Ernesto Sábato, escritor argentino autor de novelas como El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974) en sus últimos años de vida, después de haber sido presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), y de calificar las últimas décadas como “sombrías”, a través de uno de sus libros: “La Resistencia” invita a la humanidad, especialmente a la que está construyendo procesos de cambio y en determinados momentos se sienten desfallecer, a que resistan:

Cada hora del hombre es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre una sola vez, irremplazable para siempre. Aquí reside la tensión de la vida, su grandeza, la posibilidad de que la inasible fugacidad del tiempo se colme de instantes absolutos, de modo que, al mirar hacia atrás, el largo trayecto se nos aparece como el desgranarse de días sagrados, inscriptos en tiempos o en épocas diferentes.

Detener la vida, su inefable transcurrir, no sólo es imposible sino que, de hacerlo, caeríamos en la más negra de las depresiones; los días nos pasarían carentes de toda trascendencia, nos sobrarían y podríamos desperdiciarlos banalmente ya que nada esencial se jugaría en ellos. La vida del hombre se reduciría a la felicidad que pudiera acuñar, como si la más grande de las existencias fuese la que mejor se asemejase a un viaje de placer en un barco de lujo.

Creo que lo esencial de la vida es la fidelidad a lo que uno cree su destino, que se revela en esos momentos decisivos, esos cruces de caminos que son difíciles de soportar pero que nos abren a las grandes opciones. Son momentos muy graves porque la elección nos sobrepasa, uno no ve hacia adelante ni hacia atrás, como si nos cubriese una niebla en la hora crucial, o como si uno tuviera que elegir la carta decisiva de la existencia con los ojos cerrados.

Algo de esto nos pasa hoy, cuando millones de personas comprendemos la urgencia que nos reclama, y no atinamos a divisar la luz que nos oriente. Unidos en la entrega a los demás y en el deseo absoluto de un mundo más humano, resistamos. Esto bastará para esperar lo que la vida nos depare.

A través de cinco cartas y un epílogo, Ernesto Sábato reflexiona sobre el capitalismo, la globalización que conecta al mundo pero que ha acrecentado los problemas de comunicación, el cambio climático y las afectaciones irreversibles al planeta y cómo a pesar de todo ello a través de la resistencia se pueden buscar formas de salir de la crisis humanitaria en la que considera que todas y todos estamos. Vale la pena leerlo.