La sociopatía o trastorno de personalidad antisocial, es una patología de tipo psicológico. El sociópata se identifica por carecer de empatía hacia los demás, se caracteriza también por desarrollar un fuerte egocentrismo, un gran desapego a las normas sociales, y una particular tendencia a simular sentimientos. Suele ser encantador, pero al mismo tiempo carece de sentimientos de culpa, vergüenza o arrepentimiento. Dentro de la clasificación internacional de las enfermedades, la cual es realizada por la OMS, dicho trastorno se asocia con potenciales actitudes violentas y criminales.  

Quiero que supongamos por un momento, que el Estado no es esa aglutinación de instituciones burocráticas, que unidas crean una organización política y territorial. Por un momento, realicemos el ejercicio mental de imaginarnos al Estado como un sujeto, un sujeto al cual le podemos atribuir actitudes, personalidad y sentimientos. Dotando a dicho ente intangible, de una humanidad, trataremos de hacer un diagnóstico, analizando las actuaciones del Estado colombiano como persona, queriendo identificar esas acciones que nos demuestren indicios de sociopatía en su personalidad.  

Nula empatía

Una de las acciones que caracteriza a la mayoría de personas sociópatas, es el nulo desarrollo del sentimiento de empatía hacia los demás. Traspasando esta analogía, al caso colombiano, podemos observar la situación que sufren nuestros líderes sociales en el país, queda clara la nula empatía que tiene el Estado colombiano hacia aquellas personas. Los datos de Indepaz, muestran los asesinatos de líderes sociales desde el año 2016 y el desarrollo de este flagelo hasta este año (21 en el año 2016, 208 en el año 2017, 282 en el año 2018, 116 en el año 2019 y 121 en el año 2020). Los datos nos dejan como conclusión que, aunque la problemática ha sido más notoria durante lo corrido del gobierno Duque, los asesinatos vienen desde años atrás, lo cual nos indica que este problema se ha convertido en un flagelo que no distingue gobierno. Los números preocupan a la comunidad internacional, ya que las instituciones estatales en general, han demostrado una negligencia incomprensible. Desde la policía hasta la fiscalía, han mostrado total falta de interés ante la situación de nuestros líderes sociales. A los líderes sociales y comunales, se les ha tildado de vagos, comunistas, mamertos, guerrilleros, y cuanto peyorativo exista, con el fin de desmeritar su ejercicio. Ejercicio que despierta animadversión, ya que va en contra de los intereses de la elite terrateniente, aliada con el paramilitarismo y el narcotráfico. 

Además de la situación de los líderes sociales, el Estado colombiano demuestra su apatía con indígenas, campesinos, y afrodescendientes. Comunidades que viven una marginalidad histórica, en un país que los ha utilizado como propaganda turística, pero que en realidad nunca les ha brindado las condiciones necesarias para vivir en condiciones dignas. Comunidades que se convierten en el comodín más importante de los candidatos en temporada electoral, y que luego vuelven a ser arrojadas a sus paupérrimas condiciones de vida.  

Personalidad manipuladora

La personalidad manipuladora, es una de las principales condiciones que denota un sociópata. Estos sujetos, pueden ser encantadores durante un tiempo, con el fin de ganarse la confianza, para después mostrar su verdadera cara. El Estado colombiano, cuenta con una capacidad manipuladora innegable. La utilización histórica de los medios masivos de comunicación, le ha brindado la capacidad al Estado colombiano, de subyugar a la masa, a determinaciones que siempre van en contra de los intereses de esta. Periódicos, revistas, televisión, radio, etc. Se han convertido en el fortín publicitario de las elites políticas. 

La importancia que el Estado ve en la propaganda, se ha observado en diferentes ocasiones. En el gobierno Santos, la contraloría encontró, que entre los años 2012-2014, en publicidad se gastaron un total de $2,3 billones de pesos. Teniendo en cuenta que el pico de gasto más alto, se encontró en época preelectoral. Siguiendo este ejemplo, y encontrándose el país en una situación crítica a raíz de la pandemia, se conoció que el gobierno de Duque, ejecutó un contrato de 3.500 millones de pesos con el fin de mejorar su imagen. Es cierto que esos fondos ya están predestinados desde hace mucho tiempo atrás, sin embargo, ¿es completamente necesario un contrato como este, en la situación que estamos viviendo? Desde mi opinión, creo que todos los recursos que el Estado tenga disponibles en este momento, deberían ser destinados de manera directa o indirecta a subsanar la situación que están viviendo las personas más necesitadas. Bajo esta premisa, deberíamos preguntarnos ¿En qué aporta el mejoramiento de la imagen del presidente, a las personas que están padeciendo de hambre? ¿no es este gasto, un altar al derroche, en un contexto que necesita otra clase de medidas? 

Las ansias megalómanas del Estado colombiano, y su preocupación ante la pérdida de poder, son la principal causa de la utilización de los medios masivos con fines publicitarios. He aquí la importancia que cumple el periodismo alternativo, el cual no depende de recursos económicos provenientes de las élites económicas, las cuales censuran y limitan el ejercicio del buen periodismo. 

Sin remordimientos

El egocentrismo y la falta de sentimientos, crea una personalidad cruel en todo sociópata, la cual elimina cualquier clase de remordimiento hacia las actuaciones realizadas. En pleno 2020, y con un acuerdo de paz firmado, existen comunidades que están esperando que el ejército pida perdón, por haberse aliado con paramilitares en cruentas masacres ocurridas algunas ya hace más de 20 años, y las cuales todavía retumban en sus recuerdos. Los casos de Mapiripán, La Granja, El Aro, El Salado y un largo etcétera, dan cuenta de las acciones deplorables que cometieron miembros activos del ejército. También hay que recordar las ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos”, durante el periodo de Álvaro Uribe como presidente. Ese mismo ejército que se jacta de decir que nos defiende, y que de nuevo ha caído en desgracia tras conocerse todas las interceptaciones ilegales que realizaban a periodistas y políticos que representan la oposición.

En otro caso de crueldad estatal, la policía y el extinguido DAS, aliados con el paramilitarismo y el narcotráfico, se vieron inmersos en gran cantidad de asesinatos, entre los que destacan los de Galán y Jaime Garzón. No olvidemos los años 1989 y 1990, fechas que nos hicieron entrar en récords históricos, debido a la muerte de Galán, Jaramillo y Pizarro, nos convertimos en el único país del mundo, en el cual han sido asesinados tres candidatos presidenciales en un lapso de un año. 

Todos estos actos, perpetrados por actores estatales, dejan un sinsabor en el pueblo; sinsabor que se convierte a la postre en una profunda desconfianza hacia las instituciones que se supone, deberían protegerlo. La impunidad en estos asesinatos ha sido absurda, y las actuaciones para remediar lo sucedido han sido nulas. Muchos de los implicados se pasean por sus clubs sin ningún remordimiento, algunos habiendo cumplido penas miserables en cárceles acomodadas a su antojo y otros sin haber cumplido un día de encierro. 

Dictamen

Se mencionaron tres de las características transversales que nos pueden llevar a dictaminar que el Estado colombiano sufre un trastorno de personalidad antisocial. Ante el problema, se nos abre una pregunta… ¿Cómo protegernos de un Estado sociópata? Una de las principales recomendaciones de los expertos es, estar en guardia. Ya conocemos las características, sabemos cómo actúa, por lo tanto, es necesario estar atentos a los movimientos de este sujeto. La crítica, el inconformismo y la protesta, son las mejores armas que tenemos para enfrentar un estado sociópata. La movilización como demostración de inconformismo, no puede parar, Estados Unidos y México están siendo ejemplo de esto, y nosotros tenemos que replicarlo de la misma manera. El 21 de noviembre de 2019, fue uno de los ejemplos de lo que el pueblo puede llegar a hacer si se une, y trabaja conjuntamente. Es trabajo nuestro poner a este Estado sociópata colombiano, contra las cuerdas. 

 

Estudiante de octavo semestre de Negocios Internacionales de la Universidad Santo Tomas sede Villavicencio, con énfasis en relaciones internacionales.