Fabio Díaz, es un bogotano que desde hace 34 años está ligado a la empresa estatal Ecopetrol. Labora en CENIT, una filial de esta empresa que se encarga del sistema de transporte de petróleo por oleoductos y poliductos. Empezó como obrero y continuó su carrera laboral durante 15 años siendo asistente de operación, medidor de tanques de almacenamiento, operador de pantallas y operador senior, cargo que ocupa actualmente.

El sistema de oleoductos y poliductos está disperso en diferentes regiones del país, por lo que, en los trajines de su trabajo, Fabio ha tenido la oportunidad de estar en Barrancabermeja, Santander; Aguachica, Cesar; Manizales, Caldas; Buenaventura, Valle del Cauca; Facatativá, Cundinamarca y en la actualidad se encuentra en la planta de Puente Aranda en Bogotá.

Cuando ingresó a Ecopetrol, se encontró con compañeros con un gran nivel ideológico y político, que le transmitieron su sentido de lucha nacionalista, de preservación de los derechos de las y los trabajadores. “Ecopetrol fue una empresa creada por los trabajadores después de la huelga de 1948”, mencionó Díaz, recordando también que los beneficios que fueron adquiridos mediante la convención colectiva, se dieron gracias a las luchas de las y los trabajadores en la industria.

Con esas historias de lucha y resistencia, y descubriendo sus facultades de liderazgo, en 1996, Fabio se motivó a ser parte de la Unión Sindical Obrera, y llegó a ser presidente de la Subdirectiva Única del Oleoducto. Luego, en 1998 fue parte de la Junta Nacional del Sindicato, desempeñándose como secretario de actas hasta el 2004. Ese mismo año participó en la huelga que hicieron los trabajadores en el periodo presidencial de Álvaro Uribe, debido a su intención de vender varias empresas estatales, entre ellas, Telecom, Ecopetrol y otras varias del sector eléctrico. “Nosotros ganamos la huelga porque sirvió para detener el proceso de venta que venía y no corrimos la misma suerte que Telecom, que en esa época fue vendida”, recordó el dirigente.

Además de haber sido dirigente regional y nacional, dentro de sus logros como sindicalista, Díaz resalta haber sido cinco veces negociador de los pliegos de peticiones dentro de la Convención Colectiva por parte de la USO a Ecopetrol. Pero lo que más resalta Fabio es que “aún le seguimos ganando la batalla al Gobierno para evitar que se venda Ecopetrol. Ese es el logro más grande porque es una tarea de todos los días, porque es una decisión política permanente la del Gobierno de vender el patrimonio público”.

Con esas historias de lucha y resistencia, y descubriendo sus facultades de liderazgo, en 1996, Fabio se motivó a ser parte de la Unión Sindical Obrera

Aun así, acepta que no se han ganado todas las batallas, pues ya un fragmento de la empresa fue vendido en el 2007 (cuando se vendió el 20% de las acciones de Ecopetrol a entidades privadas). Pero reitera que seguirá en pie de lucha para evitar que el legado que dejaron los “viejos luchadores” de Ecopetrol como empresa industrial y comercial del Estado, sea cedido a los privados.

Fabio también considera importante la estructura de los derechos de los trabajadores contemplada en la Convención Colectiva de Trabajo, firmada entre Ecopetrol y la USO, a la que aunque ya le han quitado beneficios, ha logrado que las y los trabajadores tengan acceso a la salud, educación, vivienda, alimentación, entre otras.

Fabio Díaz encadenado al «Machín de la Resistencia» Foto: Archivo digital

“La tarea que nos pusieron aquellos que con sus luchas en los años 70 pudieron pactar muchos derechos dignos, esa tarea la venimos cumpliendo, venimos resistiendo a pesar del neoliberalismo, a pesar de las órdenes de acabar derechos y vender empresas”, afirma Fabio.

Y la lucha por evitar que se vendan empresas públicas continúa, pues Fabio, junto a su compañero, Hernando Silva, lleva 50 días encadenado en el “Machín de la Resistencia” frente al imponente edificio de Ecopetrol en Bogotá para evitar que a través del Decreto 811 del 2020, el Gobierno Nacional venda CENIT.

“El Machín de la Resistencia”, fue el nombre que trabajadores/as de Ecopetrol y quienes apoyan la protesta de los dirigentes, le dieron al lugar donde hoy se concentra su lucha, específicamente, en la plazoleta Manuel Gustavo Chacón, del edificio principal de la empresa.

La protesta de Fabio y su compañero ha estado respaldada por las y los trabajadores del control de la producción y por otros más de 400 que laboran en 54 plantas del sistema de oleoductos esparcidas en el terreno nacional.

La idea de encadenarse y armar un “cambuche” frente al edificio de Ecopetrol “se da básicamente porque no teníamos otros instrumentos de protesta y consideramos que a través de este cambuche podíamos generar un hecho político de visibilización en Bogotá, dado que las plantas de oleoductos están dispersas en toda la geografía nacional y no era posible hacer movilizaciones”, explica Díaz.

Pero esta lucha no es solo de Fabio y su compañero, pues las empresas del Estado son un acumulado de las generaciones que con su esfuerzo, trabajo e impuestos, hicieron posible una industria nacional estatal que ha probado que es indispensable para el desarrollo de Colombia, “y ese acumulado, históricamente, siempre lo ha querido el sector privado”, por lo que le ha correspondido a los y las trabajadoras, organizaciones sindicales y sociales, y ciudadanía en general, vigilar y luchar por preservar el patrimonio público.

“Apreciemos ese legado, porque este ha permitido que haya un ingreso estable para la población colombiana”, aconseja Fabio a las y los colombianos, por eso hace un llamado a cuidar y no permitir que el “avaro sector privado”, se quede con estas empresas, porque permiten bienestar y oportunidades de empleo digno para la población. “Y nos toca cuidarlo con un instrumento que se llama la protesta, porque lamentablemente la legislación no está hecha para favorecer los intereses del pueblo” finaliza.

Comunicadora social y periodista, con experiencia en prensa escrita, comunicación institucional y trabajo con comunidades vulnerables desde el enfoque de la participación política, defensa del territorio y comunicación para el cambio social.