En este caso, hablamos de la quinta edición del libro la Calle 10 de Manuel Zapata Olivella, el cual fue impreso en el 2020, en un trabajo conjunto de varias entidades de índole cultural, y la editorial de la Universidad del Valle. La conmemoración de esta obra, se hace gracias a que desde el gobierno se ha nombrado este año, como el año Manuel Zapata Olivella, queriendo rendir tributo a un escritor de tan alta importancia para Colombia.

Entrando en sustancia con lo que la reseña de este texto requiere, al igual que se propone en la observación critica de una película, tener muy en cuenta el principio y el final de un libro se vuelve necesario cuando se quiere analizar concienzudamente su contenido. Si hay un común denominador que pueda conectar lo acontecido al comienzo y final de este texto, es la muerte.

La desazón, la incertidumbre, la tristeza, y el miedo, son sentimientos que se pueden encontrar al inicio y final del relato de Manuel Zapata Olivella. Sentimientos que acompañan cual perro fiel, toda la extensión de la obra, dotándola de un ambiente agreste y perturbador, pero real, en sí mismo. Como si estuviéramos observando la miseria y pobreza del San Petersburgo de Dostoievski, Zapata nos transporta a la Bogotá de finales de la década del 40, paseándonos por las chicherías, los prostíbulos, las residencias del centro y las plazas de mercado. Haciendo así, una gran cartografía de los que es la vida en los suburbios. Sitios que se convierten en el alma pura de la ciudad y en el corazón de la cultura y las costumbres.

Desde la desesperada situación del “pelúo” observando como su esposa muere en sus brazos, hasta el momento de incertidumbre que vive Rengifo, buscando a su mujer entre los muertos; estos sentimientos de capacidad alienable, se encargan de traer hasta nuestros ojos una realidad que pasa desapercibida ante nosotros, y que solo vemos de pasada en algún semáforo o plaza pública.

Zapata, se encarga de mostrar a la perfección dentro de su obra los estilos de vida de las personas del “común”, manifestadas en sus personajes que, aunque ambientados en la década del 40, todavía pueden aplicarse de una manera coherente a nuestro contexto actual. Laboriel, representando la vida de aquellos jóvenes campesinos que tienen que trasladarse desde sus pueblos hasta la ciudad, buscando acceder a una educación que permita superar las paupérrimas condiciones de vida, que se sufren en el campo; o también, en representación de aquellos estudiantes de bajos recursos que tienen que endeudarse con ICETEX u otras entidades, para así poder acceder a la educación superior. 

La pecosa, representando la vida de aproximadamente 4 millones de mujeres que ejercen la prostitución en Colombia. “Aproximadamente”, porque en nuestro país no existe un censo que permita establecer a ciencia cierta cuántas personas ejercen esta profesión. Epaminondas, representando la vida del carretero, del reciclador, del lustrabotas, del vendedor informal. Muestra la situación de las personas que viven del día a día, del “rebusque”, ejemplificando la situación de 5,7 millones de personas en el país. Ciudadanos que nunca accederán a una pensión, y que, hasta el último momento de su vida, dependerán de lo que hayan podido trabajar ese mismo día. 

Así sucesivamente encontramos reflejada dentro del texto de Zapata, la situación del policía nacional, patrullero claramente (Rengifo), porque los oficiales hacen parte de una clase elitista y exagerando un poco podríamos decir que hasta burguesa, imposible de alcanzar para un patrullero promedio; también se observa la situación bastante recurrente de aquellos personajes ilustrados, soñadores y aventureros que se lanzan a salvar el mundo con visiones muy idealistas de la realidad (el poeta Tamayo); se puede encontrar también, la situación del líder social colombiano, el cual es estigmatizado, oprimido, perseguido y hasta asesinado (mamatóco).

Cuando se toca el tema de los personajes, generalmente se tiende a hablar de héroe y villano. Para el caso de “La Calle 10”, sería una afrenta al mismo Zapata identificar a alguno de los personajes como héroe en solitario. Es evidente que Zapata intenta de una manera vehemente, dejar claro que aquí todos son héroes, toda la comunidad, toda la gente, desde lo que puede aportar al movimiento social cada uno de los actores implicados. 

Si no queremos salir del concepto tradicional héroe-villano, existe dentro del texto un fragmento que muestra a la perfección quien podría ser cada cual, desde la perspectiva de Zapata. (Zapata, 2020)

“Este es un crimen político. Los de arriba han querido silenciar su voz, la voz del pueblo, pero solo hacen que su grito sea más potente. Este crimen llevará su acusación más allá de la calle 10. Aquí no se ha matado un hombre, se ha herido de muerte a un pueblo…”. (Pág.88)

El anterior fragmento es pronunciado por el poeta Tamayo tras encontrar asesinado a su gran amigo y principal denunciador de los atropellos del gobierno en contra del pueblo (mamatóco). Dichas palabras, se convierten en el grito de lucha que da inicio a una gran sublevación por parte del pueblo, en contra del establecimiento opresor. Está claro, el héroe es el pueblo, la comunidad… y el villano es el Estado, representado en todas sus instituciones. 

Por otro lado, en el rápido análisis que podemos hacer del autor, se hace evidente la importancia que tuvo para él, un evento como el “bogotazo”, o también llamado “colombianazo”. Esto porque, al finalizar la lectura del libro, se siente que todo lo acontecido antes del estallido de las protestas que se dan a raíz de la muerte de “mamatóco”, (como un símil que hace el autor a lo ocurrido con Gaitán), se convierte en la antesala, en el preludio, de un acto final que se lleva todo el protagonismo dentro de la trama. Lo podríamos llamar “crónicas de un alzamiento popular anunciado”; y todos los recursos literarios utilizados por Zapata Olivella, se aglomeran en la intención de justificar un alzamiento que se plantea como justo, pero más que justo, necesario.

Creo, que este texto, debe marcar un antes y un después en la percepción general de la movilización social. Ya que generalmente, desde nuestra burbuja, encerrados en una posición un tanto aventajada a la de otros, tendemos a marginar y estigmatizar la acción de protesta que muchos actores sociales promulgan y llevan a cabo. Creo que esto ocurre porque desconocemos intencional o involuntariamente, las razones que empujan a estas personas a salir a manifestarse.

El libro de Zapata Olivella, muestra a la perfección las razones que fundamentan a toda la calle 10 para levantarse en contra del gobierno. El autor, hace un excelente trabajo empatizándonos con los personajes, y crea en nosotros un sentimiento de apoyo hacia las personas que luchan en esta mini guerra. Esto nos ayuda a plantear una reflexión de fondo, en cuanto a los cuestionamientos que tenemos que hacernos a nosotros como sociedad en relación con los estamentos gubernamentales. Reiterando que el relato plantea un contexto que dista 60 o 70 años al nuestro, cabe preguntarnos: ¿no sufrimos hoy año 2020, los mismos atropellos que vivió la calle 10 en los años 40? 

Esta situación de inconformidad colectiva recurrente, década tras década, presidente tras presidente, se asemeja a un bucle, fenómeno del cual se nos ha hecho imposible escapar. Las razones que no nos permiten escapar de este son muchas, e imposibles de abordar en una reseña tan corta. Sin embargo, de algo si debemos estar seguros, y es que el bucle se romperá cuando nos unamos todos, nosotros, los oprimidos.  Este es el mensaje que quiere dejar Zapata, el cual aplica sin lugar a dudas para el momento que vivimos actualmente. Una situación que precisa de la unión de todos los actores sociales, en el objetivo de repeler la opresión que desde el Estado es ejercida. 

Para culminar, me gustaría traer a colación el diálogo con el que termina el libro. Este momento en que Rengifo se disponía a romper su fusil, enterado que el ejército del gobierno estaba ya muy cerca, y disparando a todo aquel civil que portara un arma. Podríamos en esta situación identificar que Zapata Olivella no ve el fusil como el artefacto mortal con el que generalmente lo asociamos; sino en este caso, como símbolo de resistencia, tenacidad y fortaleza ante la adversidad. Así, el poeta Tamayo le dice a Rengifo: ¡Guárdalo, hermano, mañana, muy pronto, lo necesitaremos! 

Siguiendo las palabras del poeta, ante la adversidad en la que nos tiene sumidos este gobierno ilegítimo; debemos guardar indignación, debemos guardar inconformidad, debemos guardar resistencia. Porque podemos estar seguros, de que muy pronto la necesitaremos.

Estudiante de octavo semestre de Negocios Internacionales de la Universidad Santo Tomas sede Villavicencio, con énfasis en relaciones internacionales.