Villavicencio tiene menos de 34 kilómetros de infraestructura para la bicicleta repartidos en 20 segmentos muchas veces desconectados y que comparados con los más de 1.121 kilómetros de malla vial vehicular, representan menos del 3%. Esto a pesar de que, según el Plan Maestro de Movilidad del 2013, los ciclistas representamos el 5.3% de los viajes diarios que se hacen en la ciudad.

Esta administración expresó en su Plan de Desarrollo el compromiso de construir infraestructura para la bicicleta y conectar los segmentos aislados a través de señalización y demarcación para brindar seguridad a los usuarios de la movilidad activa, porque reconoce los beneficios en el medio ambiente, la salud y la economía, para las ciudades que la promueven.

Uno de los sectores más transitados por los ciclistas en nuestra ciudad es la Avenida Catama, una vía usada por el transporte de carga que a diario atraviesa Villavicencio, que en los últimos 10 años ha sido escenario de muerte para los ciclistas y que debería ser una prioridad no solo para el gobierno, sino que debería estar en la agenda de incidencia de los colectivos ciudadanos y de la sociedad que aprecia la vida.

Pero basta con pensar en que el espacio para la bicicleta en la avenida Catama sea segregado, como se hizo hace cuatro años en la avenida Circunvalar, para que sea inevitable pensar en las críticas, la presión de gremios y la expresión de desacuerdos por lo que muchos ven cómo “quitarle espacio a los carros” cuando son los vehículos los que le quitan espacio a la sostenibilidad y al cuidado de la vida.

Hace 8 años que promuevo la movilidad activa porque considero que es una opción viable y muy necesaria en nuestras ciudades; porque cada bici es un auto menos en una ciudad que ya registra más de 120.000 motores contaminantes; porque el espacio público nos pertenece a todos y no solo a los que pagan impuesto vehicular, que no es un pago por la ocupación que hacen de él sino por la propiedad de los vehículos gravados. Recordemos también que la pandemia nos deja una lección importante que Inger Andersen, Directora Ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha expresado con claridad: “La humanidad tiene que reinventar su relación con la naturaleza».

Pongo a disposición mi empeño y conocimiento para aclarar las dudas de quienes se oponen a este tipo de iniciativas, creo firmemente en el poder de la conversación, siento que es necesario hablar de lo que nos puede hacer bien como sociedad y que estemos informados, seamos objetivos y con los datos de uso, las cifras de decesos de ciclistas y las ventajas de la movilidad sostenible podamos tomar una posición y vencer el miedo al cambio. También le pido a todos los que nos movemos en bicicleta que propiciemos espacios de concertación para que cada nueva obra que beneficie a los usuarios de la bicicleta, se convierta en una oportunidad para la formación de veedurías y mesas de trabajo que nos permitan puntos de encuentro de las ciudadanías activas y no en una excusa más para desahogar nuestras frustraciones personales en redes sociales sin sustento.

Con esta invitación a favorecer la construcción de espacios para los ciclistas, pido también a ellos un mejor comportamiento y respeto por las normas y por la prelación que debemos brindarles a los peatones. Mientras escribo esta opinión -y anticipándome a la reacción de algunos conductores y gremios- recuerdo una frase de Clay Shirley a quienes desde la comodidad de sus carros nos pitan y nos reclaman por ir frenando el cambio climático y pidiendo espacios para los ciclistas: “Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad se siente como opresión”.

Miembro de la Coordinación Nacional de La Ciudad Verde, hace parte de la Mesa Nacional Ciudadana de Calidad del Aire. Fue co-fundadora del colectivo Bicinavegantes y organizadora del Foro Mundial de la Bicicleta. Promueve #CiudadesParaTodos