Aquella mañana, el grupo de la Asociación del municipio de El Peñón, Santander quienes se encontraban en Bucaramanga, se acercaron a una cafetería de la ciudad, para calmar el frío que los asediaba en ese momento, pero especialmente para planear la jornada que adelantarían durante su estadía en la ciudad. Pero como una inesperada ola que ahoga al pequeño que no sabe nadar, el lugar se empezó a estremecer, pero más exactamente las personas que se encontraban allí, ya que un hombre armado, apareció en el establecimiento “Sin tener ningún sentimiento de humanismo y compasión empezó a disparar” afirmó la protagonista de esta historia con rastros de dolor, al recordar que en medio de la confusión no tuvo tiempo de correr y solo podía ver a su alrededor rastros de sangre.

Segundos o minutos después que el asesino se fugara del lugar, pudo darse cuenta que en el suelo y en las sillas en las que antes se encontraban conversando, habían quedado tres cuerpos de importantes líderes a los que les habían robado su vida: Ciro Antonio Güiza, Over Yesid Jerez y Nicacio Jerez, ella estaba cerca de ellos, podía verlos, pero no sentía su cuerpo, no se podía mover.

Marinita, como le gusta que la llamen, quedó cuadripléjica; con rastros de tristeza en su rostro, nos cuenta que el motivo por el cual llegó a esa cafetería aquella trágica tarde fue por intentar solventar necesidades de su municipio. “Profesores del Colegio Integrado Antonio Ricaurte y miembros de la comunidad, se fueron a solicitar a la Secretaría de Educación que enviaran docentes al municipio, así mismo a evidenciar otras problemáticas”. Otras de las múltiples solicitudes que les suponían una gran preocupación, era la falta de caminos vecinales y principales que les significaba durar aproximadamente 3 o 4 horas trasladándose desde el casco urbano de El Peñón hasta el municipio de Vélez.

Eran más de tres horas comparadas con la actualidad en el que desplazarse desde el casco urbano del municipio, hasta Vélez es de una hora larga aproximadamente. Éstos largos recorridos se convertían en una verdadera agonía cuando había que trasladar heridos, porque en aquel entonces “no había médicos aquí” nos explica Marinita, quien recuerda que el asignado solo iba cada 20 días o cada mes, cuando era de vital importancia. El problema es que existían urgencias alrededor de las 24 horas, pues los grupos armados existentes en El Peñón, parecían ir dejando heridos sin clemencia.

Por lo anterior, muchas familias decidían irse o en casos peores, terminaban cediendo a los comportamientos repetitivos de la época: destruirse unos a otros. Eso lo explicó doña Marina Galeano, quien recuerda que los habitantes del municipio quisieran o no, terminaban tomando partido de un lado u otro de los grupos al margen de la Ley “Los esperaban en lugares apartados, y allí eran asaltados con machete, plomo, lo que tuvieran a mano, causándoles pérdida de sus extremidades o la muerte”.

La situación empeoró cada vez más, hasta el punto que los peñoneros eran humillados por los actores armados porque pensaban que eran del grupo contrario. “Buenos días, no saludan, malparidos guerrilleros, malparidos uy uy uy” repite Marinita con la melodía que ellos usaban, pero su rostro refleja lo mismo que sus palabras, eran momentos de terror.

Las masacres se tornaban tan absurdas, que los conflictos podían empezar hasta por un robo de gallina. “A las seis de la tarde debía tener todo el mundo las puertas cerradas” mientras adentro con angustia y temor escuchaban el latido de los perros anunciando la llegada de los grupos armados, ya que sin saber cuál era, sentían que estaban siempre en peligro, especialmente quienes buscaban el bien común del municipio.

Me siento feliz y contenta de saber que fue por el bien común. Además, sé que Dios me ha bendecido ante las caídas.

En aquel entonces, hace aproximadamente 30 años, quienes estaban adelantando el proceso de conformación de El Peñón, para que dejara de ser considerado un corregimiento del municipio de Bolívar, y se convirtiera en una entidad territorial que lograra ser un lugar libre de horror y muerte, corrían grave peligro; sin embargo, continuaban creando jornadas comunitarias, bazares para recolectar el dinero requerido para la conformación del municipio, y aunque Marinita no podía ya realizar éste tipo de actividades, se encargaba de organizar reuniones, cuadrar lugares donde debería asistir la comisión, entre otras formas de planeación.

Marinita Galeano fue condecorada con la medalla Feisal Mustafá Barbosa, máximo reconocimiento en El Peñón, por el alcalde en aquel entonces Francisco Jesús Cruz Güiza, por su aporte a la fundación y desarrollo del municipio.

Ésta mujer blanca, de ojos bondadosos y cabello corto, recuerda que el grupo que acabó con algunas de sus ilusiones, era conocido como Bobina Roja, y hacía parte de grupos paramilitares, y la atacaron junto con sus compañeros/as porque se les acusaba de hacer parte del partido Unión Patriótica- UP, a quienes en esa época en varias partes del país los estaban asesinando por simpatizar supuestamente con grupos guerrilleros, o haber pertenecido a ellos. Sin embargo, ella ya no guarda rencor, pues en vez de ver su asalto como una gran tragedia, siente que sirvió para aportar a la conformación del municipio “Me siento feliz y contenta de saber que fue por el bien común. Además, sé que Dios me ha bendecido ante las caídas” expresa Marinita, quien además recuerda que en el 2018, en el marco de los 25 años de existencia municipal, fue condecorada con la medalla Feisal Mustafá Barbosa, por sus aportes al desarrollo y la paz de El Peñón, Santander.

Han pasado treinta y dos años desde aquel ataque, y algunas personas creerían que el hecho que ella quedara cuadripléjica estando en plena juventud (los veinte), sería algo que no se podría perdonar, pero gracias a su familia, Marinita ha logrado sortear la dependencia a la que la ha reducido su invalidez, y principalmente el haberse aferrado a Dios y a la oración, le permitió disculpar a los culpables, para así no guardar resentimiento en su corazón y poder ver la vida con más esperanza.

Ella considera que tiene un don, el de llenar su corazón de amor, ya que eso fue la principal ayuda que tuvo para poder ver cómo en su municipio se presentaban enfrentamientos entre guerrillas, paramilitares, Policía y Ejército, y a pesar del miedo y los ataques, seguir adelante. Es importante resaltar, que la ayuda de la iglesia católica fue fundamental para superar ésta época de tristeza y dolor, para que así El Peñón lograra un desarrollo humano, económico y social.  Por ello, hoy en día, Marina Galeano de 53 años, ha enfocado su energía en otras cosas,  pues tiene la capacidad de chatear o pintar cuadros en acuarela con la ayuda de su boca; goza de buena salud, en compañía de su familia, su padre don Luis Galeano, quien actualmente tiene 93 años y Morelia con sus hijos y esposo, quienes siempre la están apoyando.

*Éste texto hace parte de una serie de crónicas investigadas por Lina Álvarez, becaria de la organización internacional Memria y directora del proyecto de reporteritos/as populares en El Peñón, con apoyo de las estudiantes: Mayerly Duarte, Natalia Jerez y Valentina Rincón. 

Comunicadora Social y Periodista, especializada en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina. Fundadora del colectivo y medio de comunicación alternativo El Cuarto Mosquetero. Desde la comunicación trabajo con comunidades de sectores rurales y populares los temas de género, paz y ambiente.