estos ocho núcleos están muy bien cuidados “y alojan una biodiversidad muy significativa para la ciencia”. 

Matabambú Lagunas es un lugar que le sorprendió a Osorno, sobre todo por su diversidad de anfibios. “Allí encontramos unas cosas realmente muy sorprendentes en términos de biodiversidad. La mayor cantidad de este territorio son bosques inundables, entonces el potencial que tienen allí es enorme”, relata.

Según la científica, este lugar “es muy bueno para avistamiento de cachirres (Caiman crocodilus) y de anfibios en paseos nocturnos”. La metodología consiste en salir de noche, desde las seis de la tarde hasta las 11 o 12 de la noche. “En un recorrido sólo de tres horas, o sea, la mitad del tiempo, puedes encontrar más de 15 especies en Matabambú, al lado de la casa. Es algo sorprendente”, cuenta la experta de Sinchi. 

La especie que más le sorprendió a Osorno encontrar al lado de casa, como si fuera la mascota de la pareja Caicedo Escobar, fue la Phyllomedusa vaillantii, una rana que es absolutamente atractiva en términos de su belleza y tú la escuchas cantar y la ves caminar y trepar de un árbol a otro”.
Mapiripán
Phyllomedusa tarsius. Foto: Mariela Osorno, Instituto Sinchi.
Acuerdos comunitarios para proteger las lagunas

La tierra donde está la reserva Matabambú Lagunas era de la familia de Juan Camilo Caicedo desde los años 80, pero por el conflicto armado se desplazaron forzadamente una década después. Mapiripán cuenta con 5866 personas inscritas en el Registro Único de Víctimas y allí, en julio de 1997, el municipio fue epicentro de una masacre cometida por paramilitares que dejó cerca de 50 personas muertas y 511 familias desplazadas forzadamente. 

La familia Caicedo regresó en 2019, después de un proceso de restitución de tierras y empezó un pequeño proyecto de apicultura. Desde entonces han construído una forma y un estilo de vida donde trabajan la tierra y conservan la naturaleza. Entre 2022 y 2023 la pareja empezó la consolidación de la reserva natural y el trabajo de recuperación y defensa del territorio.

Diana  Escobar cuenta que Matabambú Lagunas tiene dos pilares: “El de turismo rural, sostenible, de naturaleza, y comunitario; y el de preservación, conservación de la biodiversidad, justicia, reconciliación ambiental y restauración natural”. Para poder consolidar este proyecto de protección de la naturaleza, tuvieron que entablar diálogos, conversaciones y llegar a acuerdos con sus vecinos y vecinas de la vereda Caño Evaristo, de la mano de la Junta de Acción Comunal. 

Los acuerdos consisten en “no permitir la caza y la pesca predatoria, la extracción de carbón, orquídeas, y madera”. Antiguamente, antes de 2023, los recursos de esta región los utilizaban personas externas para su beneficio económico: “Se internaban tres o cuatro días a sacar bultos de pescado, bultos de carbón, bultos de orquídeas y madera de manera incontrolable. Ya uno sabía porque venían con sus mallas, sus anzuelos, sus recipientes de icopor [poliestireno expandido] grandísimos”, recuerda Escobar. Eso no volvió a suceder y por ello la restauración natural es evidente. 
Mapiripán
Foto 5: Comedor de la casa con vista a la laguna. Foto: Simón Zapata Alzate.
Turismo comunitario para proteger la naturaleza

Franklin Novoa es un joven integrante del Club de Observadores de Aves de Mapiripán (Coam). Iba a lo que hoy es la reserva a hacer avistamiento desde antes de que la familia Caicedo regresara. Esto hizo que articulara con ellos y empezaran a proyectar este lugar para hacer turismo comunitario. 

Uno de los aspectos importantes sobre la transformación del territorio, para Novoa, es quitar el estigma que tiene Mapiripán debido a sus dinámicas de violencia y conflicto armado. “El ambiente también es víctima y ahora, a través de las aves, a través de la conservación y de un turismo sostenible y comunitario, podemos hacer posible que las personas encuentren nuevas formas de ingresos [económicos] que no afecten el ecosistema”, dice Novoa. Desde 2019, la Jurisdicción Especial para la Paz declaró al ambiente como víctima del conflicto armado de Colombia. 

La investigadora del SINCHI está de acuerdo con el joven oriundo de Mapiripán. “Para que la gente haga un turismo de naturaleza bien hecho tiene que partir de un fortalecimiento organizativo de las comunidades para que todas las personas participen con diferentes actividades”. Dentro del turismo de naturaleza, según la científica, se pueden prestar diferentes y diversos servicios, no sólo el avistamiento de aves, sino también el avistamiento de anfibios y el senderismo, “pero eso requiere que las comunidades realmente se fortalezcan en torno a la actividad y se generen soluciones y no perjuicios”.
Mapiripán
Diana Escobar. Foto: Simón Zapata Alzate.
La bióloga ornitóloga y profesora de la Universidad de los Llanos Andrea Morales también concuerda con el gran potencial para el aviturismo y el turismo de naturaleza que tiene Matabambú Lagunas. Aunque sólo ha estado una vez en la reserva, sus estudiantes sí han ido con frecuencia, sobre todo en 2025, y por eso sabe que el lugar se ha ido transformando para realizar ejercicios de ciencia ciudadana que posteriormente le sirven a ella como investigadora. 

En una estantería de la casa de Matabambú Lagunas, hay dos libros: Avicultura Colombiana y Aves del Guaviare, una explosión de colores. Diana Escobar y Juan Camilo Caicedo quieren tener uno de estos libros con las especies de aves del norte amazónico, de Mapiripán. Estuvieron en la COP16 en Cali en 2024 y en la COP30 de Belém do Pará en Brasil. Todavía siguen esperando la última fase para que Matabambú Lagunas sea constituída formalmente como Reserva Natural de la Sociedad Civil. 

Mientras conversábamos en la mesa de su casa, Juan Camilo Caicedo saltó sorprendido porque un bagre rayado (Pseudoplatystoma fasciatum) se estaba asomando desde el agua. No lo podía creer, aunque una persona extraña a estas tierras no comprenda el por qué de tanta emoción. Llamó a su pareja y tomaron los binoculares para comprobar lo que estaban viendo. “Eso es otra señal de la recuperación de la laguna”, concluyó.

Imagen principal: Diana Escobar “pajareando”, en términos más técnicos, realizando avistamiento de aves y ornitología recreativa.  Foto: Simón Zapata Alzate.

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