Han sido diferentes acontecimientos, en los últimos días, los que me han hecho recordar aquella frase de Carl Marx en su manifiesto comunista junto a Engels: “La historia de la humanidad, es una historia de lucha de clases”. A los que estamos constantemente trayendo a colación el tema de la lucha de clases, muchas veces nos tildan de resentidos, polarizadores o promotores de odio. Y esta ha sido una de las principales estrategias de la oligarquía política para desviar el debate, llevando a una concepción conflictiva a toda aquella persona que lucha por lo popular.

Una de las herramientas más importantes que tenemos frente a los escabrosos acontecimientos que vive a diario nuestro país, es la crítica. La crítica como símbolo de oposición, la crítica como símbolo de resistencia popular. Y para las personas que odian y censuran la crítica, cegados por una visión fanática de lo que creen ellos es bienestar, deberíamos preguntarles, ¿No hay derecho a la crítica, en un país el cual cuenta con una cifra de desplazados internos, más grande que toda la población de Costa Rica?, ¿no hay derecho a la crítica, en un país en el cual la corrupción roba más de 50 billones de pesos al año?, ¿no hay derecho a la crítica, es un país el cual cuenta con uno de los índices de desigualdad económica, más altos de todo el mundo? ¿no hay derecho a la crítica, en un país cuyos mandatarios quieren llevar de nuevo a la guerra, ostentando ya, el récord de uno de los conflictos internos más largos del mundo?

La crítica en Colombia, está más que legitimada, gracias a todos aquellos gobernantes inescrupulosos que han pasado una y otra vez por la presidencia, compitiendo por cuál de todos ellos podría ser el peor. Estamos nosotros ante el derecho, y el deber, de exigir condiciones justas, condiciones que brinden garantías de una vida digna a toda la comunidad. El tema importante aquí no cruza lo ideológico totalmente, el tema aquí es algo más pragmático, es una relación visible, que es directa entre opresor-oprimido. Es el hecho de que en Colombia existe una narco-paraco-oligarquía gobernante, la cual sigue oprimiendo al pueblo, mientras ellos se enriquecen aún más. Se preguntarán, ¿es enserio?, ¿narco-paraco-oligarquía? Los hechos están más que comprobados, los nexos del señor Uribe, promotor de las Convivir y aliado del cartel de Medellín, la reciente Ñeñe política, y ahora el hermano narcotraficante de la vicepresidenta. Me pregunto yo, ¿Con qué derecho moral, son capaces estos pseudogobernantes, de referirse a Venezuela como un “narco-gobierno” ?, acaso ¿no somos lo mismo aquí? ¿no ha permeado el narcotráfico toda la estructura estatal colombiana?

Está claro que sí, y el gobierno ante su intransigencia sociópata, ha intentado por todos los medios, defender lo que ya desde hace mucho tiempo es indefendible. Utilizando siempre como su mayor arma, el pseudoperiodismo colombiano que parece más bien la sala de comunicaciones de la presidencia. Y hay que destacar ciertos personajes relevantes en aquella lucha acérrima de defensa del gobierno, pero sobre todo del Uribismo; una de ellas es Vicky Dávila. Con sus dos últimas columnas “El plan contra Uribe” y “Vice, siga adelante”, dejó totalmente clara su posición cercana al uribismo, en unas columnas de opinión que se mostraron anti-periodísticas y ramplonas, en un afán increíble por defender al senador Uribe y a la vicepresidenta.

Preocupa sobre todo ver, que todos estos periodistas cercanos al gobierno son los más influyentes en los medios masivos que las personas utilizan. Carlos Antonio Vélez, su hijo, Luis Carlos Vélez, Salud Hernández, y Vicky Dávila, son los principales sujetos periodísticos a disposición del establecimiento. Las revistas y medios de comunicación más importantes, son empresas de grandes oligarcas colombianos, los cuales suelen ser financiadores de muchos gobernantes. Esto quita todo tinte de imparcialidad y objetividad al periodismo, y lo vuelve una sala de redacción de la casa presidencial donde la crítica no tiene lugar. Ante esta situación, es necesario seguir otro tipo de periodismo, periodismo libre y alternativo que no esté al servicio del gobierno. Es el caso de periodistas como Gonzalo Guillen, Daniel Mendoza, y Julián Martínez, entre otros. Periodistas que ejercen enserio su profesión. Son periodistas que han sido, y siguen siendo amenazados por divulgar información que va en contra de los intereses del gobierno. Han sido objeto de perfilamientos y seguimientos ilegales los cuales pretenden disuadirlos de continuar con su ejercicio.

No es exagerado, ni se incurre en ciego fanatismo cuando se afirma que vivimos una lucha de clases en nuestro país. Es una lucha entre opresores con todos los recursos, personificados en grandes empresarios, grandes terratenientes, gobernantes y políticos influyentes; en contra de los oprimidos, los cuales han sido enajenados de todo recurso, y que se ven personificados en, campesinos, trabajadores, indígenas y afrodescendientes. Es menester que nosotros los personificados oprimidos, nos unamos en sincronía social, en contra del enemigo en común que tenemos. Y no, no crea que esto es populismo, aquí no estamos diciendo nada que no sea real. El problema es que la oligarquía sí tiene muy claro quién es su enemigo, y lo ha atacado sin piedad históricamente. Es la respuesta a tantas muertes de líderes sociales, y la respuesta, a los recientes ataques perpetrados por la fuerza pública, a favor del establecimiento, en contra de los campesinos. La lucha de clases, se libra en todos los frentes, y no estamos dispuestos a desfallecer, no nos van a poder acallar, seguiremos quejándonos, seguiremos criticando, seguiremos denunciando y seguiremos manifestándonos en las calles, en contra de un gobierno sociópata, que no nos representa.

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, mas no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Estudiante de octavo semestre de Negocios Internacionales de la Universidad Santo Tomas sede Villavicencio, con énfasis en relaciones internacionales.