Por: Alejandra González*

En los últimos días han circulado fotografías y audiovisuales acerca de militares en diferentes zonas del país, muchas personas por otro lado han sido testigos de esos patrullajes en los centros de las ciudades, casualmente, cerca de realizarse el paro nacional del 21 de noviembre. El Ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo le anunció a los medios de comunicación que no es cierto que se haya ordenado una militarización de Bogotá; por su parte el Secretario de Seguridad de Bogotá, Jairo García, manifiesta que el Ejército estará solo hasta el miércoles, 20 de noviembre.

Más allá de palabras en la prensa y la casualidad de las FF.MM., en Bogotá y otras ciudades del país, estos hechos nos permiten pensar y reflexionar acerca del discurso ideológico de miedo, que está implementando el Gobierno Nacional, de forma camuflada, pero directa; frente a la protesta social y las diversas formas de manifestación. Si no se sataniza la protesta social y la vigilancia pondera para la Policía Nacional, ¿No es acaso un hostigamiento sentir a el Ejercito en las calles, que más que vigilancia, generan inseguridad y en algunas personas horror? Si el paro nacional convocado de forma pacífica da pie a poner militares en las calles ¿Qué podemos analizar los ciudadanos/as de estas acciones cínicas del Gobierno?

Recordemos que cuando hay una militarización de la seguridad pública hay una fractura en los derechos humanos, un paso lastimoso para los Crímenes de Estado por ejemplo, diversas formas de opresión y peligro para las y los ciudadanos. El Gobierno no nos protege, no pone militares para velar por nuestra seguridad pública, con armas en mano. El Gobierno nos invisibiliza, censura nuestro arte al clamor de la memoria y la dignidad: basta solo ver los allanamientos a colectivos de arte, que han generado denuncias precisamente del poder nefasto y violento de las FF.MM.; de esta manera usan todas las formas de control y tiranía posibles, solo para generar miedo y horror, frente al monstruo político actual, que aunque nos teme, tiene todo el accionar para querer callarnos.

No podemos pretender que esto sea una militarización de “contexto” cuando en América Latina y Colombia, el uso de este accionar solo ha traído dolor y desgracia a nuestra historia colectiva. Crítico es pensar que somos el enemigo, por defender lo necesario, lo que no queremos más es que se repita y transgreda lo social, por lo cual se resiste. Nuestra arma es la palabra, la lucha de los pueblos, y es el modo de demostrarle a este Gobierno que somos más que fuego y miedo. Debemos salir a las calles, a defendernos y no callarnos.

*Alejandra González: Comunicadora Social – Periodista de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, luchadora de la dignidad, la memoria y la paz. Fotógrafa de pasión, hecho y por último profesión.