¿Están las funerarias de Villavicencio en capacidad de enfrentar un caso de múltiples decesos por COVID-19?

Ante un panorama incierto, se espera que dentro de dos semanas el pico de decesos se dispare en Colombia, para ese entonces, tanto el Estado como las funerarias, tendrán que afrontar el reto de atender la posible calamidad.

Dada la reciente situación de Guayaquil, Ecuador, en la que a través de fotos y videos, los ciudadanos/as denunciaron cómo muchos cadáveres yacían en las calles y los pasillos de los hospitales esperado durante horas a ser recogidos y llegando a un punto en el que las funerarias colapsaran, El Cuarto Mosquetero contactó algunos de dichos establecimientos en Villavicencio, con el fin de saber si están preparadas o no, para enfrentar una situación similar.

Patricia Baquero, encargada del servicio al cliente en la funeraria Inversiones la Paz, comentó que la entidad cuenta con una ventaja y es que tienen cementerio propio, además de horno crematorio y mil bóvedas para esta labor. En el día, señaló la entrevistada, se pueden cremar hasta 10 personas.

“No puede hacerse necropsia, el médico es el que expide el certificado de defunción y ya desde el hospital vienen los cuerpos embalados siguiendo todas las normas de seguridad”, afirmó Baquero. El cambio en los procedimientos están regidos por el Manual de orientaciones para el manejo, traslado y disposición final de cadáveres por COVID-19 del Ministerio de Salud, en el que se instruye que el prestador de salud que atiende casos de coronavirus, será el encargado de notificar la muerte a través de la ficha epidemiológica 348, Infección Respiratoria Aguda (IRA), de forma inmediata a la Secretaria Territorial de Salud y al Instituto Nacional de Salud.

En éste proceso, tampoco podrá haber velación debido al riesgo de contagio. Según el documento del Ministerio de Salud, el cadáver se trasladará en el vehículo fúnebre, utilizando la ruta más corta y rápida hacia el cementerio o servicio crematorio, donde hará la entrega inmediata del cuerpo a los responsables del servicio.

No obstante, esta no sería una tarea fácil, pues para realizar el debido proceso de cremación de un cadáver contagiado de COVID 19, se deben cumplir con estrictas normas de bioseguridad.

Por su parte, Ferney Romero, director del departamento de homenajes de la funeraria Los Olivos, indicó que es necesario que la Administración Municipal y las funerarias trabajen articuladamente para enfrentar una posible situación como la acontecida en Ecuador. Esto debido a que, habrán personas que no podrían costear la cremación de su familiar fallecido, por lo que en ese caso, la Alcaldía debería tomar responsabilidad para cubrir esos gastos o determinar cómo deben actuar las funerarias ante casos de emergencia, hasta donde lo permita la ley.

La funeraria, señaló Romero, cuenta con un horno con capacidad de cremar de 15 a 18 personas al día. Sin embargo, dedujo él, teniendo en cuenta la población de Villavicencio (531.275 para el 2018, según el DANE), la ciudad cuenta con funerarias suficientes para enfrentar una emergencia en caso de colapso en cifras de decesos por el COVID-19. Además, aseguró él, su personal ha sido abastecido con todos los Elementos de Protección Personal (EPP), para someter a sus trabajadores al menor riesgo posible.

No obstante, esta no sería una tarea fácil, pues para realizar el debido proceso de cremación de un cadáver contagiado de COVID-19, se deben cumplir con estrictas normas de bioseguridad. El manual del Ministerio de Salud, indica que para aislar el cadáver, se deberá envolver en su totalidad sin retirar catéteres, sondas o tubos que puedan contener los fluidos, en tela anti fluido o sábana. Luego se pasa el cuerpo a la primera bolsa para traslado, con la sábana o tela antifluido que cubre la cama donde fue atendido el paciente. Una vez este se ha colocado en la primera bolsa para traslado, se debe rociar con desinfectante el interior previo al cierre de la misma. Igualmente, tras el cierre de la bolsa, se debe desinfectar su exterior; se coloca la primera bolsa debidamente cerrada dentro de la segunda, se cierra y se repite el rociado con desinfectante. Culminado este proceso, se tiene que desinfectar los guantes exteriores usados, con alcohol isopropílico al 70%.

Además, el Director de Homenajes de los Olivos, explicó que si se diera una situación en la que la familia se niegue a dejar cremar el cuerpo del fallecido, prima el bienestar común por encima del de la familia. Es decir, el cadáver pasa a ser disposición del Estado y por motivos de seguridad y salubridad pública, este debe ser cremado sin objeción alguna.

En cuanto a la inhumación de un fallecido por COVID-19, el entrevistado manifestó que dadas las circunstancias, este es un proceso demasiado arriesgado, no solo porque el contacto con el cuerpo es mayor sino también porque toma más tiempo, pues para esto se requiere a la persona que conduce el carro fúnebre hasta el cementerio y luego a quienes reciben el ataúd y abren ya sea el espacio en tierra para inhumar el cuerpo o para acomodarlo en bóvedas. “Hay que tener en cuenta que en cuatro años se debe desenterrar el cuerpo, y aunque puede que para entonces el virus ya no esté, lo mejor es asumir la menor cantidad de riesgos posibles”, puntualizó, por lo que la directriz es que éstos sean cremados.

Por otro lado, Andrés Mora, director encargado de la prestación de servicio al cliente de la funeraria Capillas de la Fé, dijo que es necesario tener un control estricto, pues muchas personas no están preparadas para el confinamiento total. “Esto no tiene antecedentes, nosotros tenemos supervisión estricta del departamento de Seguridad y Salud en el trabajo, pero jamás nos imaginamos tener que abastecernos con tester de temperatura importados para estar midiéndole la fiebre a nuestros trabajadores, hemos hecho una gran inversión en EPP para nuestro personal”.

Con respecto a la capacidad de la entidad para enfrentar una situación como la de Guayaquil, el entrevistado informó que la funeraria está suficientemente preparada y cuenta con un horno que puede cremar un cuerpo cada dos horas, y que sus trabajadores están equipados y siguiendo todas las normas de bioseguridad para prestar los servicios necesarios.

Incluso, Capillas de la Fé está extendiendo un mensaje de solidaridad y compañerismo. Mora señaló que su jefe emitió la orden a nivel nacional de repartir kits de seguridad a las entidades que también prestan servicios funerarios y que por lo tanto, son su competencia directa, en ciudades como Montería, Barrancabermeja, Yopal, Cartagena, Bucaramanga, Sopó, Tunja, Villavicencio y demás zonas en las que la empresa tiene presencia, con el fin de garantizar una protección colectiva, asegurando así el bienestar individual y grupal.

En cuanto a la venta de seguros funerarios, todas las empresas aseguraron tener normalidad en este servicio tanto para los afiliados actuales, como para quienes lo adquieren por primera vez.

Éste medio intentó contactar a las funerarias La Santa Cruz y El Señor Resucitado pero no hubo respuesta de su parte.

Teniendo en cuenta lo anterior, la provincia de Guayas en Ecuador, tiene un número aproximado de 3,8 millones de habitantes y en su capital, Guayaquil, hay más contagiados que en el resto del país. Con 1937 contagiados y 60 decesos (sin incluir a los que han fallecido sin que se les haga el test), el sistema funerario colapsó, habitantes de calle o personas con enfermedades graves han muerto en las vías de la ciudad, y es una realidad a la que han tenido que enfrentarse sus habitantes, sin contar con que personas que no necesariamente tienen COVID-19, han perecido en sus hogares y nadie atiende al llamado de las familias. Según entrevistas de BBC News Mundo, algunas funerarias se niegan a ir a recogerlos por miedo a contraer el virus, incluso han preferido cerrar sus establecimientos. Lo cual se convierte en una realidad que debe evitarse en Colombia.

De manera que, el médico neurólogo Diego Roselli, del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, y que cuenta con estudios en la Universidad de Harvard y en London School of Economics, publicó en sus redes sociales, dos videos en los que hace cálculos sobre el número de fallecidos que dejaría la pandemia en el país al 20 de abril. Él calcula que aproximadamente 800 personas a esa fecha pueden haber muerto a causa del virus, teniendo en cuenta una tasa de mortalidad del 4,3%. Por lo que, es posible que en el Meta, especialmente en Villavicencio haya aproximadamente 35 decesos a causa del COVID-19.

Sin embargo, la capital del Meta se está preparando para que en las próximas semanas, un escenario posible sea que la curva de contagio (basados en la información que está manejando el Instituto Nacional de Salud), sea de 4 millones de personas (solo si no se logra controlar la propagación del virus), por lo que posiblemente haya 45 mil contagiados en Villavicencio y de esos, 4500 probablemente estarán en estado crítico por lo que deberán estar internados en clínicas, según explicó Felipe Harman, alcalde de la ciudad en entrevista a Periódico del Meta. Teniendo en cuenta que llegase ese panorama desalentador, podrían haber entre 1500 y 2000 muertes (manteniendo la tasa de mortalidad del 4,3%). De ahí también la importancia de quedarnos en casa, ya que aunque las proyecciones iniciales evidencian que la ciudad está preparada para afrontar tal situación, ni la ciudad, ni el país podrían evitar que el sistema funerario colapse de seguir el aumento de la curva de propagación.

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