La guerra que vive Colombia desde la década de los años 60s es diferente a la ola de violencia que se vivió en los años 40s y 50s. El actual conflicto tiene unas raíces y motivaciones mucho más profundas, como lo son la tenencia de la tierra, el control del territorio y las rentas, el modelo del Estado y el poder político. Las más de nueve millones de víctimas de todo tipo y en todos los sectores, son muestra de las enormes proporciones del conflicto. De esta cifra hay que decir que casi 500 mil personas murieron, 100 mil sufrieron desaparición forzada y nueve de cada 10 víctimas mortales eran civiles. Esa es la connotación de la guerra, los afectados fueron en su gran mayoría personas que no estaban vinculadas directamente en las hostilidades.

Ese contexto muestra que el conflicto ha sido un proceso no entre ejércitos combatientes, sino que esas acciones en gran parte fueron direccionadas contra personas en estado de indefensión. Esa práctica se profundizó desde la década de los 90s, momento en el que los grupos armados dirigieron sus acciones contra municipios, principalmente rurales, con la intención de generar dominio territorial para debilitar a su contraparte, pero en todo caso, fueron los civiles los que estuvieron en medio.

En el informe final de la Comisión de la Verdad se resalta que la democracia o su ejercicio, ha sido un proceso violento en el país a lo largo de la historia. En el que el debate político se ha centrado en generar con mucha fuerza oponentes o enemigos, que en muchos casos terminaron asesinados por grupos armados proclives a bandos políticos opuestos. En ese contexto la sociedad civil jugó un papel de mutismo cómplice de los hechos violentos, pero al mismo tiempo, la construcción de las instituciones, el ejercicio democrático y toda las construcciones civiles y sociales se hicieron a lo largo de 60 años en medio de las balas. Se normalizó la guerra y la violencia.

Todo el escenario caótico que se genera desde los múltiples hechos violentos de la guerra, implica exigir una paz que no solo implique el silencio de las armas, sino que se creen las condiciones para la libertad humana, normas, valores institucionales y el ejercicio igualitario de derechos. Así mismo, el informe evidencia que la democracia se ha venido desarrollando de menor a mayor inclusión y de mayor a menor violencia, lo que evidencia que al país le queda un largo camino por recorrer para la reconciliación y la paz, pero en donde hay unos pasos ya dados.

Han existido tres momentos históricos que ha buscado frenar la violencia para la construir la paz. En primer lugar, el Frente Nacional de 1958, la constituyente de 1991 y el actual proceso de paz. El pacto entre liberales y conservadores buscó frenar la violencia, hacer reformas sociales y logró incorporar a los liberales de manera definitiva en el sistema político del país. Pero falló de manera definitiva con el desarrollo propuesto en las zonas rurales, lo que terminó ocasionando conflictos agrarios.

El surgimiento de las guerrillas de manera inevitable, motivados por diversos factores políticos los cuales sufrieron transformaciones a lo largo del tiempo, se puede considerar como una causa de estas fallas sin resolver en el tema agrario. La derrota militar de estos grupos por parte del Estado no solo no fue posible, sino que el conflicto se arreció en la década de los 80s, principalmente con el M19. Movimientos políticos como la Unión Patriótica ganaron espacio localmente, en territorios relevantes para los poderes políticos tradicionales; el exterminio de este movimiento profundizó la desconfianza entre todos los sectores relacionados en el conflicto.

De otra parte, la consolidación del narcotráfico minó las esperanzas de paz impulsadas por el gobierno de Belisario Betancur. Mientras a las guerrillas se les estaba abriendo la puerta para interlocutar como un actor político válido, el narcotráfico, que ya estaba inmerso en los grupos guerrilleros, fue expuesto y evidentemente se le criminalizó. A su vez, grupos de narcotráfico afianzaron sus relaciones con el Estado, partidos políticos, grupos económicos, fuerza pública y diversos sectores de la sociedad, enquistándose un problema serio que a futuro iba a profundizar la guerra y a generar miles de víctimas en todo el país.

El proceso de democratización que estaba impulsando el presidente Belisario Betancur tuvo un fuerte rechazo, principalmente de diversos sectores políticos y de las élites hegemónicas. De tal manera el fenómeno del paramilitarismo surgió como respuesta violenta al cambio, originado por grupos del narcotráfico, algunos miembros de la fuerza pública y de las élites. Es decir, la aparición del paramilitarismo ha estado ligado o surgió con la venía de narcotraficantes, miembros del Ejército y sectores empresariales e industriales de la época.

En ese contexto de violencia desmedida, surgimiento del paramilitarismo, consolidación del proyecto guerrillero, los desmanes violentos del narcotráfico y la represión por parte de los agentes estatales, terminó con enterrar a muchos de los mejores líderes políticos del país para aquel entonces.

*Esta campaña se realiza con el apoyo del Instituto Colombia-Alemán para la paz -CAPAZ.

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.